El gobierno de Brasil presentó el lunes medidas hidroeléctricas de emergencia en respuesta a una sequía que ha vaciado los embalses y avivado las expectativas de inflación.

El ministro de Minas y Energía, Bento Albuquerque, instó en un discurso a los consumidores a ser conscientes de su uso de la energía y el agua, pero no anunció un racionamiento de energía. Dijo que el gobierno estaba trabajando en un programa voluntario para incentivar a las empresas a utilizar la energía fuera de las horas punta.

La noticia llega después de que el presidente Jair Bolsonaro firmara una orden ejecutiva temporal que establece un órgano de emergencia, conocido como la Cámara de Normas Excepcionales para la Gestión de la Hidroenergía, que puede establecer temporalmente límites que “pueden resultar en una reducción del flujo de las plantas hidroeléctricas”. La orden también allana el camino para que el gobierno compre reservas de electricidad a empresas privadas.

Brasil -el país más grande de América Latina, con el segundo mayor número de víctimas mortales del mundo- se enfrenta a su peor sequía en más de 90 años, lo que hace temer un racionamiento de energía y hace temer por la inflación. La falta de lluvia también supone un dolor de cabeza para el gigantesco sector agrícola del país.

Albuquerque ha descartado previamente el racionamiento, pero dijo que los consumidores deberían esperar pagar más por su electricidad, ya que los productores de energía se ven obligados a cambiar a fuentes más caras.

El viernes, la Agencia Nacional de Energía Eléctrica (Aneel) recomendó medidas para controlar el uso de la energía y combatir el despilfarro, pidiendo a los consumidores que tomen duchas más cortas y reduzcan el uso del aire acondicionado, entre otras medidas.

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