El Mundial de Fútbol 2026 llevará al límite el contacto entre deporte y política exterior, al contar con la participación de Irán en el torneo disputado parcialmente en Estados Unidos, dos países que están en guerra, pero competirán en la Copa del Mundo.

Aunque los fanáticos de la geopolítica siempre encuentran relaciones cruzadas en los encuentros que surgen de los eventos deportivos internacionales, este caso es especialmente sensible, ya que los bombardeos de Estados Unidos e Israel sobre Irán causaron miles de muertos en el país persa, y la amenaza de que se reanuden pende sobre Medio Oriente.
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En este contexto, se especuló que la selección de Irán podría no participar del torneo, que se disputará en México, Estados Unidos y Canadá. Aunque las autoridades del régimen teocrático agitaron esta posibilidad en principio e incluso se reportó que enviados de Donald Trump buscaron convencer a la FIFA de bloquear la llegada del país persa, todo parece encaminado a que el seleccionado asiático participe de la Copa del Mundo 2026.
El cronograma de partidos planteaba un problema en sí mismo, ya que está previsto que Irán juegue sus tres partidos del grupo G, que comparte con Egipto, Nueva Zelanda y Bélgica, en Estados Unidos. Sus primeros dos encuentros -el 16 de junio ante Nueva Zelanda y el 22 de junio ante Bélgica- se realizarán en el SoFi Stadium de Los Ángeles, mientras que el cierre del grupo, el 27 de junio ante Egipto, tendrá como sede el Lumen Field de Seattle.

Por la siempre difusa línea entre deporte y política, la llegada de la delegación iraní fue tratada como un problema de seguridad nacional por la administración Trump en Estados Unidos, que amenazó con no entregar visas a los jugadores. Para poder participar del torneo, se solicitó a México que alojara al combinado en Tijuana, ciudad cercana a la frontera norteamericana. El gobierno de Claudia Sheinbaum aceptó la propuesta, por lo que esta solución finalmente se aplicará para que pueda desarrollarse el torneo.
El seleccionado recibió una despedida popular masiva en Teherán, una de las ciudades más afectadas por los bombardeos norteamericanos e israelíes. “Esta es la mejor ceremonia de despedida en las últimas cuatro Copas del Mundo, los jugadores se paran junto al pueblo, y el pueblo se para junto a la dignidad, honor y poder del país”, aseguró Mehdi Taj, la cabeza de la Federación de Fútbol Iraní ante la cadena televisiva estatal IRIB.
De todas maneras, Estados Unidos todavía no emitió las visas que garantizan la libre entrada de los jugadores al país que está en guerra con el suyo. “La FIFA ha dado garantías y esperamos que cumplan y que los jugadores van a recibir sus visas a tiempo”, fue la postura oficial de la federación local en la voz de Heydat Mombini, su secretario general, en declaraciones a la prensa durante la ceremonia de despedida.

El equipo nacional, integrado por algunos jugadores con participación en otras ligas asiáticas e incluso europeas, contiene distintas opiniones sobre el régimen teocrático, como ocurre en la sociedad que representa. Una de las figuras del fútbol persa e incluso asiático, Sardar Azmoun, fue marginado de la selección por sus comentarios críticos, sobre todo ante las protestas de 2022 que siguieron al asesinato de la militante feminista Mahsa Amini, cuando dijo que sacrificaría su lugar en el combinado “por un pelo de las mujeres iraníes”. Es una incógnita como la diáspora iraní en Estados Unidos, especialmente numerosa en Los Ángeles, recibirá a los jugadores que compiten bajo la bandera de la República Islámica de la que muchos escaparon.
Desde lo deportivo, el seleccionado iraní, tres veces ganador de la Copa de Asia, llega con amplias credenciales regionales, que no ha logrado traspasar a la escena global. Aunque se convirtió en un participante estable del torneo, clasificando a las últimas cuatro ediciones de la Copa del Mundo, nunca ha podido traspasar la fase de grupos. De lograrlo en este contexto de guerra, que ha llevado al equipo a entrenarse solo con partidos ante equipos locales, sería una verdadera hazaña deportiva, la cual sería teñida seguramente por nuevos conflictos provenientes de su permanencia prolongada en el continente norteamericano.
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