Las Fuerzas Armadas de Rusia expanden a más de 700.000 efectivos desplegados y devuelven la guerra de masas a Europa tras tres décadas en las que el continente apostó por estructuras militares reducidas y de alta disponibilidad. Este crecimiento representa una transformación radical del modelo de defensa del Kremlin que ha pasado de un ejército pequeño y profesional a una fuerza gigantesca dependiente de la movilización constante para sostener sus operaciones en Ucrania.

El éxito de Moscú en la creación de una línea de reclutamiento estable ha permitido que la fuerza terrestre actual sea varias veces superior a la que inició la invasión en el año 2022. Aunque la movilización parcial de 300.000 reservistas fue fundamental para estabilizar las líneas defensivas en un momento crítico, la mayor parte de este crecimiento proviene de la contratación de cerca de 1,3 millones de soldados voluntarios. Esta capacidad de regenerar tropas ha permitido al mando ruso mantenerse a la ofensiva de forma prolongada a pesar de haber sufrido pérdidas humanas masivas que se aproximan a los 500.000 hombres entre muertos y heridos.
Sin embargo, el despliegue de esta cantidad inusual de personal se enfrenta a la denominada paradoja de la masa, donde el aumento de soldados no se traduce en avances territoriales decisivos. La innovación tecnológica de Ucrania mediante el uso masivo de drones y sistemas de precisión ha neutralizado la ventaja numérica tradicional, obligando a los soldados rusos a dispersarse en grupos de asalto extremadamente pequeños de apenas ocho efectivos. Esta adaptación forzada por la vigilancia constante del campo de batalla impide que Rusia pueda concentrar sus fuerzas para lograr rupturas significativas en el frente.

Hacia el inicio de 2026, la expansión de las tropas parece haber alcanzado un punto de estancamiento debido a que el volumen de bajas mensuales iguala ahora el ritmo de reclutamiento de 35.000 nuevos efectivos. Esta meseta de 700.000 soldados desplegados apenas permite reponer las pérdidas actuales y sugiere que el modelo de crecimiento basado en voluntarios está llegando a su límite fiscal y operativo. Al mismo tiempo, este retorno a la guerra de masas obliga a la OTAN a replantear su estrategia ante la presencia permanente de un ejército ruso mucho más grande y experimentado en sus fronteras orientales.
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