Estados Unidos e Irán trasladaron nuevamente el centro de su enfrentamiento al estrecho de Ormuz. Después de varias jornadas de ataques contra embarcaciones comerciales, instalaciones navales y posiciones militares, Washington anunció la reactivación de un bloqueo marítimo sobre Irán, mientras Teherán volvió a afirmar que controla el paso y que puede impedir la navegación de buques que no respeten sus instrucciones.

La disputa no significa que alguno de los dos países haya conseguido un dominio completo y permanente del estrecho. Sin embargo, ambos buscan ejercer un control operativo de hecho: decidir qué embarcaciones pueden navegar, por qué corredores, bajo qué condiciones y con la protección de quién. El resultado es una confrontación naval que combina ataques aéreos, misiles costeros, drones, amenazas contra petroleros, bloqueos e intentos de escoltar el tránsito comercial.
La nueva escalada comenzó después de que Irán anunciara nuevamente el cierre del estrecho y atacara embarcaciones que, según Teherán, circulaban por rutas no autorizadas. El presidente estadounidense, Donald Trump, respondió ordenando restablecer el bloqueo contra la navegación vinculada con Irán y aseguró que Estados Unidos garantizaría la apertura de Ormuz para el comercio internacional.
Según un aviso distribuido por el Centro Conjunto de Información Marítima, la medida estadounidense abarca todos los puertos, terminales petroleras y zonas costeras de Irán. Los buques que intenten entrar o salir de esas áreas sin autorización podrían ser interceptados, desviados o capturados, independientemente de la bandera que lleven. La aplicación del bloqueo estaba prevista desde las 20 GMT del 14 de julio.
La distinción es central: Washington no anunció el cierre general de Ormuz, sino un dispositivo destinado a aislar el comercio marítimo iraní mientras intenta preservar las rutas hacia Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita, Kuwait, Irak y Qatar. El problema es que toda esa circulación comparte un espacio reducido, próximo a las costas iraníes y expuesto a misiles, drones, minas y pequeñas embarcaciones militares.

Trump agregó un elemento todavía más controvertido al proponer un cargo equivalente al 20% del valor de las cargas que atraviesen el estrecho como compensación por la protección estadounidense. La iniciativa plantea una contradicción: mientras Washington rechaza que Irán imponga condiciones económicas sobre una ruta internacional, propone ahora su propio sistema de cobro.
Para Teherán, la estrategia consiste en demostrar que Estados Unidos no puede garantizar una navegación normal sin asumir costos militares, políticos y económicos crecientes. Irán no necesita detener todos los buques que atraviesan Ormuz. Le alcanza con mantener una amenaza creíble, atacar selectivamente, provocar retrasos y elevar los riesgos para que compañías, aseguradoras y tripulaciones reduzcan voluntariamente sus operaciones.
Esa presión ya está produciendo efectos concretos. El tránsito de petroleros por el estrecho cayó a su menor nivel en dos meses, mientras el precio del crudo Brent se movió en torno a los 85 y 90 dólares por barril ante el temor de nuevas interrupciones. El paso concentra aproximadamente una quinta parte del suministro mundial diario de petróleo y gas natural licuado, por lo que cualquier alteración repercute rápidamente sobre los mercados energéticos.
Te puede interesar: EE.UU. usó por primera vez drones navales para atacar una base iraní en Bandar Abbas












