En el siglo XXI, la competencia entre las potencias globales ya no se limita únicamente al control del petróleo, las rutas marítimas o los territorios estratégicos. En los últimos años, la transición energética, la digitalización, el desarrollo tecnológico y la carrera por la inteligencia artificial transformaron a los minerales críticos en uno de los recursos más disputados del sistema internacional. Según el Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe, el litio, cobre, níquel, cobalto y tierras raras dejaron de ser simples materias primas para convertirse en activos estratégicos capaces de definir liderazgo económico, autonomía tecnológica y poder geopolítico.

En este contexto, se libra lo que muchos analistas consideran una “guerra silenciosa” entre Estados Unidos, China, y otras potencias, caracterizada por la reorganización de alianzas, cadenas de suministro e inversiones destinadas a garantizar el acceso seguro a recursos considerados estratégicos. En esta disputa global, América Latina, África y Oceanía adquirieron un rol protagónico al concentrar gran parte de las reservas de minerales críticos del planeta.
¿Por qué los minerales críticos se volvieron tan importantes?
La expansión de los vehículos eléctricos, el desarrollo de energías renovables, la fabricación de semiconductores y el avance de la inteligencia artificial incrementaron de manera acelerada la demanda de recursos como el litio, el cobre, el níquel, el cobalto y las tierras raras, dado que estos minerales resultan esenciales para su fabricación. En otras palabras, gran parte de la economía del siglo XXI depende del acceso estable a estos recursos.
La relevancia geopolítica de esta cuestión también radica en que las cadenas de suministro globales se encuentran altamente concentradas. China, por ejemplo, controla cerca del 90% de las etapas posteriores de la cadena de valor, incluyendo refinación, procesamiento de óxidos y fabricación de imanes. Esta situación generó preocupación en Estados Unidos y otras potencias occidentales, que comenzaron a considerar esta dependencia como un riesgo estratégico.
Por ese motivo, el Quad, integrado por Estados Unidos, India, Japón y Australia, impulsó iniciativas destinadas a movilizar hasta 20.000 millones de dólares para desarrollar cadenas de suministro seguras y alternativas. Con esta iniciativa, buscan reducir la vulnerabilidad frente al dominio chino sobre recursos considerados esenciales para el futuro tecnológico y energético global.

América Latina ocupa un lugar central dentro de esta competencia global. El denominado “Triángulo del Litio”, conformado por los salares andinos de Argentina, Bolivia y Chile, concentra el 58% de los recursos litíferos del mundo, esencial para la producción de baterías utilizadas en vehículos eléctricos y sistemas de almacenamiento energético. Chile es el mayor productor de cobre del mundo con el 30% del total de producción, y Perú el tercero con el 11% del total mundial. Brasil tiene la segunda mayor reserva de tierras raras del planeta, con más de 20 millones de toneladas.
Las inversiones extranjeras, los acuerdos de exploración y los proyectos de infraestructura vinculados a la extracción minera comenzaron a multiplicarse en distintos puntos de la región, consolidando a América Latina como un actor cada vez más relevante dentro de la disputa global por minerales críticos.
China logró posicionarse con ventaja en la región mediante su programa “Made in China 2025”, a través del cual identificaron las energías renovables y los vehículos eléctricos como industrias clave. Su estrategia no solo abarca la extracción de recursos, sino también el financiamiento de proyectos, el desarrollo de infraestructura y la participación en etapas de procesamiento industrial. Frente a este escenario, Estados Unidos declaró emergencia nacional energética en enero del 2025 y reforzó su estrategia mediante subsidios, incentivos industriales y acuerdos bilaterales con países considerados socios estratégicos, en un intento por reducir la dependencia respecto al dominio chino sobre las cadenas de suministro críticas. Dentro de esta lógica, utilizaron la estrategia de friendshoring orientada a reubicar operaciones y asegurar recursos en países políticamente aliados, como Argentina. Pero, el Council on Foreign Relations advierte que Estados Unidos enfrenta un desafío estratégico de largo plazo, dado que consolidar una cadena de suministro autosuficiente de minerales críticos requeriría décadas de desarrollo.

Sin embargo, el creciente valor estratégico de estos recursos también abrió debates sobre el rol que ocupará la región dentro de esta nueva configuración internacional. Mientras algunos gobiernos presentan a la explotación minera como una oportunidad para atraer inversiones, generar empleo y aumentar exportaciones, distintos sectores advierten sobre el riesgo de profundizar modelos extractivistas basados principalmente en la exportación de materias primas sin desarrollo industrial o tecnológico local. Por esta razón, muchos analistas establecen que para que América Latina pueda posicionarse como un actor relevante dentro de esta transformación tecnológica, será necesario avanzar en estrategias coordinadas que permitan diversificar socios, fortalecer la capacidad institucional y de negociación.
A esto se suman las consecuencias sociales y ambientales asociadas al avance de estos proyectos. Diversas comunidades locales y organizaciones ambientales alertaron sobre el impacto de la actividad minera en ecosistemas terrestres, de agua dulce y oceánicos sensibles. Por ejemplo, ya se registran múltiples casos de intoxicación por mercurio en diversas comunidades, así como numerosas muertes de activistas ambientales vinculadas al avance de proyectos extractivos.
En este contexto, la disputa por los minerales críticos representa mucho más que una competencia económica: se trata de una carrera por el control de las tecnologías, las cadenas de suministro y el poder estratégico del siglo XXI. Uno de los principales desafíos para América Latina será definir si su participación en esta “guerra silenciosa” por los minerales críticos quedará limitada al rol histórico de exportador de materias primas o si logrará transformar esa ventaja estratégica en capacidades industriales, tecnológicas y económicas a largo plazo.
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