Una columna publicada por el diario británico The Guardian sostuvo que las Islas Malvinas no podrán permanecer indefinidamente bajo control del Reino Unido y que, tarde o temprano, un gobierno de Londres deberá reunir el “coraje” necesario para retomar las negociaciones con la Argentina.

El artículo fue escrito por el columnista Simon Jenkins después de la victoria argentina sobre Inglaterra y de la exhibición de la bandera con la inscripción “Las Malvinas son argentinas”. Aunque no respalda directamente esa consigna, Jenkins afirma que el actual statu quo resulta insostenible y utiliza el reciente acuerdo británico-español sobre Gibraltar como ejemplo de que las disputas territoriales pueden abordarse mediante negociaciones.
Si bien la publicación no altera la línea oficial del medio ni la posición del gobierno británico. Su importancia radica en que cuestiona uno de los pilares del discurso sostenido por Londres desde la guerra de 1982: que el debate sobre la soberanía se encuentra definitivamente cerrado.
Las negociaciones que Londres mantuvo antes de la guerra
Jenkins recuerda que, antes del conflicto, gobiernos británicos de distinto signo habían considerado fórmulas para transferir la soberanía a la Argentina sin modificar inmediatamente la administración ni el modo de vida de los habitantes. El acercamiento había comenzado con el Acuerdo de Comunicaciones de 1971, que permitió mejorar los vuelos, el comercio, la atención sanitaria y los vínculos entre las islas y el territorio continental.
La existencia de esas conversaciones está documentada por el propio Parlamento británico. En diciembre de 1980, el entonces ministro Nicolás Ridley informó que se analizaba intercambiar el título de soberanía por un arrendamiento prolongado que mantuviera la administración británica. Un documento posterior de la Cámara de los Lores reconoce que el Gobierno de Margaret Thatcher estaba dispuesto a discutir la soberanía con Buenos Aires.

El columnista condena la guerra de 1982 y sostiene que destruyó un proceso diplomático que todavía podía alcanzar algún tipo de acuerdo. Sin embargo, también cuestiona que la posición británica haya sido utilizada para congelar durante más de cuatro décadas cualquier discusión posterior sobre la soberanía.
El referéndum de 2013 no debería cerrar la disputa
El Reino Unido utiliza como principal argumento el referéndum organizado en las islas en 2013, cuando 1.513 personas votaron por mantener el estatus de territorio británico de ultramar y solo tres se pronunciaron en contra. Jenkins reconoce el resultado, pero rechaza que una consulta organizada por la propia administración isleña pueda resolver definitivamente una disputa internacional de soberanía.

Su planteo coincide en un punto central con la posición de Naciones Unidas: la cuestión Malvinas continúa siendo considerada una disputa de soberanía entre la Argentina y el Reino Unido. El Comité Especial de Descolonización volvió a pedir en junio de 2026 que ambos gobiernos reanuden las negociaciones bilaterales, aunque Londres mantiene su negativa.
La columna no anticipa un giro inmediato de la política británica. El Gobierno de Keir Starmer reafirmó su posición después del partido y pidió que la FIFA investigue a los jugadores argentinos por la bandera. Pero sí muestra una fisura dentro del debate público: mientras Londres presenta el statu quo como permanente, una voz destacada de la prensa británica sostiene que mantener un territorio militarizado a miles de kilómetros resulta política y económicamente insostenible.
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