El triunfo de Argentina sobre Inglaterra por 2-1 no terminó con el pitazo final en Atlanta. Mientras la Selección celebraba la clasificación a la final del Mundial, varios jugadores desplegaron una bandera con la consigna “Las Malvinas son Argentinas”, un gesto que trasladó inmediatamente la rivalidad del terreno deportivo al político y provocó una fuerte reacción en el Reino Unido.

La bandera, que habría llegado desde la tribuna, fue sostenida por futbolistas como Lisandro Martínez y Giovani Lo Celso durante los festejos. La imagen recorrió rápidamente los principales medios y referentes políticos británicos.
La respuesta más contundente llegó desde Downing Street. Una portavoz del primer ministro Keir Starmer afirmó que “el Mundial puede no ser nuestro, pero las Islas Malvinas definitivamente sí”, reiteró que la posición británica no había cambiado y sostuvo que Londres mantendrá su compromiso con los habitantes de las islas. Starmer también respaldó el pedido para que FIFA investigue lo sucedido.
El secretario británico de Negocios, Peter Kyle, calificó el comportamiento de los jugadores argentinos como “completamente inapropiado” y consideró que se trató de una violación evidente del principio que busca mantener separadas la política y el fútbol. Además, contrapuso la conducta argentina con lo que describió como la “dignidad” mostrada por la selección inglesa después de la eliminación.
También intervinieron figuras vinculadas con la defensa británica. El almirante Lord West, exjefe de la Real Armada Británica, describió el episodio como una conducta “infantil” que debería ser ignorada, aunque pidió que FIFA adopte medidas disciplinarias. Tobias Ellwood, exoficial del Ejército y antiguo funcionario de Defensa, calificó la bandera como una provocación destinada a procesar la derrota argentina de 1982. El exministro de Seguridad Tom Tugendhat, también exmilitar, lanzó críticas todavía más duras contra el Estado argentino.

La prensa inglesa combinó el dolor deportivo con una fuerte condena a los festejos. The Times convirtió la bandera en una disputa diplomática y destacó la posibilidad de una sanción. The Guardian puso el foco en la exigencia de Starmer para que FIFA investigue. The Telegraph, en cambio, adoptó un registro más agresivo: acusó a los argentinos de recurrir a “trucos sucios” durante el encuentro y describió a parte del plantel como jugadores incapaces de celebrar con grandeza.
Los tabloides acompañaron esa lectura con un tono todavía más duro. The Sun sostuvo que Inglaterra había mantenido una conducta más digna incluso en la derrota y presentó la celebración argentina como una provocación innecesaria.
Desde Argentina, la imagen fue reivindicada por la vicepresidenta Victoria Villarruel, quien recordó que las referencias a Malvinas habían sido prohibidas dentro del estadio y afirmó que los argentinos llevan a las islas “en la sangre y en el corazón”. Leandro Paredes también respaldó el mensaje después del encuentro y sostuvo que las Malvinas seguirán siendo argentinas.
La reacción británica terminó por confirmar que el Argentina-Inglaterra nunca quedó limitado al fútbol. La remontada llevó a la Selección a la final contra España, pero la bandera abrió otro partido: Downing Street reafirmó su posición, dirigentes británicos reclamaron sanciones y exjefes militares volvieron a leer el encuentro bajo la memoria de 1982.
Más de cuatro décadas después de la guerra, una bandera desplegada sobre una cancha volvió a colocar a Malvinas en el centro de la relación bilateral. Argentina ganó la semifinal; el Reino Unido respondió llevando la celebración ante FIFA y transformándola en una nueva controversia diplomática.
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