10 años para salvar los mares a través de la ciencia y la investigación. La ONU declaró recientemente que nos estamos acercando a uno de los momentos decisivos en la historia del océano. La necesidad de tomar acción y de revertir el actual curso se hace cada vez más evidente al tener en cuenta el estado de decaimiento en el cual se pueden encontrar tanto la vida marina como la composición química del agua actualmente. En este contexto, las Naciones Unidas ha lanzado un nuevo programa que busca usar una de las últimas oportunidades que nos quedan de reducir la huella humana sobre lo que constituye tres cuartos de total territorio del planeta, el océano. El programa resalta dos de los principales causantes de la destrucción de los ecosistemas del océano. Pero, ¿Cuál es el verdadero efecto de estos sobre el océano y como esto nos afecta a nosotros? 

Hace poco más de un mes las Naciones Unidas lanzaron el Decenio de las Ciencias Oceánicas para el Desarrollo Sostenible, en el cual se delineaba el estado crítico en el cual se encuentran actualmente los océanos. Entre los puntos principales, el Secretario General Guterres resaltó lo siguiente:

Para 2050, puede haber más plástico que peces en el mar. Y todos los arrecifes de coral tropicales del mundo podrían estar muertos a finales de siglo si no actuamos ahora. La protección y la gestión sostenible de los océanos es fundamental para la alimentación, los medios de vida y la mitigación de la alteración del clima y los desastres relacionados” (UN Staff, 2021).

La desmedida explotación de la vida silvestre y el descontrolado desecho de plásticos son dos de los factores que más han aportado al proceso de decaimiento que están atravesando los océanos hoy en día. 

En lo que respecta a la pesca, desde al menos la década del 90 se ha logrado visibilizar un decaimiento en las poblaciones marítimas como resultado de esta actividad (Pauly et al., 2002). Lo cual se ha visto reflejado en la caída de las capturas pesqueras globales (Pauly and Zeller, 2016). Sin embargo, el problema de la explotación no-sostenible de los mares no es algo nuevo para la humanidad. Las primeras crisis pesqueras comenzaron en 1880 con el despliegue británico de su nueva flota pesquera impulsada por vapor alrededor de las Islas Británicas. Esto llevó a un rápido agotamiento de los recursos costeros rodeando las islas, forzando a las embarcaciones pesqueras a adentrarse cada vez más al Mar del Norte y posteriormente al Atlántico del Norte (Roberts, 2007).

Sin embargo, este proceso no es único para el caso británico. La existencia de procesos similares de sobre-explotación de las costas de todos los países industrializados europeos llevó a del Consejo Internacional de Exploración del Mar en 1902 para poder explorar las causas del declive de los recursos en aguas europeas. La explotación desmedida de los recursos pesqueros en determinadas zonas geográficas (especialmente en el Pacífico en las áreas del Trópico y el Subtrópico Sur) generó un desplazamiento de flotas pesqueras hacia las costas de los países menos desarrollados (Palomares, M.L.D., et al., 2020). Lo cual llevó a que estos nuevos caladeros comiencen a atravesar un proceso similar al visto en los Océanos Pacífico, índico y Atlántico (Norte).

Cambios relativos en la biomasa (calculada por el peso mojado de los peces) de las poblaciones analizadas a lo largo del tiempo, expresados como porcentaje de la biomasa promedio al inicio de la serie temporal (1950-1954), agrupados por zona climática y cuenca oceánica. Fuente: Palomares, M.L.D., et al, 2020.

Lamentablemente, esta es una problemática que en el Cono Sur tenemos muy presente dado a las constantes violaciones a la soberanía sobre la Z.E.E. (Zona Económica Exclusiva) por parte de embarcaciones de bandera extranjera que buscan explotar las poblaciones marítimas. La situación ha llegado a tal nivel que, recientemente, se consideró necesario el despliegue de un buque clase Legend de la Guardia Costera de los Estados Unidos (el USCGC Stone) para salvaguardar la vulnerada soberanía de las aguas América del Sur mediante un patrullaje conjunto con los países de la región (MP Staff. 2021).

La creciente demanda de recursos pesqueros y la expansión de la actividad pesquera están trayendo consecuencias sobre los ecosistemas marítimos a lo largo y ancho del planeta. Sin embargo, este no es el único problema que azotan a nuestros mares. El sustancial incremento en la cantidad de residuos plásticos arrojados al océano es un elemento que aporta al debilitamiento de los ecosistemas marítimos.

Se calcula que anualmente se producen alrededor de 300 millones de toneladas de plástico, de las cuales 8 millones terminan en los océanos. Estos residuos constituyen hasta un 80% de todos los desechos marinos desde las aguas superficiales hasta los sedimentos de aguas profundas. La contaminación plástica no solamente implica un riesgo de vida para distintas especies marinas sino que también conlleva un riesgo para la calidad y la seguridad de los alimentos, la salud humana y aporta al cambio climático (ya que los océanos son el medio por el cual se regula la temperatura global). (IUCN Staff, s.f.).

En lo que refiere al peligro directo hacia las especies marinas, la presencia de residuos plásticos tiene efectos muy visibles y preocupantes. La ingestión, sofocamiento, entrelazamiento, laceraciones, infecciones, capacidad reducida para nadar y lesiones internas son algunos de las consecuencias más claras. Sin embargo, existen efectos mucho más graves que tienen potencialidad para generar cambios a gran escala. Los plásticos que se encuentran en la superficie sirven como medio de transporte para propagación de bacterias y organismos marinos invasivos que pueden alteran ecosistemas completos. Por lo tanto, modificando el delicado balance presente en el funcionamiento de los mismos. 

La seguridad alimenticia también se ve afectada por la presencia de plástico en el agua. Residuos de plástico se han encontrado en el agua de grifo, cerveza, sal y está presente en todas las muestras tomadas de distintos océanos a lo largo y ancho del mundo (incluyendo el Ártico). El problema yace en la composición química de los productos plásticos. Los cuales, contienen varios químicos que son conocidos por ser cancerígenos y pueden llegar a interferir en varias de las funciones más básicas del cuerpo humano y de la vida salvaje. El traspaso de contaminantes tóxicos de los productos de mar hacia el cuerpo humano como resultado del consumo de residuos plásticos por parte de la vida silvestre marina ha sido identificado como un peligro para la salud, pero aún no se ha investigado adecuadamente.

El incremento en la cantidad de desperdicios plásticos y el aumento en la explotación de la vida marítima pueden llevar a que el ratio de plástico-pescados (por peso) en el océano pase de ser 1 en 5 –en el 2014- a 1 en 1 para el 2050 (EMF Staff, 2016). Año para el cual, se calcula que la producción de productos plásticos pasara de ser de 311 toneladas métricas (2014) a 1.124 toneladas métricas. La sumatoria entre ambas problemáticas tienen efectos que en el largo plazo podrían terminar haciendo inviable la vida en las aguas de nuestros mares.

Considerando lo mencionado anteriormente, se considera apropiado plantearse la siguiente pregunta ¿Qué medidas se han tomado en el plano internacional para mitigar los efectos de la falta de cuidad humano sobre los ecosistemas marítimos?

En el 2015, el G7 ha reconocido el riesgo implícito en el desecho de residuos plásticos al océano. Han existido varias instancias en las cuales se ha intentado echar luz sobre esta problemática, entre las más importantes se pueden encontrar el Convenio para la Prevención de la Contaminación del Mar por Vertimiento de Desechos y otras Materias (o como es más comúnmente conocida la Convención de Londres de 1972), el Convenio Internacional para revenir la Contaminación por los Buques (MARPOL por sus siglas en inglés, 1978) y la Convención del Protocolo de Londres de 1996. 

Por otra parte, el desarrollo sustentable de la actividad pesquera también se ha visto desarrollado en el plano multinacional mediante la implementación de una serie de acuerdos multilaterales. Dentro de los más relevantes de estos podemos encontrar la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (UNLOCS por sus siglas en inglés), la cual entró en vigencia en 1994, el Acuerdo sobre Poblaciones Transzonales y Poblaciones de Peces Altamente Migratorias (1995) y el Código de Conducta para la Pesca Responsable (1995). Estas han sido instancias que han permitido dejar en claro la severidad del problema al que se enfrentan los mares. Pero, como se puede ver por las fechas de estos acuerdos, queda claro que los esfuerzos formalizados entre Estados en pos de buscar limitar el impacto de la pesca sobre el océano son relativamente nuevos. 

Pese a la voluntad de varias organizaciones y Estados, la realidad es que, tanto las leyes como los acuerdos vinculados a evitar el desecho de plástico en el océano y alentar una actividad pesquera sustentable, los océanos continúan atravesando un acelerado proceso de erosión. Esto se debe a que no aun con la existencia de legislaciones y acuerdos que abogan por determinadas pautas que tanto los Estados como las entidades privadas deben respetar, las mismas no son debidamente aplicadas. Y, en muchos casos incluso, los Estados hacen ojos ciegos a las violaciones a estas instancias multilaterales por diversos motivos. Ya sea por el simple hecho de que la “economía azul” representa alrededor del 5% de la PBI global, por lo tanto siendo una fuente de lucro evidente para Estados y entidades privadas, o que evitar el desecho de plásticos implica la financiación de un sistema apropiado de reciclaje (el cual no se encuentra dentro de las prioridades de muchos Estados) la falta de controles reales está dando lugar a que se continúen degradando los mares.

Como ya se ha mencionado en varias circunstancias relacionadas a distintas temáticas vinculadas al medio ambiente, la Tierra se está acercando aceleradamente a un punto de inflexión. Después del cual será muy difícil poder revertir el daño causado. Por lo que es el deber de los Estados, las organizaciones, los emprendimientos privados y principalmente los ciudadanos reducir el consumo de productos plásticos, aumentar el ciclo de vida de los mismos y, finalmente, exigir el rendimiento de cuentas por parte de los gobiernos en pos de asegurar que los distintos tratados y leyes vinculantes sean respetadas por sus firmantes y reclamar que estos logren ser lo más inclusivos posibles. Tal vez así, se pueda asegurar la supervivencia de los ecosistemas marítimos y reducir la huella humana sobre los mares. El tiempo corre, actuemos o no, nos quedan 10 años.

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Referencias: 

Palomares, M.L.D., et al. (2020). Fishery biomass trends of exploited fish populations in marine ecoregions, climatic zones and ocean basin. Estuarine Coastal and Shelf Science, Volumen 243.

MP Staff. (2021). South Atlantic area of global contention? US Coast Guard off to South America to patrol for IUU fishing. MercoPress.

IUCN Staff. (s.f.). Marine plastics. 2021, Recuperado el 9 de Marzo 2021, de International Union for Conservation of Nature Recuperado de: (https://www.iucn.org/resources/issues-briefs/marine-plastics#:~:text=Over%20300%20million%20tons%20of,waters%20to%20deep%2Dsea%20sediment).

EMF Staff. (2016). The New Plastics Economy: Rethinking the future of plastics – download the infographics. Recuperado el 9 de Marzo 2021, de Ellen Macarthur Foundation Recuperado de: (https://www.ellenmacarthurfoundation.org/news/the-new-plastics-economy-rethinking-the-future-of-plastics-infographics).

UN Staff. (2021). Una década para salvar a los océanos a través de la ciencia y la investigación. Recuperado el 9 de Marzo 2021, de UN News Recuperado de: (https://news.un.org/es/story/2021/02/1487562).

Pauly, D., & Zeller, D. (2016). Catch reconstructions reveal that global marine fisheries catches are higher than reported and declining. Nature communications, 7(1), 1-9.

Pauly, D., et al. (2002). Towards sustainability in world fisheries. Nature, 418 (6898), Pp 689-695.

Roberts, C. (2007). The unnatural history of the sea. Island Press.

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