Un ejercicio de simulación organizado por la Foundation for Defense of Democracies (FDD) advirtió sobre las deficiencias de la preparación de Estados Unidos ante una posible campaña china de ciberataques y presión económica contra Taiwán. Presentadas a comienzos de octubre, las conclusiones señalan que las diferencias entre la planificación militar y la coordinación de las agencias civiles podrían retrasar la respuesta de Washington ante una crisis en el estrecho de Taiwán.

La simulación se desarrolló en Taiwán a finales de septiembre y sus resultados fueron presentados al presidente Lai Ching-te y a su equipo de seguridad nacional. Mark Montgomery, un investigador de la FDD y contralmirante retirado de la Armada estadounidense, sostuvo que Washington ensaya escenarios de conflicto militar, pero carece de un proceso sistemático para prepararse ante operaciones cibernéticas. Según el especialista, el Departamento de Defensa tiende a considerar estas amenazas como responsabilidad de otras agencias federales, que no siempre cuentan con presupuestos ni procedimientos adecuados para realizar ejercicios conjuntos.
¿Cómo podría China interrumpir las redes de telefonía de Taiwán?
En detalle, la simulación comenzó con un escenario de interrupciones de la telefonía móvil, manipulación de información y presión sobre la conectividad satelital. En una segunda etapa, la simulación escaló a daños en cables submarinos, la desactivación de subestaciones eléctricas que alimentan las telecomunicaciones y la sobrecarga de las redes de respaldo. Craig Singleton, director del programa de China de la FDD y responsable de representar a Pekín durante el ejercicio, explicó que el propósito era deteriorar la confianza de la población en el gobierno taiwanés y reducir la fiabilidad de la vida cotidiana sin provocar una confrontación directa con Estados Unidos.

En este marco, las consecuencias de una campaña de este tipo podrían extenderse mucho más allá de las comunicaciones. La interrupción de las redes puede afectar los sistemas de pago, dificultar la coordinación de los servicios de emergencia y obstaculizar la recuperación del suministro eléctrico. Aunque los participantes taiwaneses consiguieron redirigir el tráfico y activar alternativas, el desafío central estuvo en determinar si esas soluciones podrían sostener los servicios durante semanas frente a un adversario que adapta sus acciones en función de las respuestas defensivas. Montgomery advirtió que los responsables políticos suelen calcular plazos de recuperación de minutos u horas, cuando la restauración efectiva de sistemas interdependientes puede demandar días o semanas.
El ciberespionaje y las campañas chinas como referencia
El ejercicio tomó como referencia experiencias previas de ciberespionaje atribuidas a grupos vinculados con China. Entre ellas figura Salt Typhoon, una campaña que comprometió redes de telecomunicaciones en numerosos países. En agosto de 2025, el FBI informó que los actores asociados con esa operación habían apuntado a más de 80 países y que unas 600 organizaciones habían sido notificadas sobre posibles compromisos de sus sistemas. La campaña incluyó accesos a operadores de telecomunicaciones y redes relacionadas con infraestructura gubernamental y militar, lo que puso de relieve los riesgos derivados de mantener accesos no autorizados durante períodos prolongados.
La advertencia se produce en un contexto de tensión persistente entre Pekín, Taipéi y Washington. China reclama Taiwán como parte de su territorio y no descarta el uso de la fuerza para concretar la unificación, mientras que el gobierno taiwanés rechaza las pretensiones de soberanía de Pekín. Sin embargo, la evaluación de amenazas mundiales de 2026 de la Oficina del Director de Inteligencia Nacional de Estados Unidos señaló que los dirigentes chinos no planeaban invadir la isla en 2027 y que no existía un plazo fijo para alcanzar la unificación.
¿Por qué la preparación militar china no descarta la presión sobre Taiwán?
En la misma línea, un informe de Reuters señaló que funcionarios estadounidenses consideran cada vez menos probable una invasión china antes de 2028. Entre los factores mencionados figuran los retrasos en la preparación militar de China y el interés de Pekín en el resultado de las elecciones presidenciales taiwanesas de 2028. Montgomery advirtió además que la presión cibernética y económica podría intensificarse a comienzos de 2028 si el Partido Democrático Progresista taiwanés obtiene una cuarta victoria presidencial consecutiva.

En consecuencia, la principal conclusión del ejercicio es que la defensa de Taiwán no dependería solo de su capacidad para resistir un ataque militar. La continuidad de las telecomunicaciones, la electricidad, los servicios financieros y la coordinación gubernamental también resultarán decisivas ante una campaña de coerción prolongada. Para Estados Unidos y sus socios, el desafío consiste en mejorar la coordinación entre organismos, fortalecer los sistemas de respaldo y reducir los tiempos de recuperación. Una estrategia de presión que evite una invasión no eliminaría los riesgos de escalada, pero podría permitir a Pekín intentar debilitar la capacidad de resistencia de la isla sin cruzar el umbral de una guerra abierta.











