Esta nueva fase del conflicto entre Rusia y Ucrania se define por una asimetría táctica y estratégica. Mientras Ucrania ha logrado trasladar la guerra al corazón del aparato logístico y energético ruso mediante drones de largo alcance, Rusia responde con bombardeos masivos sobre centros urbanos, aprovechando la vulnerabilidad crítica de Kiev ante los misiles balísticos.
Ucrania ha profundizado una estrategia de ataques de largo alcance dirigidos a estrangular la economía de guerra del Kremlin. Recientemente, drones ucranianos dañaron los puertos bálticos de Ust-Luga y Vysotsk, centros vitales para la exportación de petróleo. También se han reportado ataques contra refinerías estratégicas, como la de Omsk, y embarcaciones de la “flota en la sombra” en el mar de Azov.
Estas incursiones han provocado desabastecimiento energético interno en Rusia, obligando al país a importar gasolina desde la India y causando picos de precios y largas colas en gasolineras. Además, el gasto militar ya devora casi la mitad del presupuesto ruso, generando tensiones entre el Banco Central y el sector bancario.

Moscú ha intensificado sus campañas aéreas ante el estancamiento de sus avances terrestres, utilizando una combinación de misiles y drones. El punto más débil de Ucrania es su incapacidad para interceptar misiles balísticos. En ataques recientes, aunque las defensas derribaron el 90% de los drones y misiles de crucero, no lograron interceptar ninguno de los 23 misiles balísticos disparados (o solo 4 de 24 en otros eventos). Esta vulnerabilidad se debe a la falta de misiles para los sistemas Patriot, agravada porque EE.UU. prioriza su propio suministro debido a tensiones en otras regiones como Irán.
La guerra ha entrado en un ciclo donde Ucrania golpea la infraestructura para paralizar a Rusia, y Rusia golpea la moral y la infraestructura urbana para forzar una rendición. El éxito de Ucrania en el desarrollo de una industria de drones sofisticada le da una herramienta de golpeo económico, pero sigue dependiendo de la ayuda política y técnica externa (como el acuerdo con Trump por los Patriot o con Suecia por los cazas Gripen) para cerrar la brecha de su defensa aérea.
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