Tras un prolongado pero frágil alto el fuego, que comenzó a principios de abril, la tensión se ha vuelto a disparar en Medio Oriente: el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, confirmó que atacaría de nuevo a Irán si no se consigue ningún acuerdo de paz. “Vamos a atacarlos muy duramente”, dijo el líder republicano a los periodistas en la Casa Blanca.

Estados Unidos e Irán habían intercambiado fuego varias veces desde que se estableció un alto el fuego tentativo hace dos meses. Sin embargo, esta semana se registró uno de los incidentes más tensos del último tiempo cuando el ejército de Estados Unidos atacó las defensas aéreas y los sitios de radar alrededor del Estrecho de Ormuz después de que un helicóptero de ataque estadounidense fuera derribado cerca de la vía fluvial estratégica. Por su parte, Irán respondió con ataques con misiles y drones contra bases estadounidenses en Jordania, Kuwait y Baréin.
Como era de esperar, y en un contexto en el que la guerra ha interrumpido aproximadamente una quinta parte del suministro mundial de petróleo y gas natural – como consecuencia del cierre del Estrecho de Ormuz por parte de Irán -, los precios de los combustibles aumentaron nuevamente de manera drástica tras los ataques y el precio del barril de petróleo se disparó US$ 3, alcanzado los $94.
¿Cómo impacta esto en Argentina?
En términos económicos, el nuevo incremento de los precios del crudo puede favorecer al país al impulsar las exportaciones tanto sea por la cantidad (la mayoría de los países buscan nuevos suministros) como por la cantidad de dólares que ingresan al país al aumentar los valores del crudo. Además, a su vez, esto significaría un mayor superávit energético: se estima que podría ubicarse entre US$ 8.500 y US$ 10.000 millones en 2026. Por otro lado, la actual situación internacional vuelve más rentables los proyectos de extracción de crudo, lo que podría incentivar nuevas inversiones en zonas estratégicas como Vaca Muerta.

Pero, pese a el escenario positivo, no todo producirá ganancias para el país: es inevitable que los precios de los combustibles (que ya superan los $ 2.000 el litro) sigan aumentando y golpeando de lleno a los consumidores. A su vez, se encarecerá el precio del transporte y los costos de producción de toda la economía. Por otro lado, el aumento del combustible probablemente se trasladará a los precios de alimentos y otros bienes, lo que generaría un efecto inflacionario clásico de los shocks petroleros.
Pero, más allá de las especulaciones, y hablando en términos geopolíticos, la realidad es que si el conflicto continúa en ascenso también afectará al gobierno de Javier Milei, uno de los pocos países en el mundo que es aliado de Estados Unidos e Israel. Por lo tanto, en un momento en el que Washington y Tel Aviv están cada vez más “solos”, es probable que la política exterior nacional deba ser, como mínimo, revisada si no se quiere continuar perdiendo prestigio a nivel internacional.
Tal vez te interese: Trump afirma que Irán pagará un “alto precio” por atrasar un acuerdo con EE.UU.












