Irán mantiene el control del estrecho de Ormuz a pesar del bloqueo estadounidense con un complejo entramado de acciones que incluyen amenazas, acuerdos diplomáticos y peajes.

Se trata de una ingeniería que el régimen teocrático no había desplegado antes del conflicto iniciado por un bombardeo de Estados Unidos e Israel sobre Irán el 28 de febrero. Pero a partir de los ataques, la Guardia Revolucionaria afianzó su control sobre la importante vía navegable, por la que antes de la guerra pasaba cerca de 1/5 del combustible global, así como fertilizantes y otros insumos clave para la economía de todo el mundo.
Cómo Irán mantiene el control del estrecho de Ormuz a través de amenazas, tratados y peajes
Aunque el gobierno estadounidense ha pedido a sus aliados que no hagan acuerdos con Irán, muchos países están dispuestos a intentarlo con tal de conseguir el petróleo que se mantiene estático desde hace meses. De esta manera, el régimen ha llegado a negociar tarifas para atravesar el estrecho, las cuales incluso busca institucionalizar a través de su legislación.
Tripulantes de buques cisterna que han seguido las instrucciones iraníes reportan puntos de control montados en islotes que flanquean la ruta establecida por el régimen, que aseguró haber minado el estrecho de Ormuz para bloquear su tránsito. Además, los ataques sobre distintos buques que intentaron cruzar sin acordar con Teherán dieron sostén a sus amenazas, lo que favorece que quienes quieran pasar por la zona acuerden con Irán.

Estos acuerdos no siempre incluyen el pago de dinero, pero sí un reconocimiento tácito de su soberanía sobre el paso que solía ser de aguas internacionales. Las lanchas rápidas de la Armada de la Guardia Revolucionaria aseguran de facto este control, abordando los buques cisterna a voluntad para realizar inspecciones o condicionar su paso.
Las Fuerzas Armadas de Estados Unidos reportaron que, a principios de mayo, cerca de 1500 buques con unos 22.500 marinos estaban detenidos sin poder cruzar el estrecho, vital para las exportaciones petroleras de países como Irak, Emiratos Árabes Unidos y Qatar. Esta situación generó lo que la Agencia Internacional de Energía denominó como la peor crisis energética de la historia mundial.
La clave para pasar por el estrecho de Ormuz acaba siendo la presión que los gobiernos puedan tener sobre Irán. China, el principal comprador de petróleo del régimen, logró el paso de sus buques cisterna durante el conflicto, aunque con menor afluencia que antes de la guerra. La semana pasada, por caso, un buque cisterna con más de seis millones de barriles de crudo logró atravesar la vía navegable con destino a la potencia asiática en una ventana de paz que parece cerrarse ante el estancamiento en las negociaciones con Estados Unidos.

Aunque Irán presentó una propuesta de paz a principios de la semana, la misma no fue bien recibida por Donald Trump, que previamente había calificado una iniciativa similar como “basura”. De todas maneras, el mandatario afirmó a través de redes sociales que “daría unos días” a Irán para plantear nuevas condiciones, mientras amenaza con reanudar la campaña de bombardeos sobre el país persa.
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