Corea del Sur se prepara para dar un paso sensible en su política de defensa: presentar una hoja de ruta para el desarrollo de submarinos de propulsión nuclear. La iniciativa, largamente discutida en Seúl, aparece ahora como una respuesta cada vez más urgente frente al crecimiento del arsenal nuclear norcoreano, el avance de sus capacidades submarinas y las sospechas de apoyo tecnológico ruso a Pyongyang.

Marina de los EE. UU.
El punto central es que un submarino de propulsión nuclear no equivale necesariamente a un submarino con armas nucleares. La diferencia importa: Seúl busca plataformas con mayor autonomía, permanencia bajo el agua, velocidad y supervivencia, pero insiste en presentar el proyecto dentro de una lógica de defensa convencional y respeto al régimen de no proliferación. Según el análisis de Sang Hun Seok publicado en The Diplomat, tratar el proyecto solo como una señal de ambiciones nucleares ocultas puede hacer perder de vista la pregunta de fondo: si un aliado de Estados Unidos que enfrenta una Corea del Norte nuclearizada puede seguir siendo no nuclear y, al mismo tiempo, sentirse suficientemente protegido.
La iniciativa se vuelve más sensible porque Corea del Norte también busca fortalecer su capacidad nuclear en el mar. Pyongyang ya mostró avances vinculados a submarinos estratégicos y, según autoridades surcoreanas, probablemente recibió asistencia técnica rusa para mejorar sus capacidades submarinas. El ministro de Defensa surcoreano afirmó ante el Parlamento que Corea del Norte habría recibido apoyo de Moscú para avanzar en submarinos y sistemas asociados, en el marco de una cooperación militar más amplia entre ambos países.
El antecedente norcoreano no es menor. Corea del Norte reveló en 2025 imágenes de lo que presentó como un submarino estratégico de propulsión nuclear en construcción, una plataforma que analistas estimaron podría desplazar entre 6.000 y 7.000 toneladas y portar misiles con capacidad nuclear. Aunque no está claro cuándo podría entrar en servicio real, la señal estratégica fue evidente: Pyongyang quiere una pata marítima más creíble para su disuasión nuclear.

AP/KCNA vía KNS
Frente a ese escenario, Seúl intenta sostener una lógica que algunos analistas definen como suficiencia convencional: no desarrollar armas nucleares propias, pero sí construir capacidades convencionales avanzadas capaces de hacer que cualquier ataque norcoreano sea costoso, riesgoso o poco viable. Esa postura combina la disuasión extendida de Estados Unidos con capacidades surcoreanas propias, como misiles de precisión, defensa antimisiles, guerra antisubmarina, inteligencia, vigilancia, reconocimiento y sistemas de ataque preventivo.
Dentro de esa arquitectura, los submarinos de propulsión nuclear tendrían una función clara. No eliminarían la vulnerabilidad surcoreana ante el arsenal nuclear norcoreano, pero sí mejorarían la capacidad de Seúl para operar durante más tiempo, vigilar movimientos navales, sostener patrullas lejanas y mantener presión sobre plataformas submarinas o navales norcoreanas. La ventaja no está en portar armas nucleares, sino en permanecer más tiempo ocultos, moverse más rápido y operar con mayor flexibilidad que los submarinos convencionales.
La cooperación con Estados Unidos será decisiva. Reportes surcoreanos señalan que Seúl busca reactivar discusiones técnicas con Washington y presentar el programa como defensivo, compatible con normas internacionales y centrado en la amenaza norcoreana. El desafío será convencer a Estados Unidos y al régimen de no proliferación de que el proyecto fortalece la disuasión aliada sin abrir una puerta peligrosa hacia la militarización nuclear autónoma.
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