Corea del Norte advirtió que tomará “contramedidas” frente a la reciente aprobación de ventas militares de Estados Unidos a Corea del Sur, al considerar que el paquete forma parte de una “acumulación militar imprudente” en la península coreana. La advertencia fue difundida por la agencia estatal norcoreana KCNA, que acusó a Washington de convertir a Seúl en una suerte de “brigada de choque armada” para sostener su hegemonía estratégica en Asia-Pacífico.

La reacción norcoreana llegó después de que el Departamento de Estado de EE.UU. autorizara una posible venta militar a Corea del Sur por un valor combinado de hasta US$ 4.200 millones. El paquete incluye dos tramos: US$ 3.000 millones para helicópteros navales multimisión MH-60R Seahawk y US$ 1.200 millones para un programa de actualización de helicópteros de ataque AH-64E Apache.
El componente más importante es la posible adquisición de 24 helicópteros MH-60R, junto con sonares aerotransportados de baja frecuencia, sistemas de navegación, motores, equipos de autoprotección, radares multimodo, sistemas de guerra electrónica, repuestos, entrenamiento y soporte. El MH-60R es una plataforma naval utilizada para guerra antisubmarina, vigilancia marítima, guerra antisuperficie y búsqueda y rescate, capacidades especialmente sensibles en un escenario donde Corea del Norte busca expandir su flota submarina.
La segunda parte del paquete apunta a la flota de AH-64E Apache del Ejército surcoreano, con mejoras que incluyen radares de control de tiro Longbow, unidades electrónicas asociadas y capacidades de cooperación entre plataformas tripuladas y no tripuladas. Para Seúl, la modernización de sus Apache refuerza la capacidad de ataque terrestre, apoyo cercano y respuesta frente a amenazas norcoreanas cerca de la zona desmilitarizada.
Pyongyang presentó la aprobación estadounidense como una señal de escalada. Según el comentario difundido por KCNA y recogido por medios surcoreanos, Corea del Norte sostiene que estas ventas “van más allá de las necesidades defensivas ordinarias” y están orientadas a preparar capacidades de ataque contra países específicos. En esa lectura, el fortalecimiento naval y aéreo de Corea del Sur no sería una medida defensiva, sino parte de la estrategia de presión militar de Washington en Asia-Pacífico.
La respuesta norcoreana no sorprende. Corea del Norte ya había criticado en otras ocasiones la transferencia de helicópteros y misiles estadounidenses a Corea del Sur y Japón, acusando a Washington de alterar el equilibrio militar regional. En 2024, por ejemplo, Pyongyang calificó la posible venta de Apache a Seúl como una provocación “temeraria” y prometió fortalecer su disuasión estratégica.

El punto de fondo es que la venta de MH-60R toca una preocupación directa de Corea del Norte: su componente submarino. El Seahawk “Romeo” está diseñado justamente para detectar, seguir y atacar submarinos, además de operar desde buques de superficie. Para la Armada surcoreana, incorporar más MH-60R significa ampliar su cobertura antisubmarina en el mar Amarillo, el mar del Este y los accesos marítimos a la península.
Ese refuerzo se vuelve más sensible porque Pyongyang viene mostrando ambiciones navales crecientes, incluyendo proyectos de submarinos con capacidad estratégica y una mayor integración de misiles en plataformas marítimas. Para Corea del Norte, cualquier salto surcoreano en guerra antisubmarina reduce el margen de maniobra de sus medios navales y expone una parte clave de su estrategia de disuasión.

El paquete Apache también tiene una lectura terrestre inmediata. En una península donde la artillería, los misiles tácticos, las fuerzas especiales y los sistemas blindados siguen concentrados cerca de la frontera, los helicópteros de ataque modernizados aumentan la capacidad surcoreana para responder rápidamente ante incursiones, movimientos mecanizados o ataques limitados.
Washington, en cambio, presenta la operación como parte de la modernización defensiva de un aliado clave. Según los reportes de las notificaciones al Congreso, la venta busca fortalecer la capacidad de Corea del Sur para enfrentar amenazas actuales y futuras, mejorar la interoperabilidad con Estados Unidos y sostener la estabilidad en el Indo-Pacífico.
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