Las Fuerzas Armadas de Chile mantienen un amplio despliegue operativo en la Región de Magallanes, con unidades de la Fuerza Anfibia operando directamente en Tierra del Fuego mientras la Armada sostiene una presencia naval de gran escala hacia el Pacífico. En ese marco, la institución ejecutó el ejercicio conjunto “Ñandú” junto al Comando Conjunto Austral y el Ejército de Chile, con operaciones de inserción de fuerzas desde el LSDH-91 Sargento Aldea y la LST Chacabuco.

En este sentido, la maniobra puso a prueba la capacidad de las fuerzas chilenas para trasladar efectivos desde unidades navales hacia tierra utilizando medios de superficie, aéreos y terrestres. Personal del Comando Conjunto Austral se embarcó además en el Sargento Aldea para participar en la planificación y coordinación de las operaciones. De acuerdo con la Armada, el objetivo fue elevar el nivel de interoperabilidad entre las instituciones en un escenario caracterizado por temperaturas extremas, grandes distancias y una geografía particularmente compleja.
El ejercicio combina capacidades navales y terrestres estratégicas directamente en Tierra del Fuego
El ejercicio forma parte de un despliegue austral iniciado semanas atrás y que involucra una combinación de capacidades navales y terrestres. La Armada señaló que su Fuerza Anfibia opera en la Región de Magallanes, directamente en Tierra de Fuego, y la Antártica Chilena con medios destinados a tareas de patrullaje, vigilancia y control del tráfico marítimo. La agrupación incluye capacidades de la Escuadra, Fuerza de Submarinos, Infantería de Marina, Aviación Naval, Fuerzas Especiales y el Comando Anfibio y de Transportes Navales.
Dentro de ese dispositivo, el Sargento Aldea funciona como una de las principales plataformas para proyectar fuerzas y sostener operaciones. La Armada ya había desplegado este buque junto a la fragata Almirante Williams durante su navegación por los canales australes, antes de su llegada a Magallanes. La institución sostiene que estas operaciones buscan mantener capacidades expedicionarias y de respuesta en una zona donde la combinación de territorio insular, canales, estrechos y condiciones meteorológicas exige un elevado nivel de preparación.

El componente terrestre también fue reforzado mediante el ejercicio invernal “Jaukén”, desarrollado por el Ejército en Magallanes. Para trasladar personal y material desde el centro-sur del país, la Armada empleó la LST-92 Rancagua, que navegó durante más de seis jornadas desde Talcahuano hasta Punta Arenas. El Ejército explicó que el entrenamiento busca evaluar la eficiencia operativa de sus unidades en las condiciones propias del extremo austral y la capacidad de proyectar poder de combate hacia esa región.
Se profundiza la controversia entre Chile y Argentina
La intensidad del despliegue coincide además con un escenario diplomático particularmente sensible entre Chile y Argentina. La controversia se inició después de que el jefe del Estado Mayor General de la Fuerza Aérea Argentina, brigadier general Gustavo Javier Valverde, incluyera a Magallanes, el extremo sur y el pasaje de Drake entre los espacios donde Argentina debía mantener presencia, al describir la zona como una “llave bioceánica”. Sus declaraciones provocaron una reacción de Chile y la Cancillería chilena anunció el envío de una nota de protesta.
La respuesta chilena se apoyó en la posición de que la soberanía sobre el Estrecho de Magallanes no está en discusión. El Gobierno de Santiago recurrió a los tratados de 1881 y 1984 para sostener su posición, mientras que durante los últimos días ambos gobiernos procuraron reducir la tensión y reafirmar el marco bilateral existente. El propio José Antonio Kast señaló antes de la visita de Javier Milei a Chile que no exigiría en ese momento la derogación del decreto argentino de 2021 que menciona al estrecho como un espacio compartido, aunque insistió en que la soberanía chilena está respaldada por los tratados vigentes.
La presencia militar chilena tiene una dimensión de señalización en el Pacífico
En este contexto, la presencia militar adquiere una dimensión adicional de señalización estratégica. El 2 de septiembre, Kast encabezó una revista naval durante el despliegue de la Fuerza Anfibia y presenció maniobras tácticas y ejercicios con fuego real junto a los ministros de Defensa e Interior y la conducción superior de la Armada. La institución definió la actividad como parte de sus ejercicios anuales, destinados a demostrar capacidad de respuesta y operación en escenarios complejos.

La importancia del dispositivo no se limita, sin embargo, al Estrecho de Magallanes y Tierra del Fuego. La Armada chilena mantiene una estructura diseñada para operar tanto en el extremo austral como en el Pacífico y para proyectar poder naval más allá de sus aguas inmediatas. Esa capacidad incluye unidades anfibias capaces de transportar tropas, vehículos, helicópteros y material logístico, además de fuerzas de superficie, submarinas y aéreas.
Te puede interesar: La Armada de Chile concentra submarinos, fragatas y medios anfibios en Magallanes durante un amplio despliegue de entrenamiento austral













