El gobierno de Japón presentó una protesta formal contra China tras la imposición de restrictivas trabas aduaneras al diclorosilano (DCS), un compuesto químico clave para la fabricación de semiconductores que ahora enfrentará aranceles de hasta el 99,2% en medio de una creciente disputa tecnológica bilateral. El secretario jefe del gabinete japonés, Minoru Kihara, confirmó que Tokio ya analiza el impacto económico de esta medida aduanera provisional sobre sus principales corporaciones.

El diclorosilano es un material indispensable en el proceso de vapor químico para depositar capas microscópicas de silicio u otras películas protectoras en chips lógicos y de memoria. Aunque el mercado internacional es sumamente competitivo, Japón lidera la producción global del DCS ultrapuro que requiere la fabricación de hardware avanzado.
Con la nueva normativa provisional de Beijing, cualquier empresa china que intente importar el químico de origen japonés deberá realizar depósitos en efectivo en las aduanas bajo tasas de hasta el 99,2%. Esta medida golpea a gigantes de la industria química nipona como Shin-Etsu Chemical y Denal Silane.

El Ministerio de Comercio de China justificó los aranceles alegando que las exportaciones de DCS japonés violan las reglas de competencia (antidumping) y perjudican a sus fabricantes locales. No obstante, la fricción diplomática de fondo escaló gravemente en noviembre pasado cuando la primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, advirtió que el ejército de su país podría intervenir si China utiliza la fuerza militar contra Taiwán, desatando la indignación de Beijing.
Como contraofensiva a la postura de Tokio, China no solo inició la investigación del DCS, sino que también aplicó severos controles de exportación a firmas japonesas para artículos de doble uso con potencial aplicación militar. Ante el endurecimiento aduanero, las autoridades japonesas afirmaron que responderán de manera apropiada para evitar daños injustificados a sus cadenas de valor tecnológicas.
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