Por Ludmila Rocio Toloza miembro del Grupo de Jóvenes Investigadores del IRI. 

Canillas abiertas mientras nos lavamos los dientes, mangueras regando la calle, duchas eternas por las mañanas… ¿Somos realmente consientes del valor del agua? Según los datos del World Resources Institute (WRI) más de 1.000 millones de personas viven, en la actualidad, en regiones con escasez de agua y hasta 3.500 millones podrían sufrir escasez de agua en 2025. La forma como se enfrenta este problema conlleva un impacto en la realización de la mayor parte de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU. La escasez de agua dulce acecha y su amenaza se vuelve cada día más tangible. 

Su creciente importancia en el mundo exige a los Estados una mayor integración y cooperación para asegurar un manejo sustentable, eficiente y equitativo de recursos hídricos escasos en los ámbitos internacional, regional y local. El agua no reconoce límites políticos o sociales, es transversal a todos ellos. Esta compleja realidad es más crítica aún en el caso de los recursos compartidos por dos o más países.  Precisamente, la organización o división política del territorio establece condicionamientos en la gestión del recurso según la legislación, normas, esquemas de administración, marco institucional, costumbres, instituciones e intereses de cada jurisdicción. 

Por nuestra parte, somos poseedores de un recurso de incalculable valor: El Sistema Acuífero Guaraní. Este es un importante cuerpo hídrico subterráneo transfronterizo formado en la era Mesozoica. Se trata de un conjunto de rocas arenosas que está por debajo del nivel del terreno que tiene agua en sus poros y fisuras. Estas rocas se depositaron allí entre 245 y 144 millones de años atrás. Este cuerpo de agua se desarrolla en el territorio de cuatro países sudamericanos, Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, y tiene la particularidad de ser una de las mayores reservas de agua dulce subterránea del mundo, por lo que se convierte en un recurso estratégico de enorme magnitud. 

Las aguas subterráneas son un componente importante del ciclo hidrogeológico. En el planeta, representan el 98% del agua dulce no congelada y son responsables de muchos procesos geológicos y geoquímicos que sostienen varias funciones y servicios ecológicos. Por lo que deben integrarse en la dimensión económica, social y ambiental de los recursos hídricos.  2,5 billones de personas en el mundo dependen exclusivamente de los recursos de agua subterránea para satisfacer sus necesidades diarias de agua y cientos de millones de agricultores dependen de ella para mantener sus medios de subsistencia y contribuir a la seguridad alimentaria de numerosas otras personas.

Una vez de dicho esto, ¿Podemos afirmar que el futuro de la región depende del Acuífero Guaraní? Probablemente, sí. Esto se debe a que, como ya mencionamos, la cantidad de habitantes del mundo y, por ende, de demanda de agua potable se ha incrementado. Además, no solo se observa un interés hídrico, sino que también energético, lo que constituye un nuevo punto de presión. A partir de esto, resulta de máxima relevancia no solo coordinar políticas de gestión y preservación del recurso entre los Estados que comparten su posesión, sino que también llevarlas a cabo de manera efectiva. 

Es necesario generar políticas y estrategias nuevas e innovadoras para abordar el tema del manejo de los recursos de agua dulce. Los impactos negativos que el uso no sustentable del agua tiene en la población humana y los ecosistemas han llevado a la creación de un creciente movimiento que se dirige hacia una legislación verde del manejo de las aguas. El objetivo es encontrar un equilibrio entre el agua para las demandas humana y económica, y el agua para mantener la integridad del ecosistema y la sustentabilidad ambiental.

En nuestra región contamos con un instrumento valioso pero reciente, el Acuerdo del Acuífero Guaraní firmado en 2010. Mediante él, los países se comprometen a utilizar el recurso en forma racional, sustentable y equitativa. Intercambiar información técnica sobre estudios, actividades y obras que se encaren, en función del aprovechamiento de este recurso hídrico estratégico, creando una Comisión responsable de coordinar la cooperación entre las partes integrantes del Sistema Acuífero Guaraní.

Mundialmente se considera este celebre acuerdo como innovador y pionero en materia de gestión de acuíferos transfronterizos. Principalmente porque se basa en los principios fundamentales del DLTA de 2008 e incluye obligaciones adicionales relacionadas al cuidado medioambiental. Además, el hecho de que cuatro países logren alcanzar consenso legalmente vinculante para las partes, estableciendo un marco básico para la gestión sostenible de las aguas subterráneas en una cuenca compartida, es en sí mismo extraordinario. Que este Acuerdo sea aplicado en una región del mundo relativamente rica en agua, es indicativo de que América Latina está tomando un enfoque proactivo en la gestión de las aguas subterráneas. También supone un ejemplo para la prevención de conflictos, en lugar de la resolución de los mismos, puesto que dichos acuerdos son más comunes cuando las regiones ya están en situaciones de crisis del agua.

Hemos recorrido un largo camino como país y como región para gestionar, proteger y utilizar nuestro Acuífero Guaraní de forma sustentable. Sin embargo, aún queda mucho más por lograr de cara de los desafíos venideros. De todas formas, sea cual sea el rol que nuestro recurso desempeñe en el futuro la solución siempre deberá ser colectiva y amigable con el ambiente. 

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