Organismos de inteligencia de Estados Unidos advirtieron internamente que China podría obtener acceso a tecnología sensible de los cazas F-35 si Washington concreta la venta de estas aeronaves a Arabia Saudita, en momentos en que la administración de Donald Trump avanza con un paquete que contempla 48 aviones y que estaría valuado en aproximadamente US$24.000 millones.

La preocupación aparece en distintos informes internos, incluido uno elaborado durante los últimos meses por la Agencia de Inteligencia de Defensa (DIA) del Pentágono, según reveló este 16 de septiembre The New York Times a partir de funcionarios estadounidenses familiarizados con esas evaluaciones. El escenario analizado no supone que Riad pretenda transferir deliberadamente los cazas o sus sistemas a Beijing. La advertencia se concentra en el riesgo de que los vínculos militares, tecnológicos y de inteligencia que Arabia Saudita mantiene con China permitan obtener información mediante espionaje, acceso a instalaciones o exposición de infraestructura sensible.
Entre los puntos examinados por la DIA aparecen el acceso de personal militar chino a bases sauditas, la presencia de tecnología china dentro de la infraestructura de telecomunicaciones del reino y la capacidad de ambos países para garantizar que las instalaciones destinadas al F-35 permanezcan aisladas de cualquier acceso no autorizado. El informe coloca así una nueva dificultad sobre una operación que Washington viene impulsando desde 2025 y que, de concretarse, convertiría a Arabia Saudita en uno de los pocos países de Medio Oriente con acceso al principal caza furtivo estadounidense.
La DIA pone el foco sobre el radar y los sensores del F-35
Una de las principales preocupaciones identificadas por funcionarios del Pentágono está relacionada con los sistemas de radar, sensores y vigilancia integrados en el F-35. La plataforma fabricada por Lockheed Martin no constituye únicamente un avión de combate furtivo. Una parte central de su capacidad está asociada a la recopilación, procesamiento y distribución de información mediante sensores y sistemas electrónicos que permiten construir una imagen del campo de batalla y compartirla con otras plataformas.
Según el informe citado por el medio estadounidense, los analistas consideran necesario que exclusivamente personal saudita y estadounidense autorizado, además de contratistas habilitados, pueda acceder a las instalaciones donde se almacenen o mantengan los componentes tecnológicos del F-35.

La DIA también plantea si Arabia Saudita estaría dispuesta a limitar el contacto de personal militar y de inteligencia chino con determinadas instalaciones y organizaciones vinculadas al programa. Otro punto particularmente sensible es la infraestructura de telecomunicaciones. Los analistas preguntan si Riad aceptaría retirar equipos de Huawei y ZTE de redes, routers e instalaciones vinculadas con Defensa en aquellas áreas donde pudieran representar un riesgo para la seguridad del programa.
No existe, sin embargo, una acusación pública de que Huawei, ZTE o el Gobierno chino hayan intentado acceder específicamente a información del F-35 en Arabia Saudita. El documento de inteligencia evalúa un riesgo potencial asociado a la futura introducción de la aeronave, no un robo tecnológico ya ocurrido.
Un paquete de 48 F-35 por unos US$24.000 millones
La advertencia aparece cuando la operación atraviesa una etapa más avanzada que durante las primeras discusiones de 2025. Donald Trump confirmó en noviembre pasado su decisión de permitir futuras ventas de F-35 a Arabia Saudita durante la visita del príncipe heredero Mohammed bin Salman a Washington. La Casa Blanca incluyó oficialmente la futura entrega de estos cazas dentro del paquete de profundización de la cooperación de defensa entre ambos países.
Escenario Mundial analizó entonces cómo la posible llegada de los F-35 a Arabia Saudita obligaba a Israel a revisar el impacto que tendría sobre su ventaja militar cualitativa en Medio Oriente. La operación todavía debe atravesar el proceso estadounidense de exportación de armamento. Según funcionarios citados ahora por The New York Times, el Departamento de Estado remitió en junio a dos comités del Congreso un paquete que comprende 48 F-35 y un motor adicional, con un valor estimado de aproximadamente US$24.000 millones, para su revisión informal.
Ese procedimiento antecede a una eventual notificación formal de la venta, por lo que la operación todavía no puede considerarse completamente cerrada. Las nuevas evaluaciones de inteligencia comenzaron a circular precisamente mientras legisladores y asesores del Congreso analizan la transacción.
La relación militar entre China y Arabia Saudita está detrás de la advertencia
El problema para Washington no reside únicamente en la presencia de empresas tecnológicas chinas en Arabia Saudita. Durante los últimos años, Riad amplió progresivamente su cooperación militar con Beijing, aunque Estados Unidos continúa siendo su principal socio de seguridad y el proveedor dominante de sus Fuerzas Armadas.
China encontró espacios particularmente importantes en áreas donde Washington históricamente había limitado sus exportaciones. Arabia Saudita adquirió misiles balísticos y drones de fabricación china, al tiempo que ambos países profundizaron ejercicios conjuntos y proyectos de cooperación industrial. Un informe de 2024 de la Comisión de Revisión Económica y de Seguridad Estados Unidos-China del Congreso estadounidense recogió evaluaciones según las cuales Arabia Saudita había avanzado incluso en la producción doméstica de misiles balísticos con asistencia china.
La relación se extendió además hacia ejercicios navales, entrenamiento y cooperación en determinadas áreas de la industria para la defensa. Para los servicios de inteligencia estadounidenses, la combinación de estos vínculos con la futura presencia del F-35 genera un desafío de compartimentación: Washington debería asegurarse de que las relaciones de Riad con Beijing no abran accesos indirectos a componentes, datos operativos, mantenimiento o infraestructura asociada a la aeronave.

Estados Unidos ya tuvo el mismo problema con Emiratos Árabes Unidos
Existe un precedente prácticamente directo. En 2020, durante el primer gobierno de Trump, Estados Unidos acordó avanzar con la venta de 50 F-35 a Emiratos Árabes Unidos después de que Abu Dhabi normalizara sus relaciones con Israel. Pero la creciente cooperación tecnológica y militar emiratí con China se convirtió posteriormente en uno de los principales obstáculos para completar el negocio.
Washington manifestó particularmente su preocupación por el empleo de infraestructura 5G de Huawei y por la posibilidad de que esa tecnología permitiera recopilar información sensible sobre plataformas militares estadounidenses. Escenario Mundial informó que Emiratos Árabes Unidos terminó suspendiendo las conversaciones para adquirir los F-35, después de que Washington planteara una serie de requisitos técnicos y de seguridad vinculados, entre otras cuestiones, con los vínculos de Abu Dhabi con China. La comparación resulta particularmente relevante porque varias de las preocupaciones que aparecen ahora alrededor de Arabia Saudita son similares: telecomunicaciones chinas, cooperación militar con Beijing y necesidad de aislar la infraestructura del F-35.
El F-35 saudita abre además el debate sobre Israel
La variable china no es el único obstáculo que deberá superar Washington. Israel sigue siendo actualmente el único operador del F-35 en Medio Oriente, mediante su variante F-35I Adir, y la legislación estadounidense obliga al Ejecutivo a considerar el mantenimiento de su denominada ventaja militar cualitativa al aprobar ventas de sistemas avanzados a otros países de la región.
La administración estadounidense ya prevé que los aviones ofrecidos a Arabia Saudita no dispongan de todas las capacidades y modificaciones que posee la flota israelí. Israel integra además sistemas nacionales de guerra electrónica, comunicaciones y armamento sobre sus propios F-35, otorgándole una configuración diferente a la que recibirían otros usuarios regionales.
Aun así, la incorporación de 48 aeronaves furtivas a la Real Fuerza Aérea Saudita modificaría sustancialmente la distribución de capacidades aéreas avanzadas en la región. La Casa Blanca sostiene que la operación forma parte de una profundización de la asociación estratégica con Riad. En noviembre de 2025, Trump y Mohammed bin Salman firmaron además un nuevo acuerdo de defensa y Estados Unidos designó posteriormente a Arabia Saudita como aliado principal fuera de la OTAN.
La venta queda atrapada entre dos relaciones estratégicas
La discusión sobre los F-35 expone finalmente una tensión más amplia dentro de la relación entre Washington, Riad y Beijing. Arabia Saudita mantiene una asociación de seguridad histórica con Estados Unidos y depende ampliamente de sistemas militares estadounidenses, pero durante los últimos años buscó diversificar sus vínculos económicos, tecnológicos y militares con China.
Washington intenta ahora profundizar nuevamente su relación con el reino mediante acuerdos de defensa, cooperación nuclear civil, tecnología e inversiones, mientras procura impedir que esa apertura termine exponiendo algunas de sus capacidades militares más sensibles.El nuevo informe de la DIA no demuestra que China haya obtenido tecnología del F-35 ni que Arabia Saudita pretenda proporcionársela.
Lo que plantea es un problema previo a la entrega: cómo introducir 48 cazas furtivos estadounidenses en un país que mantiene simultáneamente una creciente relación militar y tecnológica con Beijing sin crear nuevas oportunidades para el acceso chino a sus sistemas más sensibles.
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