Según revelaron diversos informes, Rusia habría intentado sabotear 2 cables submarinos de 1.400 km en el Ártico aunque habría sido detenido por los aliados de la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte) quienes frustraron el complot ruso. Cerca del archipiélago de Svalbard, en el Ártico, los aliados de la OTAN sorprendieron a submarinos de la inteligencia naval rusa entrenando en un ensayo para desplegar un arma diseñada para sabotear e inutilizar cables submarinos críticos de datos estratégicos.

Los cables submarinos de fibra óptica yacen en diferentes lechos marinos y son fundamentales para la conectividad global, el acceso a internet, las comunicaciones y las transacciones financieras. Su relevancia estratégica, con implicancias geopolíticas directas, los ha convertido en objetivos y blancos críticos, en tiempos de conflicto. En este escenario, dos cables submarinos de fibra óptica de 1.400 kilómetros, que conectan Svalbard con Noruega, se encuentran a 2.700 metros bajo la superficie del mar y transportan significativas cantidades de datos satelitales.
La operación de sabotaje de la inteligencia naval rusa habría tenido como blanco, precisamente, estos cables. Llevada a cabo por la Dirección General de Guerra Submarina (GUGI) de Moscú, Rusia utilizó sumergibles de aguas profundas para simular el despliegue de tecnología, bajo las aguas del Ártico, con el fin de interrumpir la conexión de los cables submarinos, según un informe de Reuters. Sin embargo, el intento de complot ruso fue frustrado por los aliados de la OTAN, en el marco de una operación conjunta de la que participaron Estados Unidos, Gran Bretaña y Noruega. En el marco de la operación, los aliados localizaron y abordaron a los buques rusos en alta mar, impidiendo que los mismos completaran sus ejercicios de simulación y finalmente, instaron a los mismos a abandonar la zona.
Rusia, por su parte, negó enfáticamente estar llevando adelante operaciones de sabotaje, como la mencionada, contra países de la OTAN. Moscú no llegó a dañar ningún cable, ya que, según precisaron desde el Kremlin, el ejercicio se centró, más bien, en un ensayo y por ende, en simular el despliegue de dicha tecnología capaz de interrumpir la conexión de un cable submarino, en caso de un potencial conflicto con la OTAN.
No obstante, no se trata de la primera vez que Moscú intenta llevar a cabo este tipo de sabotaje. En el mes de abril, según se reveló, Noruega y Gran Bretaña también habrían descubierto una operación secreta de Rusia en aguas del Ártico. Sin embargo, a diferencia de en ese entonces, este hecho se produce en un momento de seguridad crítico para Europa, en medio de la campaña de “guerra híbrida” que el Kremlin lleva adelante contra Ucrania e intenta expandir contra la OTAN, mediante diversos sabotajes, como documentó Escenario Mundial.

Las maniobras de ataques híbridos de Moscú contra los Estados europeos han aumentado significativamente en los últimos meses, en el marco de la guerra ruso-ucraniana, destacando, especialmente, los casos de Rumania, Lituania, Alemania y Polonia. De hecho, recientemente, un intento de ataque con drones contra el aeropuerto de Leipzig en Alemania provocó un enfrentamiento diplomático entre Berlín y Moscú, que generó el cierre de consulados y centros culturales en ambos países.
Sin embargo, la destrucción de los cables submarinos podría complejizar, aún más, el actual escenario, ya que supondría poner en acción el principio de defensa mutua y colectiva que sostiene la OTAN, desatando una escalada del conflicto más allá de Ucrania. El ministro de Defensa de Noruega sostuvo tras la operación de la OTAN que, “mediante nuestra operación conjunta, enviamos un mensaje claro a Rusia de que no pueden operar de forma encubierta”.
“Hemos dejado absolutamente claro a las autoridades rusas que cualquier intento de atacar nuestra infraestructura crítica será detectado y tendrá consecuencias” enfatizó el funcionario noruego. Este intento de sabotaje frustrado se produce, además, en medio de los planes noruegos de instalar un nuevo cable submarino de fibra óptica en el Ártico para conectar Svalbard y Jan Mayen con el continente, que sería implementado de cara a 2028.

La amenaza rusa
Tras la destrucción de tres de los gasoductos submarinos Nord Stream que abastecen a Alemania del gas ruso en 2022, los aliados de la OTAN se han centrado, especialmente, en reforzar la seguridad de las infraestructuras submarinas críticas, como lo son también los cables submarinos de fibra óptica. Sin embargo, a medida que la guerra ruso-ucraniana ha avanzado, Moscú ha desplegado más capacidades en torno a las infraestructuras submarinas críticas de la OTAN y Europa, como lo son los cables submarinos y los oleoductos.
La inspección y el reconocimiento de infraestructuras suele presentarse como una tarea de preparación previa al sabotaje, lo que preocupa, especialmente, a Europa, ya que Rusia ha estado desplegando maniobras que se condicen con estas prácticas. Es por ello que, la creciente actividad rusa en torno a los cables submarinos ha impulsado la ejecución de nuevas iniciativas y medidas, por parte de Europa. En este sentido, se destaca, por ejemplo, el sistema de vigilancia Baltic Sentry de la OTAN y el Nordic Warden, gestionado y liderado por Gran Bretaña, que reúne a las armadas de la alianza para intensificar las patrullas y la vigilancia de infraestructuras críticas.
En el mar Báltico, por ejemplo, que se consolida como una de las zonas prioritarias de vigilancia en torno a Rusia, al menos 11 cables submarinos fueron dañados o cortados entre octubre de 2023 y finales del 2025, según los datos de Windward. El director ejecutivo de la firma, Ami Daniel, sostuvo que Rusia y China son, probablemente, las amenazas submarinas más activas y críticas a nivel global, hoy en día.

Ante la creciente amenaza rusa y china –aunque, principalmente, rusa–, Europa busca reconstruir y proteger su infraestructura submarina crítica y en este sentido, a los estratégicos cables submarinos de fibra óptica, varios de ellos radicados en el Ártico. En paralelo, Moscú se prepara y entrena, pensando en un potencial conflicto contra la OTAN, para sabotear los cables submarinos con una tecnología nueva de vanguardia, mediante sumergibles de alta profundidad de su inteligencia naval. Europa, que aumentó su dependencia frente a la infraestructura submarina, ahora debe incrementar su capacidad de protección y vigilancia, si busca evitar nuevos sabotajes y complots de Rusia, en el marco de la “guerra híbrida” que el Kremlin busca instalar en Europa.
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