La Armada de EE.UU. ha vuelto a retrasar la elección del fabricante para su futuro caza de sexta generación F/A-XX, una decisión estratégica prevista originalmente para agosto de 2026 que ha entrado a septiembre sin novedades. En efecto, esta postergación coincide con una profunda disparidad de recursos en la nueva planificación militar de Estados Unidos. Mientras la Armada solicita apenas 140 millones de dólares para el F/A-XX en el año fiscal 2027, el caza F-47 de la Fuerza Aérea absorberá una inyección de 5.000 millones de dólares.

Sin duda, esta brecha financiera se enmarca en la propuesta presupuestaria récord de 1.5 billones de dólares para el año fiscal 2027. Para asegurar el dominio aéreo, el gobierno de Estados Unidos ha priorizado el desarrollo del caza F-47 —aeronave construida por Boeing con miras a realizar su primer vuelo en 2028—, un programa que ya en el ejercicio fiscal 2026 había acumulado 3.500 millones de dólares totales.
Por el contrario, el F/A-XX naval —destinado a relevar a los veteranos cazas Super Hornet empleados en regiones de conflicto como Medio Oriente— se enfrenta a un escenario crítico tras asignársele una cifra marginal de la cual 72 millones de dólares dependen de una compleja propuesta de ley de reconciliación legislativa.
Cabe destacar que este drástico recorte para el avión naval choca frontalmente con la postura que había tomado el Congreso a inicios de 2026, cuando los legisladores aumentaron diez veces su financiamiento básico hasta los 897 millones de dólares, sumando casi 1.700 millones en fondos totales.
No obstante, la actual administración de Washington insiste en que la base industrial estadounidense no posee la capacidad técnica para ejecutar de forma simultánea dos desarrollos de sexta generación. Sin embargo, corporaciones como Boeing rebaten firmemente esta postura. Su director de defensa, Steve Parker, afirmó públicamente en Londres que sus ofertas se estructuraron con la plena certeza de poder construir ambos cazas de combate en paralelo.

Por último, los mandos militares han buscado matizar la gravedad de este congelamiento de contratos en el corto plazo. Al respecto, el subsecretario adjunto de la Armada para el Presupuesto, el contralmirante Ben Reynolds, detalló en Washington que el servicio aún dispone de un fondo de 1.700 millones de dólares no obligados del presupuesto de 2026. Según el oficial naval, este remanente es suficiente para financiar la fase de Desarrollo de Ingeniería y Fabricación (EMD) durante gran parte de 2027.

No obstante, el panorama a largo plazo resulta altamente restrictivo, dado que el propio oficial confirmó que, dentro del Programa de Defensa de Años Futuros, la Armada solo contempla financiamiento de investigación y desarrollo (R&D) para el F/A-XX, excluyendo por completo la compra física de aeronaves durante este periodo plurianual.
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