La creciente presión militar de China sobre el estrecho de Taiwán está acelerando la transformación de la estrategia defensiva de la isla. Estados Unidos instó públicamente a Taipéi a desarrollar un “avispero” de drones —una amplia red de vehículos no tripulados aéreos, navales y submarinos— como principal herramienta de disuasión frente a una eventual ofensiva del Ejército Popular de Liberación. La propuesta refleja el cambio doctrinal que atraviesan las fuerzas armadas occidentales tras las lecciones obtenidas en la guerra de Ucrania y consolida a los sistemas no tripulados como uno de los pilares de la seguridad en el Indo-Pacífico.

Durante un foro sobre la industria de drones celebrado en la ciudad de Taichung, Raymond Greene, director del Instituto Americano en Taiwán (AIT) y representante de facto de Washington en la isla, calificó a estos sistemas como una “oportunidad decisiva” para reforzar la seguridad regional. “Nada disuadirá un conflicto con mayor eficacia que convertir a Taiwán en un nido de avispas lleno de drones aéreos, de superficie y submarinos”, afirmó el diplomático. Greene sostuvo además que Estados Unidos y Taiwán pueden liderar una cadena de suministro de drones, reduciendo la dependencia de componentes fabricados en China.
La estrategia responde al deterioro del entorno de seguridad en el estrecho. Pekín mantiene que Taiwán forma parte de su territorio y no ha descartado el uso de la fuerza para lograr la reunificación. En los últimos años, las Fuerzas Armadas chinas incrementaron las incursiones de aeronaves y buques alrededor de la isla, mientras desarrollan capacidades anfibias y ejercicios de bloqueo naval. Frente a este escenario, el presidente Lai Ching-te insiste en fortalecer las denominadas capacidades de combate asimétricas, es decir, sistemas relativamente económicos capaces de neutralizar plataformas militares mucho más costosas.
A nivel interno, Taiwán enfrenta una serie de desafíos políticos si quiere apostar por los drones
La apuesta por los drones también enfrenta desafíos políticos internos. El Parlamento taiwanés, controlado por la oposición, aprobó en mayo únicamente dos tercios del paquete extraordinario de defensa solicitado por el Ejecutivo, destinando los recursos principalmente a adquisiciones de armamento estadounidense. Posteriormente, el gobierno presentó un nuevo programa de 210.000 millones de dólares taiwaneses (unos 6.590 millones de dólares) destinado al desarrollo de drones de vigilancia, ataque costero y vehículos de superficie no tripulados hasta 2031. Paralelamente, el Kuomintang (KMT) impulsó un proyecto alternativo con un techo de gasto superior —240.000 millones de dólares taiwaneses en seis años—, aunque financiado mediante el presupuesto ordinario y no a través de un fondo especial.

Más allá de la disputa presupuestaria, existe un consenso creciente sobre la importancia estratégica de construir una industria nacional de drones. El alcalde de Taichung, Lu Shiow-yen, una de las principales figuras del KMT y potencial candidata presidencial, afirmó que el Parlamento debe trabajar conjuntamente para impulsar el sector. La ciudad concentra parte del ecosistema industrial taiwanés, con empresas como Thunder Tiger y la estatal Aerospace Industrial Development Corporation (AIDC), actores clave en la producción de plataformas no tripuladas y tecnologías aeroespaciales. Taiwán busca replicar el modelo ucraniano de producción rápida y descentralizada de drones, apoyándose en su fortaleza como potencia tecnológica y fabricante de componentes electrónicos.
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