La 68.ª Cumbre de Jefes de Estado del Mercosur, celebrada en Asunción, confirmó que el principal desafío del bloque ya no consiste en negociar nuevos acuerdos comerciales, ahora es administrar las consecuencias políticas y económicas de su creciente apertura internacional. Mientras continúa la implementación del histórico tratado con la Unión Europea, los países miembros iniciaron formalmente las negociaciones para un Acuerdo de Asociación Económica con Japón y delinearon una estrategia de expansión hacia Asia que busca diversificar mercados en un escenario internacional marcado por la creciente rivalidad entre Estados Unidos y China.

En este sentido, el debate más complejo giró en torno al reparto de las cuotas de exportación libres de aranceles contempladas en el acuerdo con la Unión Europea, vigente de manera provisional desde el 1 de mayo. Paraguay cuestionó el actual sistema de asignación por orden de llegada, al considerar que beneficia a las economías con mayor capacidad exportadora. El presidente Santiago Peña sostuvo que el bloque debe corregir las asimetrías internas antes de consolidar el tratado con Bruselas.
“Cuando hablamos de cuotas no pedimos privilegios, pedimos equidad”, afirmó durante la apertura de la cumbre. Sin embargo, las negociaciones concluyeron sin un consenso definitivo sobre el mecanismo de distribución, dejando abierta una de las principales controversias de la implementación del acuerdo.
Mercosur mira a Japón en busca de salir de la competencia entre EE.UU. y China
Más allá de esa discusión, el anuncio que concentró la atención fue el inicio formal de las negociaciones con Japón. A diferencia de un tratado de libre comercio tradicional, el futuro Acuerdo de Asociación Económica contempla también cooperación tecnológica, integración de cadenas de valor, participación de empresas en licitaciones públicas, inversiones y colaboración en innovación y desarrollo farmacéutico.

De concretarse, el entendimiento abarcaría un mercado cercano a los 400 millones de habitantes y un producto bruto combinado de aproximadamente siete billones de dólares, consolidando uno de los mayores espacios económicos del mundo. La iniciativa se suma a las negociaciones en marcha con Canadá y a los futuros acercamientos previstos con India, Vietnam, Emiratos Árabes Unidos e incluso China, reflejando un cambio de orientación del Mercosur hacia el Indo-Pacífico.
Diferencias entre Argentina y Brasil, acuerdo sobre Malvinas
Por otra parte, las diferencias políticas entre Argentina y Brasil también atravesaron la cumbre. La ausencia del presidente Javier Milei, representado por el canciller Pablo Quirno, coincidió con uno de los momentos de mayor distanciamiento diplomático entre Buenos Aires y Brasilia. Mientras Argentina volvió a defender una mayor flexibilización del Mercosur para permitir acuerdos comerciales individuales, Luiz Inácio Lula da Silva reivindicó al bloque como el principal instrumento institucional de integración regional y anunció una contribución anual de 100 millones de dólares al Fondo para la Convergencia Estructural del Mercosur (FOCEM), destinado a reducir las desigualdades entre los socios. El mandatario brasileño también insistió en fortalecer la cooperación regional frente al crimen organizado, promover mecanismos conjuntos para enfrentar desastres naturales y profundizar la integración financiera del bloque.

Durante la reunión, los presidentes aprobaron además una declaración especial en respaldo a la posición argentina sobre la cuestión de las Islas Malvinas, reafirmando los términos de la histórica Declaración de Potrero de los Funes y reiterando el llamado a reanudar las negociaciones entre Argentina y el Reino Unido conforme a las resoluciones de las Naciones Unidas. Asimismo, el bloque expresó su solidaridad con Venezuela tras los recientes terremotos y manifestó su respaldo al gobierno boliviano frente a la crisis política y social que atraviesa ese país.
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