Taiwán volvió a colocar su presupuesto militar en el centro de la disputa con China. El presidente Lai Ching-te afirmó que no abandonará su plan para aumentar el gasto en defensa, pese a que el Parlamento recortó parte de un presupuesto suplementario de US$40.000 millones destinado a reforzar las capacidades militares de la isla.

El punto central no es solo cuánto dinero gastará Taipei, sino qué tipo de defensa quiere construir. Lai busca llevar el gasto militar al 5% del PBI para 2030, con foco en drones, misiles, defensa aérea, sistemas no tripulados y capacidades asimétricas. Es decir, herramientas pensadas para hacer que una eventual invasión china sea más costosa, lenta y difícil de ejecutar.
El problema es político. El Parlamento, dominado por la oposición, aprobó solo alrededor de dos tercios del paquete suplementario impulsado por el Ejecutivo. Según reportes internacionales, los legisladores avalaron compras de armamento estadounidense, pero bloquearon fondos para drones y misiles de producción local, dos de los ejes que Lai considera centrales para la modernización militar taiwanesa.
La diferencia es importante. Comprar armas a Estados Unidos permite reforzar capacidades de forma directa, pero desarrollar sistemas propios permite construir autonomía industrial, sostener producción en crisis y adaptar equipos a las necesidades específicas de la defensa de la isla. En un escenario de bloqueo o guerra, esa capacidad local puede ser tan importante como el armamento importado.
Lai respondió desde una base militar en Nuevo Taipéi con un mensaje directo: el gobierno no va a abandonar los proyectos recortados. El presidente taiwanés dijo que buscará otras herramientas legislativas o ajustes dentro del presupuesto anual para financiar las capacidades que quedaron fuera del paquete suplementario.

El trasfondo es la presión militar china. Beijing considera a Taiwán parte de su territorio y no descarta el uso de la fuerza para lograr la reunificación. En los últimos años, China aumentó ejercicios alrededor de la isla, operaciones de guardacostas, incursiones aéreas, presión naval y campañas de desinformación. Para Taipei, esa combinación de coerción militar y zona gris exige una defensa más flexible y dispersa.
Por eso los drones y misiles locales importan. Taiwán no puede igualar a China en cantidad de buques, aviones, tropas o misiles. Su estrategia pasa por negar espacios, castigar fuerzas de desembarco, dispersar unidades, sobrevivir a los primeros golpes y sostener una red de fuego móvil. En esa lógica, los sistemas no tripulados, los misiles de precisión y la defensa aérea multicapa son piezas esenciales.
La guerra en Ucrania reforzó esa lectura. Kiev mostró que un país más chico puede complicar a una potencia mayor si combina drones, inteligencia, guerra electrónica, misiles, artillería móvil y defensas distribuidas. Taiwán observa esa experiencia con atención, especialmente porque también enfrenta la amenaza de una operación anfibia, ataques de saturación y presión constante sobre infraestructura crítica.
El presupuesto suplementario de US$40.000 millones había sido presentado como una forma de acelerar esa transición. El plan incluía compras de armas estadounidenses, pero también desarrollo local, fortalecimiento de la industria de defensa y construcción de una arquitectura conocida como T-Dome, orientada a integrar sensores, defensa aérea y protección de infraestructura crítica.

El recorte parlamentario deja una señal ambigua. Por un lado, Taiwán sigue aumentando su gasto militar y mantiene apoyo para compras externas. Por otro, la disputa interna muestra que no existe consenso pleno sobre cómo financiar la defensa ni sobre cuánto peso debe tener la industria local en la estrategia de disuasión.
Ese punto puede preocupar a Washington. Estados Unidos viene presionando a Taiwán para que aumente su gasto militar y priorice capacidades asimétricas. Desde la perspectiva estadounidense, Taipei debe demostrar que está dispuesto a invertir más en su propia defensa si espera sostener el respaldo político y militar de sus socios.
Para China, en cambio, la pelea presupuestaria puede ser leída como una vulnerabilidad política. Beijing no solo presiona con aviones, buques y guardacostas; también intenta explotar divisiones internas dentro de Taiwán. Cada bloqueo legislativo sobre defensa se convierte en parte de una batalla más amplia por la percepción de preparación, unidad y resiliencia.
Te puede interesar: Taiwán afirma que no tolerará las patrullas chinas y promete expulsiones












