Las Armadas de Argentina y Chile desplegarán patrulleros oceánicos y unidades de rescate en el Canal de Beagle durante el ejercicio combinado Viekarén 2026, una maniobra estratégica que refuerza la seguridad marítima y la cooperación binacional en el extremo sur del continente. Esta nueva edición del adiestramiento, que representa la XXVI versión anual del compromiso, fue formalizada el pasado 12 de junio en la ciudad de Puerto Williams.

El despliegue de medios navales y aeronavales en las aguas del fin del mundo no constituye una actividad aislada, sino que es una pieza fundamental de la arquitectura de la defensa regional en el marco del Tratado de Paz y Amistad de 1984. Geopolíticamente, el ejercicio Viekarén (cuyo nombre significa “confianza” en la lengua yagán) permite a ambos países consolidar una presencia conjunta en un área de alto valor estratégico que conecta los océanos Atlántico y Pacífico.
Esta colaboración evidencia la madurez de una relación que superó la crisis de diciembre de 1978, cuando la disputa por las islas Picon, Nueva y Lennox situó a ambas naciones al borde de un conflicto armado, que fue evitado por la mediación papal.
En términos operativos, las unidades de superficie participantes, entre las que habitualmente se encuentran patrulleros oceánicos como el ARA Bouchard y lanchas rápidas de la clase Indómita por parte de Argentina, junto a patrulleros de servicios generales chilenos como el ARCH Isaza y el ARCH Sibbald, ejecutarán maniobras complejas de búsqueda y rescate (SAR).
El objetivo central de estas operaciones es profundizar la interoperabilidad y establecer estándares comunes para el control del tráfico marítimo y el combate contra la polución marina. La capacidad de respuesta coordinada ante emergencias en una de las regiones geográficas más desafiantes del planeta permite a ambos Estados garantizar la protección de la vida humana en el mar y la preservación del ecosistema austral.

La continuidad del ejercicio desde 1999 demuestra que la cooperación profesional entre el Área Naval Austral (ANAU) y el Distrito Naval Beagle (DISNABE) ha evolucionado hacia un modelo de eficiencia operativa que trasciende las declaraciones institucionales. Al verificar procedimientos de actuación en escenarios de contingencia reales, las armadas no solo optimizan sus recursos logísticos, sino que también envían una señal de estabilidad y seguridad jurídica sobre las rutas de navegación internacional. Este fortalecimiento de los vínculos profesionales entre los oficiales de ambas fuerzas asegura que, ante cualquier incidente en la jurisdicción del Canal Beagle, la respuesta sea inmediata, coordinada y sustentada en décadas de entrenamiento compartido.













