El equilibrio estratégico del sur de Asia ha vuelto a tensarse tras registrar Pakistán un aumento del 18% en su gasto destinado a armas nucleares durante 2025, alcanzando los 1.500 millones de dólares, según un informe de la Campaña Internacional para la Abolición de las Armas Nucleares (ICAN). El incremento posiciona a Islamabad como el segundo país que más elevó su inversión nuclear entre las nueve potencias atómicas reconocidas, tan solo por detrás de Estados Unidos. No obstante, del otro lado de la frontera, India también ha reforzado su programa nuclear con un aumento del 12%, llevando el gasto total a 2.800 millones de dólares.

Cachemira vuelve a impulsar la carrera armamentística
La expansión de ambos presupuestos llega luego de una peligrosa escalada militar entre las dos potencias nucleares. La crisis desatada tras el atentado de Pahalgam y la posterior Operación Sindoor, lanzada por India en mayo de 2025, alteró el equilibrio estratégico entre Nueva Delhi e Islamabad. Los posteriores intercambios de drones, misiles y ataques aéreos marcaron uno de los enfrentamientos más graves entre ambos países en años y, aunque las partes alcanzaron rápidamente un alto el fuego, el episodio reavivó los temores sobre una escalada entre dos potencias nucleares, dejando en evidencia la fragilidad de la estabilidad regional.
Al enfrentamiento se le suman las declaraciones de los líderes de ambos países. Por su parte, el jefe del Ejército pakistaní, general Syed Asim Munir, advirtió que Pakistán es una potencia nuclear capaz de generar consecuencias globales si su supervivencia estuviera en juego. En respuesta, el primer ministro indio Narendra Modi aseguró que Nueva Delhi ya no aceptará lo que calificó como “chantaje nuclear”, prometiendo responder con firmeza ante futuras provocaciones.

En este contexto, y como mencionamos, los últimos datos del Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI) muestran que India continúa ampliando su ventaja nuclear sobre Pakistán. Según el organismo, Nueva Delhi contaba con unas 190 ojivas nucleares a comienzos de 2026, frente a las aproximadamente 170 que posee Islamabad. Para algunos analistas, la Operación Sindoor y los enfrentamientos de mayo modificaron la dinámica estratégica entre ambos países, impulsando una nueva fase de modernización militar y reforzando la importancia de la disuasión nuclear en el cálculo político de ambas capitales.

Un arsenal diseñado para la disuasión regional
Según las estimaciones del SPIRI, además de disponer de 170 ojivas nucleares, Pakistán continúa desarrollando una tríada estratégica compuesta por capacidades terrestres, aéreas y marítimas. Su principal elemento de disuasión son los misiles balísticos Shaheen, con alcances de hasta 2.750 kilómetros, complementados por los Ghauri, los misiles tácticos Nasr y los misiles de crucero Babur. En el ámbito aéreo, la fuerza nuclear pakistaní depende de cazas Mirage III y Mirage V equipados para lanzar misiles Ra’ad, mientras que la capacidad naval continúa en desarrollo mediante el programa Babur-3 para submarinos.

Más allá de las cifras presupuestarias, el aumento simultáneo del gasto nuclear y la modernización de los arsenales reflejan una competencia estratégica cada vez más intensa entre India y Pakistán. Aunque Nueva Delhi mantiene una ventaja en cantidad de ojivas y capacidades militares convencionales, Islamabad continúa apostando por reforzar su capacidad de disuasión. En una región marcada por conflictos recurrentes, terrorismo transfronterizo y disputas territoriales sin resolver, el riesgo no reside únicamente en el tamaño de los arsenales, sino en la posibilidad de que una nueva crisis vuelva a poner frente a frente a dos potencias nucleares.
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