La Fuerza Aérea de Irán mantiene parte de sus capacidades operativas tras los ataques realizados por Estados Unidos, en contraste con las declaraciones de Washington e Israel que sostenían que habían sido neutralizadas. En este sentido, datos obtenidos de fuentes abiertas (OSINT) y avistamientos posteriores al alto el fuego demuestran que una gran parte de la flota fue preservada.

De este modo, el conflicto, que inició el 28 de febrero de 2026, luego del fracaso de las negociaciones nucleares, incluyó una intensa campaña de ataques aéreos que tenían como objetivo sistemas de defensa aérea, radares y activos militares. En ese contexto, las autoridades estadounidenses, entre ellas Donald Trump, afirmaron que el poder aéreo iraní había sido destruido en los primeros días, aunque con el paso del tiempo esa declaración fue puesta en duda.
Frente a este escenario, Irán optó por resguardar sus aviones en una red de instalaciones subterráneas, como la base conocida como ‘Oghab 44’. Ubicada en la provincia de Hormozgan, esta instalación cuenta con hangares subterráneos, centros de mantenimiento, depósitos de combustible y armamento, además de sistemas de navegación y control. Según información oficial iraní, estas bases están diseñadas para albergar múltiples aeronaves y permitir su preparación operativa bajo tierra, reduciendo su exposición a ataques.
Protección de activos versus capacidad de combate
Sin embargo, esta estrategia también presenta limitaciones. Durante el conflicto, imágenes satelitales mostraron impactos en accesos a túneles y zonas cercanas a las pistas, lo que dificultó la salida de los aviones. En algunos casos, habrían colocado obstáculos en las pistas para evitar su uso por las fuerzas adversarias. Esto implicó que, aunque los sistemas permanecieran protegidos, su capacidad de intervención directa durante los combates fuera limitada.

En definitiva, la reaparición de las aeronaves luego del alto al fuego confirma que Irán conserva sus medios aéreos, incluyendo aviones cazas y otros sistemas que no fueron destruidos durante la campaña inicial. No obstante, la experiencia también dejó en evidencia una contradicción: resguardar los activos permite sostener el potencial militar en el tiempo, pero no garantiza su empleo efectivo en situaciones de combate, lo que expone un aspecto clave para evaluar en el equilibrio militar en la región.













