El abandono de aliados y la falta de atención estratégica están emergiendo como características destacadas en la política estadounidense. La politización de la seguridad nacional ha reemplazado la era en la que líderes como Ronald Reagan y Thomas “Tip” O’Neill colaboraban en pro del país y sus aliados contra la tiranía. Ahora, las puntuaciones políticas prevalecen sobre principios, y las promesas estadounidenses tienen una vigencia limitada.

En 1991, Rusia firmó los Protocolos de Alma-Ata reconociendo las fronteras existentes de la antigua Unión Soviética, incluyendo Crimea como parte de Ucrania. Sin embargo, la invasión rusa de Ucrania hace dos años y la hipocresía de Vladimir Putin al justificar la inacción en Armenia resaltan la cambiante dinámica geopolítica.

A pesar de ser signatario del Memorando de Budapest en 1994, comprometiéndose a respaldar a Ucrania, Estados Unidos parece haber olvidado su compromiso en la defensa de la soberanía. La resistencia ucraniana contra la agresión rusa demuestra su disposición a asumir la lucha, buscando solo el apoyo necesario.

La idea de culpar a Ucrania por la agresión rusa es equiparable a culpar a la víctima en casos de violencia doméstica. La agresión rusa y su búsqueda de reconstruir el imperio son amenazas que van más allá de las fronteras ucranianas. El aislacionismo estadounidense no garantiza la paz; más bien, posiciona a Estados Unidos en desventaja cuando se ve obligado a enfrentar conflictos.

Aunque algunos argumentan que la atención a Ucrania distrae de la verdadera amenaza de China, la analogía entre Rusia y China destaca similitudes en su rechazo a la independencia (Ucrania y Taiwán, respectivamente) y su desprecio por la democracia.

La sugerencia de que ayudar a Ucrania desvía recursos de otras prioridades internas es cuestionable. La oposición actual a Ucrania indica a China que puede actuar con impunidad en Taiwán después de dos años. Sin embargo, la realidad es que China podría seguir una estrategia gradual, al igual que Rusia, expandiendo su influencia sin llegar a una confrontación total.

En el contexto de eventos recientes en Oriente Medio, se destaca la falta de coherencia en la política estadounidense. El abandono de Afganistán y el silencio frente a agresiones respaldadas por Rusia e Irán envían señales contradictorias sobre la fiabilidad de Estados Unidos como aliado.

La cuestión no debería ser Ucrania o Taiwán, sino ambas. Si el presupuesto de defensa es insuficiente, la respuesta no debería ser la rendición, sino una defensa mejorada, aunque esto implique decisiones difíciles en gastos sociales. Ignorar el desafío solo generará costos mayores en el futuro. El liderazgo implica cruzar barreras partidistas para preparar a todos los estadounidenses para los desafíos que enfrentan.

Fuente: Michael Rubin en 1945

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Redacción
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