Irán anunció este 18 de abril el cierre total del Estrecho de Ormuz y advirtió que cualquier buque que intente avanzar hacia el paso será considerado objetivo mientras siga vigente el bloqueo estadounidense sobre puertos iraníes. La medida revierte la apertura parcial anunciada apenas un día antes y vuelve a empujar al Golfo a una fase de máxima tensión.

La decisión fue comunicada por la marina de la Guardia Revolucionaria, que extendió el cierre incluso al corredor que Teherán había habilitado el viernes para tránsito coordinado. En paralelo, el Consejo Supremo de Seguridad Nacional iraní sostuvo que no habrá reapertura mientras Estados Unidos mantenga el bloqueo sobre puertos y buques iraníes, al que considera una violación del alto el fuego.
El cierre vino acompañado de hechos en el agua. La agencia marítima británica UKMTO reportó que dos cañoneras vinculadas a Irán abrieron fuego contra un petrolero cerca de Omán sin emitir advertencia por radio, mientras que otro buque portacontenedores fue alcanzado por un proyectil desconocido en una zona cercana. No se informaron víctimas, pero los incidentes confirmaron que la restricción dejó de ser solo una amenaza política y ya está teniendo ejecución operativa.
La crisis también empezó a tener costos diplomáticos inmediatos. India convocó al embajador iraní después de que dos buques con bandera india tuvieran que revertir su curso por reportes de disparos en el estrecho. Del lado estadounidense, el CENTCOM informó que desde el inicio del bloqueo ya fueron obligados a regresar 23 buques que buscaban entrar o salir de puertos iraníes.
El punto de choque sigue siendo el mismo: Washington mantiene el bloqueo sobre la infraestructura portuaria iraní y afirma que seguirá vigente hasta que haya un acuerdo más amplio con Teherán. Irán, en cambio, sostiene que no puede haber libre navegación en Ormuz si sus propios puertos continúan bajo presión militar estadounidense. Esa disputa explica por qué la apertura del viernes duró tan poco.

La señal que deja el episodio es más grave que la del día anterior. El viernes, Irán había hablado de reapertura “completa” durante el período de cese del fuego, aunque ya condicionada a corredores definidos por Teherán y bajo control de la Guardia Revolucionaria. Lo que ocurrió este sábado es directamente un retroceso: el paso volvió a quedar cerrado y el control iraní pasó de la administración restrictiva a la interdicción total.
En el trasfondo sigue abierta la negociación. Pakistán continúa actuando como intermediario y autoridades iraníes reconocieron que están revisando nuevas propuestas de Estados Unidos, aunque también dejaron en claro que no aceptarán exigencias máximas ni entregarán su uranio enriquecido. Donald Trump dijo este sábado que Irán “se puso un poco vivo”, pero sostuvo que las conversaciones siguen siendo buenas.
El problema es que el tiempo se achica. El alto el fuego vigente vence el 22 de abril y el nuevo cierre del estrecho vuelve a poner presión sobre uno de los nodos más sensibles del sistema energético global. Antes de la guerra, por Ormuz transitaba cerca de una quinta parte del petróleo y del gas natural licuado comercializado en el mundo. Por eso cada giro en este paso ya no afecta solo a Irán y EE.UU., sino al comercio marítimo, a las cadenas energéticas y a la estabilidad económica global.
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Biden negoció el JCPOA durante 4 años y no consiguió nada. Biden no estaba en guerra con Irán, no había lanzado un Tomahawk en una escuela de nenas. El que crea que Trump vá a resolver esto en 2 meses, es porque no consigue leer el conflicto. Iran está sentado en el reloj, y el horizonte son las midterms.