Con el panorama actual, un informe sostiene que la competencia entre grandes potencias está modificando la arquitectura de la disuasión internacional y obliga a replantear la relación entre los escenarios euro atlántico e indo-pacífico. Tradicionalmente considerados teatros separados, este enfoque advierte que los dos espacios enfrentan ahora desafíos operativos similares que requieren respuestas coordinadas entre aliados.

Puntualmente, el documento señala que la convergencia estratégica surge de un problema común, la interrogante de cómo impedir que potencias nucleares con capacidades de negación de acceso limiten el poder militar estadounidense y alteren los equilibrios regionales. En este sentido, esta dinámica ya estaría influyendo en la planificación de fuerzas, los conceptos operativos y las prioridades industriales de defensa, desplazando la lógica de la disuasión hacia esquemas más integrados entre regiones.
En un contexto de tensiones globales y escaladas militares, especialmente la guerra en Ucrania y el uso de sistemas de drones y municiones de precisión, situaciones que ponen en evidencia un cambio doctrinal. En virtud de estos factores, la guerra ya no depende exclusivamente de plataformas de alto costo, sino de la combinación entre precisión y volumen de capacidades. Con un nuevo eje en la producción sostenida, la resiliencia industrial y la proliferación de sistemas no tripulados, que pasan a tomar un lugar central en la disuasión.
El problema de simultaneidad
Como respuesta a estas dinámicas, emerge el denominado “problema de simultaneidad” que es la posibilidad de que Estados Unidos enfrente dificultades para sostener crisis en Europa y Asia al mismo tiempo. En definitiva, el estudio sostiene que esta percepción está impulsando un mayor protagonismo de los aliados y la necesidad de cooperación industrial y tecnológica, especialmente en defensa aérea y antimisiles, fuegos de largo alcance, redes militares resilientes y sistemas autónomos.

Consecuentemente, la disuasión futura va a depender cada vez más de la capacidad de producción y coordinación entre aliados antes que del despliegue aislado de fuerzas militares. En este sentido, un modelo de cooperación selectiva, aparece como la opción más viable para sostener la estabilidad estratégica frente a adversarios capaces de actuar en distintos teatros. En un entorno internacional marcado por conflictos prolongados y competencia tecnológica, la capacidad de producir en conjunto se perfila como un componente esencial de la disuasión efectiva.













