Con la mira puesta en África, Rusia afirmó haber obtenido más de 15.000 millones de dólares en exportaciones de armamento militar durante 2025, pese a las sanciones occidentales impuestas tras la invasión de Ucrania. El anuncio fue realizado por el presidente Vladimir Putin durante una reunión de la Comisión de Cooperación Técnico-Militar celebrada el 30 de enero en Moscú, donde aseguró que los contratos fueron “cumplidos con solvencia” y que los ingresos permitirán modernizar la industria de defensa, ampliar la capacidad productiva y financiar programas de investigación.

Como consecuencia de confirmarse, la cifra representaría una fuente relevante de ingresos para el sector militar ruso en un contexto de economía de guerra y creciente presión internacional. Sin embargo, incluso desde el propio análisis oficial, persisten dudas sobre la sostenibilidad de estos niveles de exportación, debido al elevado consumo interno de equipamiento militar y al aislamiento diplomático que enfrenta Moscú a medida que el conflicto en Ucrania se aproxima a su cuarto año.
De este modo, las cifras difundidas por el Kremlin contrastan con estimaciones alternativas que señalan una fuerte contracción de las exportaciones rusas de armas desde 2021. Distintos análisis coinciden en que las ventas externas se redujeron de manera significativa entre 2021 y 2023, aunque con diferencias en los montos exactos. Esta falta de consenso se ve agravada por la decisión de Rusia de dejar de publicar datos detallados sobre sus contratos de exportación y de suspender el suministro de información a organismos pertinentes de las Naciones Unidas tras febrero de 2022.
África se consolida como eje prioritario para Rusia
En contraste, los datos disponibles indican que el crecimiento reciente de las principales empresas de defensa rusas respondió principalmente a la demanda militar interna. El aumento de ingresos registrado por compañías como Rostec y United Shipbuilding Corporation en 2025 se explica por la producción destinada al abastecimiento del ejército ruso, que compensó ampliamente la pérdida de ingresos asociada a la caída de las exportaciones.

En este contexto, África se consolida como un eje prioritario de la estrategia rusa de exportaciones militares. El director ejecutivo de Rosoboronexport, Alexander Mikheyev, afirmó que la cooperación técnico-militar con países africanos alcanzó niveles no vistos desde la era soviética, e incluso superiores en algunos aspectos. El Kremlin priorizó las ventas de armamento a África, Asia y Oriente Medio —regiones menos expuestas a las sanciones occidentales— utilizando las exportaciones de armas como una herramienta clave para sostener ingresos y reforzar su proyección geopolítica.
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