Europa no estaría en condiciones de garantizar por sí sola una disuasión nuclear creíble frente a una potencia como Rusia si Estados Unidos retirara su respaldo estratégico, según un informe difundido en Londres y París que reavivó un debate latente en el continente. La advertencia se produce en un contexto de creciente incertidumbre sobre el compromiso estadounidense con la seguridad europea y de discusiones incipientes sobre alternativas nucleares propias.

El análisis sostiene que, pese a los avances recientes en la cooperación entre Reino Unido y Francia, los únicos Estados europeos con armas nucleares, la arquitectura actual no alcanza para sustituir el paraguas de disuasión extendida que históricamente ha proporcionado Washington a través de la OTAN. La cuestión volvió a ganar tracción política tras episodios que alimentaron dudas sobre la previsibilidad estratégica estadounidense y su disposición a asumir riesgos nucleares en defensa de aliados europeos.
En ese marco, el debate dejó de limitarse a círculos académicos o estratégicos. En Suecia, medios influyentes y analistas plantearon por primera vez en décadas la posibilidad de esquemas nucleares conjuntos a nivel nórdico, mientras que en Alemania comenzó a erosionarse el histórico tabú político sobre la discusión nuclear. En Polonia, el propio primer ministro llegó a sugerir que Varsovia debería evaluar opciones ante un eventual debilitamiento del compromiso estadounidense.
El informe subraya, sin embargo, que los desarrollos más concretos se concentran en Londres y París. El Reino Unido mantiene desde hace décadas su arsenal nuclear plenamente integrado a la OTAN, mientras que Francia preserva una fuerza nuclear independiente, aunque con una “dimensión europea” explícita en su doctrina estratégica. Esa ambigüedad permitió, en los últimos años, avanzar hacia un entendimiento más profundo entre ambas potencias.
Cooperación franco-británica y límites estructurales
El punto de inflexión fue la Declaración de Northwood, firmada en julio de 2025, que llevó más lejos compromisos previos al establecer la coordinación del uso de armas nucleares y afirmar que no existe una amenaza extrema contra Europa que no provocaría una respuesta conjunta de ambos países. A partir de ese acuerdo, Francia y el Reino Unido crearon un grupo de conducción nuclear bilateral y profundizaron intercambios sensibles, incluyendo la observación británica de ejercicios nucleares franceses.

Pese a estos avances, el informe es categórico al señalar las limitaciones. Los arsenales británico y francés son significativamente más reducidos que el estadounidense y responden a doctrinas distintas. Desde Washington se argumenta que una disuasión extendida creíble requiere la capacidad de neutralizar fuerzas estratégicas adversarias antes de su lanzamiento, algo que solo un arsenal amplio y altamente sofisticado puede garantizar. Bajo esa lógica, Europa no podría hoy ofrecer a terceros la misma garantía nuclear que Estados Unidos.
Desde París, en cambio, analistas cercanos a la doctrina de “suficiencia estricta” sostienen que la credibilidad no depende únicamente del volumen de ojivas, sino de la certeza política de su empleo. Esa visión ganó terreno en sectores de la dirigencia alemana, que ven en la proximidad geográfica y en la claridad de intereses franceses un factor de disuasión potencialmente más tangible, aunque con menores capacidades técnicas.

El problema, advierte el informe, es que la credibilidad política es volátil. Cambios de liderazgo, presiones internas o reconfiguraciones del escenario europeo podrían alterar rápidamente los cálculos estratégicos. En Francia, el crecimiento de fuerzas políticas con visiones más nacionalistas introduce un interrogante adicional sobre la disposición futura a asumir riesgos nucleares en defensa de terceros.
En el corto plazo, el debate seguirá moviéndose entre la prudencia y la necesidad. La posibilidad de ejercicios conjuntos, despliegues simbólicos o incluso el preposicionamiento de capacidades nucleares francesas en otros países europeos aparece como un horizonte de discusión, pero no como una solución inmediata. Mientras tanto, la conclusión central del informe permanece abierta: sin Estados Unidos, Europa enfrenta un vacío estratégico que la cooperación actual aún no logra llenar, en un contexto internacional cada vez más marcado por la competencia entre grandes potencias y la erosión de los consensos de seguridad heredados de la posguerra.
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