La discusión sobre si Londres puede —y quiere— sostener en el tiempo su presencia militar en las Islas Malvinas volvió a instalarse con fuerza en 2025, cuando medios británicos y legisladores pusieron el foco en el esfuerzo logístico y presupuestario que implica mantener una guarnición permanente en las Islas. A más de cuatro décadas de la guerra, el interrogante ya no gira solo en torno a la soberanía, sino también a la viabilidad operativa de una postura de defensa que el Reino Unido considera central en el Atlántico Sur.

En ese marco, el factor externo también pesó en la conversación, donde la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca reavivó incertidumbres sobre el grado de compromiso militar de Washington con Europa y sus aliados. Aunque Malvinas no depende formalmente de Estados Unidos, el debate británico sobre prioridades estratégicas y “cargas” de defensa se volvió más sensible en un contexto de reacomodos, presiones presupuestarias y demandas múltiples en el tablero global.
Con ese telón de fondo, recientemente un medio británico especializado en defensa interpretó que los recientes ejercicios militares del Reino Unido en el Atlántico Sur tuvieron el objetivo político explícito de demostrar poder y disuadir a la Argentina en el marco de una disputa que sigue siendo un punto de fricción. La operación Southern Sovereignty, como el mejor ejemplo, combinó activos de la Real Armada, el Ejército Británico y la Real Fuerza Aérea en un esquema conjunto entre Malvinas, Georgias del Sur y la isla Ascensión. El operativo fue presentado como una prueba de coordinación en un área de gran extensión, con acciones simultáneas en mar, tierra y aire.
Southern Sovereignty y la presencia multi-dominio británica
El mensaje de este ejercicio puntual es doble. Por un lado, sostener opciones de respuesta rápida en una región condicionada por distancias y clima; por otro, marcar continuidad de control y presencia mediante ejercicios visibles y planificados. Pero la operación también incorporó una mezcla de objetivos operativos con tareas de infraestructura, reforzando la narrativa británica de que la presencia se legitima no solo por la fuerza, sino por la capacidad de sostener funciones, abastecimiento y continuidad en el tiempo.

En la comunicación oficial, el comandante de British Forces South Atlantic Islands, brigadier Charlie Harmer, sostuvo que el ejercicio permitió “proyectar poder” en los tres dominios y contribuye a la misión de disuadir agresiones y demostrar soberanía “en acción”. En términos prácticos, esa formulación resume el encuadre británico: entrenamiento + señal + disuasión como parte de un mismo escenario.
En esa lógica, movimientos como los despliegues del A400M y la centralidad de Monte Agradable funcionan como recordatorio de que la postura británica en el Atlántico Sur descansa en la guarnición permanente, la presencia aérea y el componente naval, con capacidad de reacción y soporte logístico.
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