El despliegue del portaaviones USS Abraham Lincoln, marcado por 302 días en el mar entre Medio Oriente y el Indo-Pacífico, se consolidó como el segundo más largo realizado por un portaaviones de propulsión nuclear de la Armada de EE.UU. desde el fin de la Guerra Fría. Este registro histórico solo es superado por los 326 días alcanzados por el USS Gerald R. Ford, representando un caso de estudio sobre la proyección aeronaval, la interoperabilidad con fuerzas aliadas y el sostenimiento logístico en alta mar.

A lo largo de dicho período, el Ala Aérea Embarcada 9 concretó más de 10.000 salidas de vuelo y el empleo de aproximadamente 680 toneladas de municiones guiadas, utilizando vectores de combate como cazas F-35C Lightning II, F/A-18 Super Hornet, aviones de guerra electrónica EA-18G Growler y plataformas de alerta temprana E-2D Hawkeye.

Posteriormente, la fuerza inició su repliegue estratégico hacia el Pacífico Occidental para reincorporarse a las operaciones de la Séptima Flota. Tras interrumpir un extenso intervalo de ocho meses y medio sin tocar puerto mediante una escala técnica en Pattaya, Tailandia, del 2 al 6 de septiembre, el Grupo de Ataque de Portaaviones 3 retomó sus tareas en el Mar del Sur de China. En este corredor y durante su posterior cruce por el mar de Sulu, el portaaviones ejecutó ejercicios de combate y maniobras de reabastecimiento en el mar junto a las fragatas HMAS Perth y HMAS Stuart de la Real Armada Australiana.


Finalmente, el arribo a la Base Naval de Guam el 19 de septiembre oficializó la primera escala del personal en suelo norteamericano tras nueve meses de misión, marcando el tramo de navegación definitivo hacia la costa oeste de Estados Unidos. En tanto la nave insignia completa su retorno, los destructores de escolta USS Spruance y USS Michael Murphy permanecen desplegados de forma preventiva en el mar Arábigo para garantizar la continuidad de la presencia militar estadounidense en Medio Oriente.
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