La Real Armada del Reino Unido enfrenta una severa crisis de capacidad naval que compromete su presencia en las Islas Malvinas mientras intenta contener la creciente amenaza de los submarinos de Rusia en el Atlántico Norte. Esta doble presión geopolítica ha encendido las alarmas tanto en el alto mando militar como en los círculos de inteligencia defensiva en Londres.

En primer lugar, el jefe de la Armada británica (First Sea Lord), General Sir Gwyn Jenkins, advirtió durante un discurso privado en Admiralty House que “la mayor amenaza para nuestra seguridad hoy en día es Rusia”. Según reveló el alto mando, la Armada británica se ve obligada a desplegar dos buques de guerra cada semana únicamente para monitorear y rastrear los movimientos de la flota de Vladimir Putin.
En este contexto, Jenkins detalló que “Rusia conserva submarinos avanzados que son cada vez más difíciles de rastrear, armas de precisión de largo alcance y sistemas especializados diseñados para operar a gran profundidad”. Asimismo, alertó sobre las incursiones de Moscú en la “zona gris”, afirmando que “Rusia está sondeando, probando y mapeando debilidades, especialmente alrededor de la infraestructura submarina crítica de la que dependen las sociedades modernas”.

Para argumentar la urgencia de reconstruir el poder naval, Jenkins hizo un llamado directo a “fortalecer nuestra preparación para la guerra y redescubrir lo que significa ser una nación marítima”. Para lograrlo, defendió la inversión masiva en buques no tripulados y tecnología de drones. Sobre este punto, aseveró que la incorporación de la “Armada Híbrida” hará a la flota “más grande, más letal, más difícil de fijar u orillar en combate, al tiempo que nos permitirá adaptarnos más rápido e imponer más dilemas al enemigo”.
El frente de Malvinas
Por otro lado, la limitada disponibilidad de buques británicos ha reavivado la preocupación por la defensa del Atlántico Sur. Al respecto, el analista de política exterior y exasesor de Margaret Thatcher, Nile Gardiner, reaccionó ante la iniciativa del gobierno de Javier Milei en Argentina de solicitar la aprobación legislativa para un paquete de USD 3.500 millones destinado a modernizar la Armada Argentina con tres submarinos convencionales y dos fragatas multimisión.
Frente a este escenario, Gardiner afirmó categóricamente que “el Reino Unido debe estar preparado para la guerra en los próximos años para defender las Islas Malvinas” y reclamó elevar el gasto militar británico al menos al 5% del PIB.
En consecuencia, el dramático reclamo de la cúpula militar choca con la realidad de una flota en su nivel más reducido en la memoria reciente. Sin embargo, el Primer Ministro Andy Burnham se ha negado a garantizar el aumento del gasto de defensa al 3% del PIB para 2030, insistiendo en que la seguridad nacional no puede financiarse a expensas del presupuesto de bienestar social.
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