La guerra híbrida entre Rusia y Alemania escaló del terreno digital a la interferencia física tras el intento de sabotaje con drones registrado el 4 de agosto de 2026 en el aeropuerto de Leipzig/Halle. Durante la jornada, un dispositivo cargado con explosivos cayó cerca de un avión ucraniano Antonov-124, mientras que un segundo objeto colisionó a más de 600 metros de altura contra un avión de carga de DHL, obligándolo a realizar un aterrizaje de emergencia en Hannover.

Este episodio representa la evolución de una campaña asimétrica que comenzó con granjas de trolls, redes de desinformación como Doppelgänger e interferencia en la política interna. De acuerdo con la Oficina Federal de Investigación Criminal (BKA), solo en lo que va de 2026 se contabilizaron más de 165 actos de sabotaje y 740 avistamientos de aeronaves no identificadas sobre infraestructuras estratégicas alemanas. Estas incursiones aéreas abarcaron desde astilleros navales en Kiel hasta instalaciones del sistema antimisiles Arrow 3 y plantas de la industria de defensa.
Ante las evidencias recopiladas por los servicios de inteligencia, el Gobierno federal alemán atribuyó formalmente la autoría del atentado a Moscú y ejecutó una drástica respuesta institucional.

El canciller Friedrich Merz fijó para el 18 de septiembre de 2026 el cierre definitivo del Consulado General de Rusia en Bonn, rescindió el acuerdo de la Casa Rusa en Berlín y dispuso duplicar la unidad especial de defensa aérea de la Policía Federal, la cual pasará de 130 a 300 especialistas repartidos en ocho sedes.
La medida desató una inmediata escalada diplomática con el Kremlin. El ministro de Asuntos Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, rechazó las acusaciones y afirmó que la postura de Berlín representa el comienzo de una “guerra de verdad”. Como contraofensiva, Moscú dispuso la clausura de las filiales del Instituto Goethe en territorio ruso y la expulsión del cuerpo diplomático del Consulado General de Alemania en San Petersburgo, elevando la tensión entre ambos países.
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