China está incrementando su actividad naval, submarina y de vigilancia en distintos puntos estratégicos del Indo-Pacífico mientras Estados Unidos mantiene una parte significativa de sus fuerzas concentrada en Medio Oriente y la atención internacional continúa dominada por las guerras en Irán y Ucrania. Vehículos submarinos de origen chino encontrados en aguas de países vecinos, nuevas operaciones de guerra submarina y relevamiento oceánico, patrullas frente a Filipinas, movimientos de buques cerca de Japón y maniobras realizadas inmediatamente después de operaciones estadounidenses comienzan a mostrar un patrón de presencia cada vez más persistente alrededor de la denominada Primera Cadena de Islas.

No se trata de una única operación coordinada ni existe evidencia pública de que Beijing esté preparando una ofensiva aprovechando la concentración estadounidense en otros escenarios. El fenómeno es más gradual: China continúa recopilando información submarina, normalizando la presencia de sus buques en espacios disputados y proyectando fuerzas cada vez más lejos de sus costas, incluso mientras Washington debe distribuir recursos militares entre Asia, Europa y Medio Oriente. La exoficial de la Armada australiana Jennifer Parker señaló a Reuters que los conflictos externos desviaron parte de la atención internacional, pero que simultáneamente las actividades chinas se expandieron tanto en el Mar de China Meridional como más allá de él.
Beijing rechaza esa lectura y sostiene que muchas de sus actividades son legales, rutinarias o de carácter científico. Frente a las acusaciones sobre equipos submarinos encontrados fuera de China, su Ministerio de Relaciones Exteriores afirmó que no resulta extraño que dispositivos civiles de monitoreo marítimo terminen desplazándose hacia aguas extranjeras. Sin embargo, la cantidad de hallazgos y, sobre todo, los lugares donde aparecen, están generando creciente atención entre gobiernos y especialistas regionales.
Vehículos submarinos chinos aparecen en algunos de los pasos más sensibles de Asia
Una de las señales más difíciles de observar está literalmente debajo del agua. El 6 de abril, pescadores de Indonesia encontraron en el estrecho de Lombok un dispositivo de aproximadamente 3,7 metros de longitud y forma similar a un torpedo, identificado por especialistas como un sistema chino de monitoreo submarino. El equipo llevaba referencias vinculadas con China Shipbuilding Industry Corporation y fue trasladado por la Armada indonesia para su análisis. ABC Australia documentó posteriormente que el sistema estaba diseñado para recopilar información bajo el agua y transmitir datos mediante boyas de comunicación.
El episodio no quedó aislado. Durante abril fueron encontrados otros dos objetos submarinos en aguas indonesias, uno cerca de las islas Tanakeke y otro frente a Kangean. Los tres aparecieron dentro o en las proximidades del corredor marítimo ALKI II, que conecta los océanos Índico y Pacífico a través de los estrechos de Makassar y Lombok. Un análisis del Australian Strategic Policy Institute destacó que se trata de rutas particularmente relevantes para submarinos, debido tanto a su profundidad como a su posición entre el Pacífico occidental y las aguas próximas a Australia.

Filipinas detectó previamente una secuencia similar. En septiembre de 2025, pescadores recuperaron frente a Palawan un vehículo submarino de unos 3,6 metros, equipado con sensores de conductividad, temperatura y profundidad. La Guardia Costera filipina señaló entonces que al menos cinco dispositivos de origen chino habían sido recuperados desde 2022 y que uno de ellos había mostrado comunicaciones cifradas hacia China continental durante su operación.
El interés submarino coincide con una campaña mucho más amplia. Escenario Mundial informó en marzo que China está relevando el fondo marino en sectores del Pacífico, Índico y Ártico, incluyendo rutas próximas a Taiwán, Guam y el estrecho de Malaca. Datos como temperatura, salinidad, corrientes, acústica y características del lecho marino tienen aplicaciones científicas, pero también son esenciales para navegación submarina, detección mediante sonar y guerra antisubmarina.
China desplegó buques frente a Filipinas después de la salida del USS George Washington
La actividad también es visible en superficie. A fines de julio, el grupo de ataque del portaaviones USS George Washington (CVN-73) ingresó al Mar de China Meridional después de una sucesión de enfrentamientos entre fuerzas chinas y filipinas. Escenario Mundial documentó el despliegue estadounidense, que incluyó operaciones cerca de uno de los principales puntos de fricción marítima regional.
La respuesta china llegó prácticamente inmediatamente después. Tras la salida del portaaviones estadounidense de la zona, Beijing concentró cerca del Bajo de Masinloc o Scarborough Shoal una agrupación que incluyó destructores, fragatas y unidades anfibias, además de aeronaves preparadas para misiones de ataque marítimo. Mientras China informó oficialmente que estaba desarrollando patrullas de combate navales y aéreas destinadas a proteger sus reivindicaciones territoriales.

El movimiento resulta significativo no porque demuestre una confrontación directa con el George Washington, sino porque muestra la capacidad china de llenar rápidamente el espacio marítimo con sus propias fuerzas una vez terminada una operación estadounidense. Escenario Mundial ya había registrado a comienzos de agosto cómo fuerzas de Estados Unidos, Filipinas y Japón operaban simultáneamente mientras Beijing reforzaba su presencia alrededor del Bajo de Masinloc.
Japón registra una presencia cada vez mayor de buques chinos y rusos
Más al norte aparece otro componente. Durante julio, China y Rusia realizaron Joint Sea-2026 y posteriormente enviaron una fuerza naval conjunta a través de algunos de los principales corredores que conectan las aguas chinas con el Pacífico.
El Ministerio de Defensa de Japón confirmó el seguimiento de cuatro buques chinos y rusos, entre ellos un destructor chino Type 055, otro Type 052D, un buque logístico Type 903A y una unidad rusa. Días después, Tokio volvió a detectar la formación en aguas del Pacífico occidental.
La secuencia continuó en agosto. El 2 de agosto, Japón detectó nuevamente los tres buques chinos navegando cerca de Tsushima, después de haber completado una extensa patrulla que los llevó desde el Mar Amarillo hacia el Pacífico occidental, el Mar de Ojotsk y el Mar de Japón. Escenario Mundial siguió esa operación desde su paso conjunto con Rusia por Okinawa y Miyako.

A esto se sumó esta semana una maniobra particularmente sensible: China e Indonesia realizaron por primera vez un ejercicio naval conjunto al este de Taiwán. Jakarta aseguró que se trató simplemente de un ejercicio de navegación durante el tránsito de uno de sus buques, mientras Taipéi denunció la actividad como una provocación militar.
La presión coincide con una dispersión de los recursos militares estadounidenses
El telón de fondo es la creciente dificultad estadounidense para sostener simultáneamente varios teatros. Escenario Mundial informó en julio que más de 20 buques estadounidenses estaban concentrados en Medio Oriente mientras Washington prometía mantener su presencia frente a China. A esa exigencia se suman el consumo de municiones en la guerra contra Irán, el apoyo a Ucrania y la necesidad de preservar arsenales y fuerzas para una eventual contingencia en el Indo-Pacífico.
Washington mantiene ejercicios con Filipinas, Japón, Australia y otros socios, y en junio reunió al portaaviones con destructores, un submarino USS Minnesota (SSN-783) y unidades japonesas durante Valiant Shield 2026.
Lo que cambia es el entorno en el que debe operar. China ya no necesita producir una gran crisis para modificar gradualmente el equilibrio marítimo regional. Puede recopilar información bajo el agua, sostener patrullas de superficie, incrementar su cooperación con Rusia, incorporar países del Sudeste Asiático a ejercicios y aparecer con rapidez alrededor de zonas disputadas cuando las fuerzas estadounidenses se retiran.
Tomados individualmente, ninguno de esos movimientos demuestra que Beijing esté preparando una guerra ni que haya decidido aprovechar militarmente la concentración estadounidense en Medio Oriente. Observados en conjunto, sin embargo, muestran una expansión sostenida de la capacidad china para conocer, vigilar y operar en los espacios marítimos que serían centrales en cualquier futura crisis con Estados Unidos y sus aliados. Mientras las guerras abiertas concentran la atención sobre Ucrania e Irán, buena parte de la competencia estratégica entre Washington y Beijing continúa avanzando de una manera mucho menos visible: sobre el mar y, cada vez más, debajo de él.
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