Oficiales estadounidenses estudiaron en profundidad la Guerra de Malvinas antes de participar en la planificación de la Operación Tormenta del Desierto (Operation Desert Storm) contra Irak, según un análisis sobre el futuro de las operaciones anfibias.

El artículo, elaborado por Brian Kerg y publicado en War on the Rocks, planificador operacional del Cuerpo de Marines de Estados Unidos (United States Marine Corps), sostiene que las experiencias del conflicto del Atlántico Sur influyeron sobre el plan de guerra estadounidense y la evolución de su doctrina anfibia.
De acuerdo con el autor, muchos de los oficiales que participaron de la campaña para liberar Kuwait habían estudiado previamente la Guerra de Malvinas en las escuelas de guerra estadounidenses. El conflicto de 1982 había expuesto los riesgos que enfrentaban los buques de una fuerza anfibia al operar dentro del alcance de aeronaves y misiles antibuque enemigos.
Las lecciones de los ataques argentinos contra la flota británica
El análisis presenta a la Guerra de Malvinas como un punto de inflexión para la planificación de los desembarcos anfibios modernos.
Durante el conflicto, la fuerza naval británica quedó expuesta a sucesivos ataques argentinos mientras transportaba tropas, equipos y suministros hacia las islas. La necesidad de permanecer cerca de la zona de operaciones convirtió a sus buques en blancos para aeronaves y sistemas antibuque.
Según Kerg, el entonces comandante de la fuerza británica, almirante Sandy Woodward, comprendía que la pérdida de unos pocos buques fundamentales podía volver inviable la continuidad de la campaña naval.

La flota sufrió ataques aéreos y misilísticos durante buena parte de la operación. El autor destaca especialmente el efecto de los misiles Exocet empleados por la Argentina, cuya amenaza continuó condicionando los movimientos británicos durante el conflicto.
Para el análisis, la campaña demostró que una fuerza anfibia podía quedar gravemente comprometida incluso sin sufrir una derrota completa. La pérdida de un solo buque cargado con tropas, vehículos y suministros podía reducir las capacidades disponibles y elevar considerablemente el costo político de continuar una operación.
Estas lecciones todavía estaban presentes cuando Estados Unidos comenzó a preparar la ofensiva contra las fuerzas iraquíes que habían ocupado Kuwait en agosto de 1990.
Estados Unidos descartó un desembarco sobre Kuwait
Durante la planificación de la Operación Tormenta del Desierto, Estados Unidos consideró emplear dos Brigadas Expedicionarias de Marines (Marine Expeditionary Brigades) para ejecutar un desembarco destinado a apoyar la liberación de Kuwait.
Sin embargo, el general Norman Schwarzkopf terminó descartando el ataque anfibio debido al riesgo que enfrentaban los buques y las fuerzas embarcadas.
El artículo atribuye la decisión principalmente a las minas navales colocadas por Irak en el Golfo Pérsico y a la posibilidad de que la flota estadounidense fuera atacada con misiles antibuque.

Entre las amenazas consideradas aparecía nuevamente el Exocet, el mismo sistema que había demostrado su capacidad contra los buques británicos durante la Guerra de Malvinas.
La presencia de minas y misiles convertía a las embarcaciones anfibias en blancos vulnerables durante el momento más delicado de la operación: la aproximación a la costa y el traslado de las primeras tropas hacia las playas.
El caso es presentado por Kerg como una muestra concreta de la influencia que las lecciones de Malvinas tuvieron sobre los responsables de planificar la campaña de 1991. Según su planteo, el conflicto del Atlántico Sur ayudó a demostrar que las grandes operaciones anfibias tripuladas podían resultar demasiado costosas frente a un adversario equipado con armas antibuque modernas.
De Malvinas a las primeras oleadas no tripuladas
El artículo utiliza la conexión entre Malvinas y Tormenta del Desierto para analizar el futuro de los desembarcos anfibios.
La expansión de los radares, los sistemas de vigilancia, los drones y las armas de precisión incrementó todavía más los riesgos observados en 1982. Una fuerza que intenta desembarcar debe concentrar buques y permanecer durante un período prolongado dentro de una zona donde puede ser detectada y atacada.
Frente a este escenario, Kerg sostiene que las primeras oleadas de los futuros asaltos anfibios podrían estar compuestas por embarcaciones y vehículos terrestres no tripulados.

El autor toma como referencia una operación difundida por Ucrania el 13 de julio de 2026. En las imágenes, una embarcación no tripulada llegó hasta una playa, abrió su rampa y desplegó un vehículo terrestre armado con una ametralladora controlada a distancia.
Para Kerg, las fuerzas no tripuladas no eliminarían todos los problemas de un desembarco, pero podrían trasladar hacia máquinas una parte del riesgo que condicionó las decisiones británicas durante la Guerra de Malvinas y llevó a Estados Unidos a descartar el ataque anfibio sobre Kuwait.
El análisis concluye que las lecciones del conflicto de 1982 continúan vigentes. Sin embargo, la incorporación de sistemas navales y terrestres no tripulados podría modificar nuevamente la ecuación y devolverles a las operaciones anfibias una viabilidad que las armas de precisión habían reducido durante las últimas décadas.
Te puede interesar: Malvinas a 44 años de la guerra: San Carlos y el punto donde comenzó el avance terrestre británico












