El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó este lunes que Washington mantiene conversaciones con Irán y que todavía existe la posibilidad de alcanzar un acuerdo que evite una nueva escalada. Sin embargo, advirtió que, si estas gestiones no producen resultados, Estados Unidos reanudará los bombardeos suspendidos tras trece jornadas consecutivas de ataques. “Creo que hay una buena posibilidad de que algo ocurra y, si no ocurre, volveremos a hacer lo que estábamos haciendo hace dos días”, declaró el mandatario.

Por su parte, Irán presenta una versión más cautelosa. El portavoz de su Ministerio de Relaciones Exteriores, Esmail Baghaei, confirmó que ambas partes continúan intercambiando mensajes mediante mediadores y aseguró que Teherán no ha abandonado la diplomacia. No obstante, negó que su gobierno haya solicitado formalmente retomar las negociaciones y calificó esas versiones como “fabricadas”. Así, mientras Trump intenta mostrar que la presión militar ha llevado a Irán nuevamente al diálogo, Teherán evita aparecer como si estuviera negociando desde una posición de debilidad.
Una pausa militar bajo amenaza
Trump ha presentado la suspensión de los bombardeos como una oportunidad limitada para alcanzar un acuerdo. Según explicó, decidió detener temporalmente las operaciones después de que los aliados de Estados Unidos involucrados en la mediación le solicitaran dar espacio a la diplomacia. Sin embargo, también aclaró que no está dispuesto a prolongar indefinidamente las conversaciones: “O avanzan rápido o no avanzan”, afirmó.
De esta manera, la estrategia no implica sustituir la presión militar por la negociación, sino combinar ambas herramientas. Así, Washington busca utilizar la posibilidad de nuevos ataques para acelerar las conversaciones y obtener concesiones iraníes antes de que la pausa pierda impulso. En ese sentido, la decisión parece responder a una recalibración estratégica y no a un cambio de rumbo de la Casa Blanca: Estados Unidos abre una ventana diplomática, pero mantiene la amenaza de una ofensiva mayor como instrumento de presión.
La perspectiva Iraní
Desde la perspectiva iraní, aceptar públicamente la narrativa estadounidense equivaldría a reconocer que los bombardeos obligaron a Teherán a negociar. Por ello, Irán distingue entre el intercambio de mensajes mediante intermediarios y la reanudación de conversaciones formales. Además, el gobierno iraní también ha señalado que podría mantener suspendidos sus propios ataques mientras Estados Unidos respete la pausa, una posición que reduce temporalmente el riesgo de una confrontación directa, pero permite reactivar las operaciones si alguna de las partes considera que la otra incumplió el entendimiento informal.

Ataques en frentes aliados
Aunque Estados Unidos e Irán han suspendido temporalmente sus ataques directos, la tensión continúa manifestándose en otros frentes. Por una parte, Arabia Saudita informó que derribó drones dirigidos contra objetivos petroleros, incluidos algunos ubicados en Riad, y atribuyó su lanzamiento a grupos armados respaldados por Irán que operan desde Irak. El gobierno saudí señaló además que se reserva el derecho de responder.
Por otra parte, la tensión también se extendió a los aliados regionales de Washington. Los hutíes de Yemen reivindicaron un ataque contra el oleoducto Este-Oeste de Arabia Saudita, una infraestructura estratégica que conecta los campos petroleros del este del país con el puerto de Yanbu, en el mar Rojo. Aunque no se reportaron interrupciones significativas en el suministro, la operación confirmó que los grupos alineados con Teherán conservan capacidad para amenazar instalaciones energéticas saudíes. El ataque también supone la ruptura de la tregua de facto que los hutíes mantenían con Riad, luego de una nueva escalada contra instalaciones vinculadas a Aramco. En paralelo, Jordania informó que derribó drones que atravesaban su espacio aéreo, aunque no precisó su procedencia. Estos episodios muestran que la pausa entre Estados Unidos e Irán no ha detenido la presión indirecta sobre sus socios regionales.

Estos ataques permiten a Irán mantener presión sobre los aliados regionales de Estados Unidos sin romper abiertamente la pausa con Washington. También revelan uno de los principales riesgos del escenario actual: aunque las dos potencias eviten enfrentarse directamente, las acciones de milicias asociadas a Teherán podrían provocar represalias saudíes o estadounidenses y desencadenar una nueva escalada regional.
Por último, se debe tener en cuenta también los límites de la campaña estadounidense, pues, según la versión de un funcionario estadounidense recogida por Reuters, los comandantes militares informaron a Trump que se estaban quedando sin objetivos relevantes. Así mismo, el presidente del Estado Mayor Conjunto, general Dan Caine, también habría expresado preocupación por el agotamiento de determinadas municiones aéreas.
Teniendo en cuenta ello, la suspensión de los bombardeos no debe interpretarse todavía como el inicio de una paz negociada. Se trata de una pausa operativa, frágil y condicionada, en la que cada parte intenta mejorar su posición sin aparecer como responsable de una nueva escalada. Mientras Washington exija libertad de navegación, Irán insista en supervisar el tránsito por Ormuz y los ataques regionales continúen, seguirá existiendo un riesgo elevado de que la campaña militar se reanude.
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