La Fuerza Aérea de Estados Unidos proyecta disponer de 1.509 cazas asignados a misiones de combate para 2035, aproximadamente el 60 % correspondería a aeronaves furtivas. El objetivo combina agrandar el inventario y a su vez transformar la tecnología de la flota, en la que los F-35A Lightning II y el futuro F-47 tendrán un papel central. La estimación fue presentada el 20 de octubre por el teniente general David Tabor, subjefe de Estado Mayor para Planes y Programas, durante una reunión con periodistas en el Pentágono.

De este modo, la nueva proyección reemplaza estimaciones sobre la estructura de las fuerzas. El servicio calculaba disponer de 1.271 cazas de combate en 2026 y había establecido una meta de 1.369 para 2030. La cifra de 2035 supone, por lo tanto, un incremento de 238 aeronaves respecto de la estimación para 2026 y de 140 respecto del objetivo anterior para 2030.
F-35A y F-47: el cambio en la composición de la flota
La distribución prevista para 2035 muestra el desplazamiento progresivo de los cazas más antiguos y el aumento de la proporción de aeronaves furtivas. En este escenario, el F-35A representaría alrededor del 40 % del inventario, mientras que los F-22 Raptor y los futuros F-47 sumarían otro 20 %. Los F-15 y F-16 completarán aproximadamente el 40 % restante, repartido de manera equilibrada entre ambos.
En paralelo, la comparación con la flota actual permite dimensionar el cambio. Excluyendo los A-10 Thunderbolt II, los F-16 representan cerca del 45 % de los cazas, frente al 30 % de los F-35A, el 15 % de los F-15 y el 10 % de los F-22. En la proyección para 2035, la participación conjunta del F-35A y de la familia F-22/F-47 alcanzaría aproximadamente el 60 %.

En este contexto, el F-47 constituye una pieza clave de esa transformación. Boeing obtuvo en marzo de 2025 el contrato para desarrollar el programa Next Generation Air Dominance (NGAD), destinado a producir el nuevo caza de sexta generación. La Fuerza Aérea pretende reemplazar sus 186 F-22 operativos por una cantidad aproximadamente equivalente de F-47, aunque el calendario de incorporación y la producción efectiva serán determinantes para alcanzar esa meta.
Por su parte, los F-16 más antiguos comenzarán a llegar al final de su vida útil a mediados de la década de 2030. La Fuerza Aérea estudia la posibilidad de adquirir una nueva variante, denominada provisionalmente F-16G, pero todavía no tomó una decisión. La alternativa deberá evaluarse frente a otras opciones para reemplazar las capacidades que se perderán con el retiro de los aviones actuales.
El desafío industrial y presupuestario
En consecuencia, el crecimiento de la flota dependerá de la capacidad de convertir las proyecciones en entregas concretas. La Fuerza Aérea sostiene desde hace años que necesita adquirir 72 cazas nuevos por año para reemplazar las aeronaves retiradas y modernizar su inventario. Sin embargo, la solicitud presupuestaria para el año fiscal 2027 contempla 62: 38 F-35A y 24 F-15EX.

Adicionalmente, la Fuerza Aérea también busca acuerdos de adquisición plurianual para los F-35 y F-15EX, con el objetivo de dar mayor previsibilidad a los fabricantes. La evolución de estos contratos será importante para determinar si Lockheed Martin y Boeing pueden ampliar sus entregas al ritmo que necesita el servicio.
Los drones de combate todavía no reducen el objetivo
El plan contempla, además, la incorporación de aviones de combate colaborativos no tripulados, conocidos como Collaborative Combat Aircraft (CCA). La Fuerza Aérea apunta a disponer de 500 de estas aeronaves para 2032, aunque actualmente no las contabiliza dentro del objetivo de 1.509 cazas tripulados.

El desafío de Estados Unidos será, por tanto, cumplir dos objetivos simultáneos: ampliar el número de cazas y aumentar la proporción de aeronaves furtivas. Si los retiros de aviones antiguos avanzan más rápido que las entregas, la Fuerza Aérea podría mejorar la composición tecnológica de su flota sin alcanzar el tamaño previsto. La financiación, la producción industrial y el desarrollo del F-47 definirán si la proyección para 2035 puede convertirse en una capacidad operativa efectiva.













