En medio de las últimas declaraciones británicas sobre su capacidad militar en las Islas Malvinas y de la creciente disputa por el proyecto petrolero Sea Lion, el presidente Javier Milei descartó de manera explícita una salida armada y aseguró que Argentina buscará recuperar el ejercicio de soberanía exclusivamente por la vía diplomática. “No creemos en soluciones bélicas”, repitió tres veces al responder una pregunta del diario británico The Telegraph.

La definición fue formulada durante una presentación en Madrid y adquirió especial repercusión en Reino Unido después de varias semanas en las que el debate por Malvinas volvió a incluir referencias directas a la defensa militar del archipiélago. “Vamos a recuperar las Malvinas por medios diplomáticos”, afirmó Milei, antes de reiterar que las islas “son argentinas por derecho, por historia y por geografía”.
Las declaraciones contrastan con el tono utilizado durante los últimos días por autoridades británicas. El ministro de Defensa Wes Streeting sostuvo ante la Cámara de los Comunes que Reino Unido está “perfectamente capacitado” para defender Malvinas, luego de que un diputado cuestionara si la reducción de fragatas, los problemas de disponibilidad submarina y otras limitaciones de la Real Armada británica podían comprometer esa capacidad.
Milei marcó ahora el límite argentino frente a ese escenario. “Nosotros no creemos en las soluciones bélicas. Nosotros no creemos en las soluciones bélicas. Nosotros no creemos en las soluciones bélicas”, respondió ante la consulta del periódico británico, antes de ratificar que Buenos Aires continuará negociando.
La presión argentina se concentra sobre Sea Lion y las empresas
El descarte de una salida militar no implica una reducción de la presión sobre Reino Unido. Por el contrario, la estrategia argentina se desplazó durante 2026 hacia los frentes jurídico, económico y diplomático, con Sea Lion como principal punto de conflicto.
Argentina inició un arbitraje contra Reino Unido bajo la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar y posteriormente solicitó medidas provisionales ante el Tribunal Internacional del Derecho del Mar para intentar frenar las actividades hidrocarburíferas autorizadas unilateralmente en la Cuenca Malvinas Norte.

Escenario Mundial informó que el tribunal fijó para el 10 y 11 de noviembre las audiencias sobre la presentación argentina, mientras avanza paralelamente la constitución del tribunal arbitral que deberá analizar la controversia planteada por Buenos Aires.
El Gobierno argentino también abrió procedimientos contra empresas y personas vinculadas con la explotación de recursos en las islas. Milei volvió a resumir esa estrategia durante su intervención: las compañías que decidan hacer negocios en Malvinas bajo autorización británica enfrentarán restricciones para participar de proyectos estratégicos dentro del territorio continental argentino.
La advertencia apunta especialmente a Vaca Muerta. El Presidente sostuvo que quienes pretendan operar en Malvinas “a alto riesgo” no podrán al mismo tiempo desarrollar negocios “a bajo riesgo” en el continente, vinculando explícitamente la explotación petrolera del archipiélago con el acceso al mercado energético argentino.
Escenario Mundial informó que las sanciones argentinas comenzaron a generar efectos sobre la red de proveedores de Sea Lion, después de que Navitas Petroleum reconociera la salida de contratistas y el riesgo de nuevas dificultades para asegurar servicios destinados al proyecto.
Londres vuelve a hablar de defensa mientras Argentina insiste en la vía diplomática
La definición de Milei llega también después de que el primer ministro británico, Andy Burnham, endureciera públicamente la respuesta frente a las medidas argentinas relacionadas con Sea Lion.
Burnham prometió esta semana adoptar “la acción más firme” para proteger los intereses británicos en Malvinas y reveló que planteó personalmente la cuestión ante Donald Trump. Su Gobierno mantiene el respaldo a las licencias hidrocarburíferas concedidas unilateralmente por la administración británica y cuestiona las sanciones impulsadas desde Buenos Aires.
A esa respuesta política se suma la actividad militar británica reciente. A fines de septiembre y comienzos de octubre, tropas del 2.º Batallón del Regimiento de Paracaidistas realizaron maniobras en distintas zonas de las islas con apoyo de cazas Typhoon, reservistas locales y medios navales.

Los ejercicios incluyeron un desembarco en San Carlos, una marcha nocturna de 32 kilómetros y operaciones en Pradera del Ganso y Wireless Ridge. Las maniobras habían sido programadas con anterioridad y no existen elementos para presentarlas como una respuesta a las últimas decisiones argentinas.
El cruce de declaraciones muestra dos líneas distintas. Londres insiste públicamente en que mantiene capacidad militar suficiente para sostener su control efectivo sobre las islas y acompaña esa postura con un dispositivo permanente en Monte Agradable. Buenos Aires, en cambio, busca aumentar el costo jurídico y económico de las actividades desarrolladas sin autorización argentina mientras descarta expresamente una salida armada.
Milei acompañó esa definición con otra advertencia ya planteada esta semana: considera que los problemas “geopolíticos y demográficos” que atraviesa Reino Unido representan un riesgo para el Atlántico Sur. Pero frente a la pregunta directa del medio británico sobre cómo piensa avanzar sobre Malvinas, su respuesta fue inequívoca: la estrategia argentina será diplomática y no militar.
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