Estados Unidos prepara el traslado de una parte de sus drones MQ-9 Reaper actualmente desplegados bajo el Comando de Estados Unidos para África (AFRICOM) hacia el área de responsabilidad del Comando Sur (SOUTHCOM), en un movimiento que refuerza el giro militar de la administración de Donald Trump hacia América Latina. Según seis fuentes familiarizadas con la planificación citadas por CNN, el redespliegue estaría vinculado con futuras operaciones contra el narcotráfico y organizaciones consideradas terroristas por Washington, con Ecuador como uno de los posibles escenarios.

En este sentido, los MQ-9 Reaper son aeronaves no tripuladas utilizadas para tareas de vigilancia, inteligencia y ataques de precisión. Por el momento no se conoce cuántos aparatos serán trasladados, aunque una de las fuentes citadas por CNN indicó que podría tratarse de la mayoría de los drones que actualmente dependen de AFRICOM. El Pentágono declinó realizar comentarios sobre el eventual movimiento. La transferencia se produce mientras Washington incrementa sus capacidades militares en el Caribe y América Latina, profundizando la cooperación con gobiernos de la región.
El traslado de drones se suma a otros movimientos de Estados Unidos en el hemisferio
El posible despliegue hacia Sudamérica se suma a una serie de movimientos que ya modificaron la presencia militar estadounidense en el hemisferio. Durante 2025, Estados Unidos había enviado al Caribe drones MQ-9, cazas F-35 y al menos un AC-130 en el marco de operaciones contra embarcaciones sospechadas de transportar drogas. En 2026, SOUTHCOM dio un paso adicional con la creación, el 4 de agosto, de la Joint Task Force–Western Hemisphere (JTF-WHEM), concebida como brazo operativo para las acciones estadounidenses en el hemisferio occidental.
Ecuador aparece particularmente expuesto a esta nueva etapa de cooperación. El comandante de SOUTHCOM, el general Francis Donovan, visitó Quito en agosto y mantuvo reuniones con autoridades militares ecuatorianas para profundizar los esfuerzos conjuntos contra organizaciones vinculadas al narcotráfico. El propio comando estadounidense señaló que la JTF-WHEM trabaja con socios de la Americas Counter Cartel Coalition, entre ellos Ecuador, para desarticular organizaciones criminales transnacionales. A fines de agosto, fuerzas estadounidenses y ecuatorianas realizaron además una operación conjunta contra una embarcación que, según SOUTHCOM, funcionaba como estación flotante de reabastecimiento para operaciones de tráfico de drogas.

Colombia también ocupa un lugar central en esta estrategia. Durante una visita a la frontera entre Colombia y Ecuador, Donovan se reunió con autoridades militares de ambos países para avanzar en una estrategia operacional conjunta contra redes de narcotráfico. La estructura de cooperación se articula alrededor de la Americas Counter Cartel Coalition, que Washington presenta como una plataforma multinacional para combatir a organizaciones criminales y terroristas en el hemisferio.
Esto vino acompañado por una reasginación de recursos por parte del Pentágono
Por otra parte, el componente militar está acompañado por una reasignación de recursos. El Departamento de Estado notificó al Congreso estadounidense su intención de transferir US$52 millones de Financiamiento Militar Extranjero que estaban asignados originalmente a Eslovaquia, Macedonia del Norte, Túnez e Irak hacia Panamá, Perú, Ecuador y Colombia. Según un funcionario estadounidense citado por EFE, la medida busca combatir el “narcoterrorismo” en el hemisferio y contribuir a la seguridad del Canal de Panamá, además de impedir que actores externos consoliden posiciones estratégicas en la región.

La reasignación es importante porque el programa de Financiamiento Militar Extranjero permite que los países beneficiarios utilicen recursos estadounidenses para adquirir equipamiento y servicios de defensa, en buena medida de fabricantes estadounidenses. De esta manera, el giro hacia América Latina no se limita al despliegue de efectivos y plataformas militares: también supone una redistribución de recursos hacia los socios considerados prioritarios por Washington.
¿Una nueva reorientación política de Estados Unidos?
Del mismo modo, la decisión encaja con la nueva orientación estratégica del Pentágono, bajo la administración de Trump. La Estrategia Nacional de Defensa publicada en enero de 2026 identifica al hemisferio occidental como un espacio prioritario para la seguridad estadounidense y advierte sobre la creciente influencia de actores externos, como China, en lugares considerados estratégicos por Washington. El documento menciona específicamente áreas como el Canal de Panamá y sostiene que Estados Unidos debe recuperar una posición de mayor liderazgo en los asuntos hemisféricos.

El aumento de la actividad militar también llega después de una campaña estadounidense de ataques contra embarcaciones sospechadas de estar vinculadas al narcotráfico en el Caribe y el Pacífico oriental. Datos publicados contabilizaba al menos 230 personas muertas en esas operaciones hasta el 9 de septiembre, mientras organizaciones internacionales documentaron decenas de ataques y cuestionamientos sobre sus resultados y fundamentos jurídicos. La administración Trump, por su parte, continua sosteniendo que las operaciones forman parte de una estrategia para desarticular redes de narcotráfico y proteger a Estados Unidos de organizaciones que considera una amenaza para su seguridad nacional.
Para América Latina este escenario abre debate sobre el alcance de la presencia militar estadounidense
El traslado de los Reaper puede interpretarse, en este contexto, como algo más que un simple movimiento logístico. La concentración de capacidades de inteligencia, vigilancia y ataque de precisión en Sudamérica coincide con la creación de nuevas estructuras militares regionales, el incremento de operaciones conjuntas y la reasignación de fondos de seguridad. El patrón muestra que el gobierno de Trump está intentando transformar la lucha contra el narcotráfico en un esquema de cooperación militar más permanente con determinados gobiernos latinoamericanos.
Para Sudamérica, el escenario abre quizás una nueva discusión sobre el alcance de la presencia militar estadounidense. Ecuador y Colombia aparecen como los principales puntos de articulación de la estrategia militar de Trump, mientras Panamá adquiere una importancia adicional por el Canal y Perú se incorpora al esquema mediante la cooperación y el financiamiento militar.
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