En las últimas horas, Estados Unidos aprobó la venta de 48 F-35 a Arabia Saudita en medio de las tensiones regionales en el Golfo. Según se dio a conocer en las últimas horas, Estados Unidos autorizó la venta de 48 aviones F-35 a Arabia Saudita por un valor de US$24.300 millones de dólares, mientras las tensiones en la región del Golfo parecen no cesar, en medio de la guerra de Irán y Estados Unidos, que ya lleva seis meses y medio.

En las últimas semanas, Riad se ha visto, cada vez, más involucrada en la guerra que tiene lugar en Medio Oriente. Tras la ofensiva militar de los hutíes en Yemen, Arabia Saudita ha sido blanco de diversos ataques en la última semana por parte de este movimiento patrocinado por Irán. Como precisó Escenario Mundial, en diálogo exclusivo con la especialista en Medio Oriente, Ornela Fabani, los hutíes han atacado directamente infraestructuras energéticas estratégicas de Arabia Saudita, incluyendo, de hecho, las instalaciones de Aramco, la petrolera estatal saudí, y el Oleoducto Este-Oeste, vía de transporte central de los hidrocarburos saudíes para su salida al exterior. Producto de estos ataques, esta semana, Arabia Saudita anunció la suspensión de las exportaciones de petróleo a Europa.
En este contexto, diversos analistas estiman que la guerra actual de Medio Oriente estaría acelerando la transformación de la defensa aérea saudí, que se ha visto severa y significativamente comprometida ante los recientes ataques hutíes. En esta línea, el país estaría buscando incorporar una nueva flota de aviones a su Fuerza Aérea, priorizando a Estados Unidos como socio estratégico, en un Golfo donde Israel, aún, conserva la ventaja militar aérea cualitativa.
De este modo, el Departamento de Estado de Estados Unidos aprobó y autorizó la venta de 48 aviones de combate Lockheed Martin F-35 Lightning II a Arabia Saudita. La operación ronda los US$24.300 millones e incluiría también 49 motores Pratt & Whitney, repuestos, equipos de comunicación y otras unidades de apoyo, según la información oficial compartida por el Departamento de Estado.
La confirmación de EE.UU. no sorprende, ya que en noviembre de 2025, el propio presidente de Estados Unidos, Donald Trump, había anunciado que su país vendería aviones F-35 a Arabia Saudita, luego de su encuentro con el príncipe heredero saudí Mohammed bin Salman en la Casa Blanca. Ahora, sin embargo, en medio de la creciente escalada regional, como resultado de la avanzada hutí en Yemen, Washington aprobó y autorizó la venta de las 48 unidades de F-35 para Riad, que busca consolidar y fortalecer su defensa aérea con los cazas de quinta generación.

La venta se enmarca en el estrecho vínculo que Washington mantiene con Arabia Saudita, bajo la administración de Donald Trump. De hecho, Trump ha designado a Arabia Saudita como un importante aliado extra OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte) de Estados Unidos, lo que otorga a Riad un estatus privilegiado que proporciona beneficios militares y económicos.
El hecho, sin embargo, pone de manifiesto cómo la guerra actual en Medio Oriente, que parece haberse extendido más allá de Irán y Estados Unidos, estaría acelerando e incentivando la transformación de la defensa aérea de Arabia Saudita, con la incorporación de cazas de quinta generación, mientras Riad se enfrenta a ataques hutíes con drones y misiles, bajo el respaldo de la Guardia Revolucionaria iraní.
El temor de Israel
Según afirman medios locales de Israel, el acuerdo entre Washington y Riad por la posible venta de 48 F-35 para Arabia Saudita habría generado cierta preocupación y temor en Tel Aviv, quien, a día de hoy, mantiene una superioridad cualitativa en el Golfo. El temor de Israel es que, precisamente, la adquisición de F-35 para Arabia Saudita afecte, directamente, la ventaja militar aérea cualitativa que Tel Aviv mantiene y sostiene en el Golfo y Medio Oriente.
De hecho, Israel es el único país de la región que, actualmente, opera el F-35. La incorporación de estos cazas en la flota aérea saudí podría afectar a Israel, socavando su ventaja militar cualitativa y a su vez, dando acceso a información y capacidades estratégicas a Arabia Saudita, entre las que se incluyen softwares y sistemas integrados a las aeronaves que actualmente solo Israel opera en el Golfo.
Riad no reconoce oficialmente al Estado de Israel. Por lo que, desde el país temen que el acceso a capacidades estratégicas que Washington otorgaría a Arabia Saudita pueda ser utilizado contra Tel Aviv, en el marco de una escalada y conflicto regional. Sin embargo, desde la oficina del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, afirman que dicho acuerdo preservará la ventaja y superioridad cualitativa de Israel.

De hecho, ya el año pasado, un portavoz de la oficina de Netanyahu sostuvo y garantizó que Israel mantendrá su superioridad cualitativa, en palabras de Washington. El propio comunicado oficial del Departamento de Estado de Estados Unidos sostiene que la venta propuesta de los 48 F-35 para Riad, como así también sus unidades de apoyo, no alterarían el equilibrio militar en la región. Sin embargo, en Tel Aviv temen que la incorporación aérea de Riad exponga las capacidades israelíes, que hasta el momento es el único país de la región que opera el F-35.
No obstante, si bien el Departamento de Estado aprobó y autorizó la venta, el proceso aún está sujeto al proceso de transferencia de armas estadounidenses. Por lo que, no implica, directamente, que los aviones sean entregados próximamente a Arabia Saudita. De hecho, según revelan diversos informes, Washington teme exponer tecnología F-35 a China si vende las 48 unidades a Arabia Saudita, quien mantiene estrechos vínculos con Beijing. Estados Unidos ya estaría, de este modo, una encrucijada entre profundizar su cooperación bilateral en materia de defensa con Riad o limitarla, ante el temor de exponer tecnología estadounidense F-35 frente a Pekín.
Pese a ello, la decisión del Departamento de Estado de EE.UU. supone un paso y avance significativo en la alianza estratégica entre Washington y Riad, que podría incorporar 48 F-35 a su flota aérea, convirtiéndose en el segundo país –luego de Israel– en operar este caza de quinta generación en el Golfo aunque con riesgos de desestabilizar y modificar el equilibrio militar regional, al socavar la ventaja militar cualitativa de Tel Aviv.
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