El canciller Francisco Pérez Mackenna y la Armada de Chile coordinaron acciones institucionales en el Estrecho de Magallanes para resguardar la soberanía nacional ante la disputa diplomática con Argentina. Durante la reunión de trabajo celebrada el 10 de septiembre de 2026 en Valparaíso con el comandante en jefe naval, almirante Fernando Cabrera Salazar, acordó alinear a la Cancillería y a las Fuerzas Armadas en la protección de los pasajes marítimos estratégicos y la agenda de cooperación en la Antártica.
“Chile primero siempre”
Durante la cita, Pérez Mackenna enfatizó que “la defensa de la soberanía de Chile es de máxima prioridad y un trabajo coordinado del Estado”. Además, subrayó el valor geopolítico de la zona austral al señalar que “nuestros mares, nuestros estrechos y nuestros canales son pilares estratégicos de Chile y nos posicionan ante el mundo como un país fuerte, unido, y con una enorme proyección hacia el futuro”. El canciller cerró su postura pública con la consigna “Chile primero siempre”.
En el ámbito político interno, la controversia territorial motivó que la Comisión de Defensa Nacional del Congreso anunciara que sesionará directamente en el Estrecho de Magallanes. Asimismo, el escenario ha generado fricciones administrativas en Santiago, registrándose contactos de la Cancillería con el Ministerio de Defensa tras intervenciones públicas en materia internacional.
Esta articulación diplomática se traduce en un firme respaldo operativo en el terreno. El presidente José Antonio Kast viajó a la Región de Magallanes para supervisar personalmente el despliegue de las Fuerzas Armadas tras el estallido de la polémica con el país vecino. En la zona, las instituciones militares mantienen concentrada una masiva Fuerza de Tarea Anfibia operando en Tierra del Fuego, respaldada por submarinos, fragatas y medios aéreos en medio de un amplio entrenamiento austral.
Tensiones en el Atlántico Sur
La firmeza desplegada en el Estrecho de Magallanes se entrelaza de forma directa con una serie de focos de fricción geopolítica en la región. La relación bilateral con Buenos Aires ya registraba momentos de alta tirantez tras la decisión chilena de abrir una nueva ruta de navegación marítima hacia las Islas Malvinas, una medida que desafía el esquema de restricciones y sanciones promovido por Argentina.
Esta dinámica en el Atlántico Sur volvió a tensarse con el arribo a suelo chileno de un avión de transporte militar Airbus A400M Atlas de la Real Fuerza Aérea británica (RAF), hecho que reavivó el debate sobre el corredor logístico anglo-chileno tras los entendimientos políticos entre las administraciones de Kast y Javier Milei sobre el área de Malvinas.
El impacto geopolítico de la zona también sacudió el escenario político interno en Santiago. En pleno punto crítico de la tensión con Argentina por el Estrecho, el diputado Javier Olivares Avendaño —quien integra la Comisión de Defensa Nacional y preside la Comisión de Control— manifestó públicamente su respaldo a la posición del Reino Unido sobre las Islas Malvinas.
Por último, el escenario de seguridad chileno enfrenta presiones que van más allá del Cono Sur e inciden en la competencia entre las grandes potencias globales. En paralelo a los acontecimientos en el extremo austral, el embajador de Estados Unidos en Chile, Brandon Judd, emitió una advertencia al señalar que Washington podría suspender el intercambio de inteligencia militar si el gobierno chileno avanza con el proyecto del cable submarino transpacífico junto a China.
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