Una nueva tensión diplomática entre Chile y Argentina tuvo lugar esta semana, como resultado declaraciones del jefe del Estado Mayor General de la Fuerza Aérea Argentina, brigadier general Gustavo Javier Valverde, quien sostuvo: “Magallanes, el sur, el Drake, todo eso es soberanía” y remarcó la necesidad de mantener presencia en la zona al tratarse de una “llave bioceánica” entre el Atlántico y el Pacífico. De este modo, el Estrecho de Magallanes se coloca, nuevamente, en el centro del debate, frente a lo que representa una disputa histórica entre Chile y Argentina por su soberanía. Sin embargo, ¿qué hace, efectivamente, estratégico al Estrecho de Magallanes?

El Estrecho de Magallanes conecta los océanos Atlántico y Pacífico. Es un paso marítimo natural, en el extremo austral de América del Sur, que permite la conexión entre los mencionados océanos, sin la necesidad de rodear el continente por el Cabo de Hornos. Debido a su estratégica ubicación y conexión es una de las principales vías marítimas internacionales y su relevancia es sustancial para el comercio y la navegación. Su longitud aproximada entre sus extremos es de 310 millas náuticas, según la información de la Armada de Chile.
La zona oriental se comunica con el Atlántico, mientras que la zona occidental, que va hacia el oeste, se comunica con el Pacífico, con pasos entre canales, costas australes e islas. Su recorrido presenta diferentes y variadas características geográficas. Es por ello que, el paso y navegación por el Estrecho de Magallanes requiere conocimiento, experiencia previa y capacitación en hidrografía y otras disciplinas técnicas.
La disputa histórica entre Argentina y Chile
El Estrecho de Magallanes es controlado por Chile, quien tiene a Punta Arenas como una de las principales ciudades y centros portuarios de la región. Pese a que el Estrecho de Magallanes está geográficamente asociado y vinculado con Argentina y Chile por su proximidad, quien tiene el control y la soberanía del paso marítimo es Chile. Por lo que, no se trata de una vía compartida por ambos países, en términos de soberanía.
La soberanía chilena sobre el Estrecho de Magallanes fue ratificada y fundada por los tratados bilaterales de 1881 y 1984, donde la Argentina reconoció la soberanía de su vecino sobre el paso. De hecho, estos dos instrumentos rigen plenamente en el ordenamiento jurídico argentino y son considerados definitivos por el país. Sin embargo, el debate por el Estrecho de Magallanes volvió al centro de la escena, luego de que el jefe del Estado Mayor General de la Fuerza Aérea Argentina hiciera una serie de declaraciones que ponían en duda la soberanía chilena sobre el paso y lo incluía como parte de la soberanía argentina.

En una reciente entrevista, el brigadier general Gustavo Javier Valverde sostuvo que “Magallanes, el sur, el Drake, todo eso es soberanía” e incluso, remarcó la necesidad de mantener la presencia argentina en la zona al tratarse de una “llave bioceánica” entre el Atlántico y el Pacífico. Lo que abrió un nuevo frente de disputa diplomático entre Santiago y Buenos Aires por este tema.
Finalmente, la República Argentina terminaría ratificando la posición oficial de Buenos Aires frente a la cuestión, la cual se basa y funda en el Tratado de Límites de 1881 y el Tratado de Paz y Amistad de 1984, instrumentos que el país considera plenamente vigentes y definitivos. La posición argentina, difundida por la Cancillería esta semana, busca evitar continuar con la discusión sobre las palabras y declaraciones del jefe militar argentino, a las que busca separar de la posición jurídica oficial del Estado argentino.
¿Por qué es estratégico?
El Estrecho de Magallanes es relevante y estratégico para la navegación, el comercio internacional, la actividad portuaria y la proyección estratégica del extremo sur del continente. Sin embargo, la pregunta es ¿por qué? La respuesta es sencilla: por su ubicación.
Atravesar el extremo sur de América era una de las principales alternativas y vías de conexión entre el Atlántico y el Pacífico, hasta la construcción del Canal de Panamá. Desde entonces, el Estrecho de Magallanes se presenta, precisamente, como un paso marítimo natural que evita rodear completamente el continente y reduce distancias, tiempos de navegación y costos para los buques que buscan el paso entre el Atlántico y el Pacífico.
En el siglo XIX, la ruta se consolidó como un paso estratégico para las principales potencias navales y comerciales de la época, y si bien la construcción del Canal de Panamá, que se inauguró en 1914, redujo significativamente la elección y utilización del Estrecho de Magallanes, no eliminó ni borró su relevancia. De hecho, el paso continúa funcionando como una alternativa de conexión entre los océanos Pacífico y Atlántico.

Actualmente, además, el Estrecho de Magallanes adquiere suma y especial relevancia frente a las rutas marítimas con dirección hacia territorios australes, el Pacífico Sur y, principalmente, el continente blanco, es decir, la Antártida. De hecho, su importancia actual también se relaciona con la creciente atención e interés de la comunidad internacional en el Atlántico Sur y la Antártida. Su conexión bioceánica, su posición y ubicación respecto a las principales rutas marítimas internacionales, su cercanía geográfica a la Antártida, y la seguridad marítima que brinda y proporciona hacen del Estrecho de Magallanes una conexión estratégica.
En este sentido, en la actualidad, el Estrecho de Magallanes se presenta como una ruta marítima segura, en términos internacionales, frente a los conflictos y las tensiones geopolíticas que movilizan al tablero internacional. El Estrecho de Magallanes, por su parte, está estratégicamente ubicado, al estar alejado de los principales escenarios de conflicto internacional: Europa y Medio Oriente, lo que reposiciona a la ruta y le otorga un considerable valor geopolítico y estratégico, frente a las necesidades comerciales y logísticas, y los riesgos y costos que la guerra trae aparejados.
En este contexto, se enmarca la disputa histórica de Chile y Argentina por el Estrecho de Magallanes, que volvió al centro de la escena esta última semana como resultado de una nueva tensión diplomática entre Buenos Aires y Santiago, reconociendo y subrayando la importancia y el valor que tiene este paso marítimo natural, en términos estratégicos y geopolíticos.
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