La Real Armada británica desplegó cuatro buques y un helicóptero Merlin durante una operación de 72 horas para seguir a unidades de la Armada rusa y cargueros sancionados que navegaron por el Mar del Norte y el Canal de la Mancha. La misión involucró a los HMS Duncan, HMS St Albans, HMS Severn y HMS Mersey, mientras Moscú utilizó dos buques de guerra para acompañar los movimientos de sus embarcaciones.

El núcleo de la operación estuvo formado por el destructor Tipo 45 HMS Duncan, la fragata Tipo 23 HMS St Albans y el patrullero HMS Severn. Los tres utilizaron sus radares y sensores para seguir al destructor ruso Admiral Levchenko mientras escoltaba hacia el sur a los cargueros General Skobelev y Sparta, ambos identificados por Reino Unido como embarcaciones sancionadas.
El seguimiento comenzó en el Mar del Norte y continuó a través del Canal de la Mancha. Un helicóptero Merlin operado desde el HMS St Albans se incorporó a la vigilancia cuando el grupo se aproximaba al estrecho de Dover, extendiendo la cobertura proporcionada por los buques de superficie. Posteriormente, las unidades británicas transfirieron el monitoreo a un aliado de la OTAN frente a la isla francesa de Ushant.
Al mismo tiempo, el HMS Mersey seguía al buque de reabastecimiento ruso Akademik Pashin, que navegaba en la zona en una operación separada pero coincidente. La presencia de esta unidad suma además continuidad a los movimientos rusos que Reino Unido viene siguiendo durante los últimos meses alrededor de sus aguas y el Atlántico Norte.
Rusia desplegó a la fragata Neustrashimy para proteger el movimiento de sus cargueros
La operación incluyó una segunda unidad de combate rusa. Según la Real Armada británica, Moscú desplegó la fragata Neustrashimy para reforzar la protección de los cargueros durante su tránsito, sumándose al Admiral Levchenko dentro del dispositivo naval ruso.
Londres presentó ese movimiento como una consecuencia de la presión creciente contra los barcos utilizados para sostener los flujos comerciales y logísticos rusos sujetos a sanciones. El Primer Lord del Mar, general Gwyn Jenkins, sostuvo que la vigilancia y las interdicciones occidentales están obligando a Moscú a utilizar buques militares para proteger estas navegaciones, desviándolos de otras tareas operativas. Se trata de una valoración oficial británica y no de una evaluación independiente de las prioridades de la flota rusa.
El General Skobelev figura en la lista oficial británica de embarcaciones sancionadas vinculadas al transporte de petróleo ruso hacia terceros países. La Real Armada también identifica al Sparta como un carguero sancionado y describió a ambos como parte de la actividad que Londres busca controlar alrededor de sus aguas.
El Reino Unido reforzó durante 2026 las medidas contra lo que denomina la “flota en la sombra” rusa, una red de buques que Londres acusa de contribuir a evadir restricciones económicas y mantener los ingresos y movimientos logísticos de Moscú. El gobierno británico afirma haber sancionado ya a más de 500 embarcaciones dentro de esa campaña.
La Real Armada aumentó un 25% sus activaciones para seguir movimientos rusos
La operación de tres días se produjo dentro de un incremento más amplio de la actividad naval británica. La Real Armada informó que sus activaciones destinadas a monitorear movimientos rusos aumentaron un 25% durante los primeros ocho meses de 2026 frente al mismo período de 2025.

Escenario Mundial ya había informado a comienzos de agosto que la Real Armada británica registraba un aumento del 25% en estas operaciones. Desde entonces, la tendencia continuó: el HMS Severn fue movilizado tres veces solamente durante agosto para seguir movimientos rusos. Antes de esta operación había vigilado a la propia Neustrashimy y posteriormente trabajó junto al HMS Tyne en el seguimiento de la fragata Admiral Gorshkov, el buque hidrográfico Romuald Muklevich y el Akademik Pashin.
La presión británica también pasó este año del seguimiento a la interdicción. En junio, Reino Unido actuó contra el petrolero sancionado Smyrtos mientras atravesaba el Canal de la Mancha, una operación que Londres utiliza ahora como precedente para advertir que podría volver a intervenir contra embarcaciones sancionadas cuando considere que existen las condiciones legales para hacerlo.
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