El Programa Nuclear de la Marina de Brasil recibió en 2025 una asignación de aproximadamente 1.400 millones de reales, convirtiéndose en el principal destino de las inversiones militares brasileñas y superando al programa de cazas F-39 Gripen. El monto representa unas 4,5 veces los recursos destinados al programa un año antes y es el reflejo del creciente peso estratégico que Brasil concede al desarrollo de capacidades nucleares aplicadas a la propulsión naval.

En este sentido, el incremento presupuestario se concentra en distintas áreas del Programa Nuclear de la Marina (PNM) y no exclusivamente en la construcción del futuro submarino de propulsión nuclear Álvaro Alberto. Los recursos financian el desarrollo del ciclo del combustible nuclear, la planta de propulsión y las actividades del Laboratorio de Generación de Energía Nucleoeléctrica (LABGENE), instalado en el Centro Industrial Nuclear de Aramar, en Iperó, estado de São Paulo. De los R$ 1.400 millones, aproximadamente R$ 953 millones fueron destinados a empresas contratadas, principalmente para servicios especializados de ingeniería.
El protagonismo alcanzado por el programa supone un cambio dentro de las prioridades de inversión de la Defensa brasileña. El proyecto de los cazas Gripen, que durante años encabezó el ranking de inversiones militares, recibió unos R$ 965 millones en 2025, frente a alrededor de R$ 1.600 millones el año anterior. El descenso estuvo relacionado, entre otros factores, con el ritmo de entrega de las aeronaves, que se encuentra por debajo del cronograma originalmente previsto. Pero este nuevo dato presupuestario plantea una pregunta central: ¿por qué Brasil está priorizando ahora una capacidad nuclear naval?
El LABGENE, pieza central de Brasil para el futuro submarino nuclear
La importancia de la inversión se explica en buena medida por el papel del LABGENE. La instalación está concebida como un prototipo terrestre de la planta nuclear que posteriormente será utilizada para propulsar al submarino Álvaro Alberto. La Marina busca utilizar esta infraestructura para ensayar y validar en tierra el reactor y los sistemas asociados antes de su integración definitiva en la embarcación.
El Ministerio de Defensa define al LABGENE como una instalación destinada a desarrollar la capacidad brasileña para diseñar, construir, operar y mantener un reactor nuclear de tipo PWR —reactor de agua presurizada— para la propulsión del futuro submarino. El objetivo es que la tecnología pueda ser certificada antes de ser trasladada a la plataforma naval, reduciendo los riesgos asociados a la integración de un sistema nuclear en una embarcación operativa.
El proyecto entró además en una etapa especialmente clave después de que, en noviembre de 2025, la Marina completara nuevos hitos del Programa de Desarrollo de Submarinos (PROSUB). El lanzamiento del Almirante Karam y la entrega del Tonelero marcaron el cierre del ciclo de construcción de los submarinos convencionales derivados de la cooperación franco-brasileña y el paso hacia la etapa más compleja que es el desarrollo y construcción del submarino convencionalmente armado con propulsión nuclear Álvaro Alberto.
Este avance también se produjo en el ámbito del ciclo del combustible. En agosto de 2025, la Comisión Nacional de Energía Nuclear concedió autorización permanente de operación al Laboratorio de Enriquecimiento Isotópico de la Marina, ubicado en el Centro Tecnológico de la Marina en São Paulo. El desarrollo de estas capacidades forma parte de la estrategia brasileña para dominar tecnologías sensibles vinculadas al ciclo nuclear.
Un proyecto de autonomía tecnológica y proyección en el Atlántico Sur
El Programa Nuclear de la Marina comenzó en 1979 con dos objetivos principales: dominar el ciclo del combustible nuclear y desarrollar una planta de propulsión nuclear naval. La propia Marina sostiene que el programa permitió avanzar en el dominio del ciclo del combustible y en tecnologías asociadas a reactores, mientras que el Ministerio de Defensa lo considera un proyecto estratégico con efectos sobre la industria, la ciencia y la innovación nacionales.
La eventual entrada en servicio del Álvaro Alberto tendría además una importancia particular para la estrategia marítima brasileña. El Ministerio de Defensa sostiene que un submarino de propulsión nuclear permitiría ampliar las capacidades de defensa y vigilancia del país en el Atlántico Sur, además de contribuir a la protección de las rutas marítimas, los recursos naturales y los intereses brasileños en su extensa plataforma continental.
Sin embargo, el carácter nuclear del proyecto no implica el desarrollo de armamento nuclear. Brasil mantiene el compromiso constitucional con el uso pacífico de la energía nuclear y el futuro submarino será convencionalmente armado, es decir, que la propulsión será nuclear, mientras que sus sistemas de armas no lo serán. Esta distinción es central para comprender el programa dentro de la política brasileña de no proliferación.
La apuesta también tiene una dimensión tecnológica que trasciende la defensa. En junio de 2026, la propia Marina señaló que los conocimientos acumulados durante el desarrollo del LABGENE podrían contribuir en el futuro a proyectos de reactores modulares pequeños (SMR), una tecnología de interés creciente para la generación de energía. El programa, por lo tanto, funciona como una plataforma de desarrollo de capacidades científicas e industriales que pueden tener aplicaciones civiles además de militares.
El debate sobre el aumento del gasto en Defensa
El salto presupuestario del Programa Nuclear de la Marina coincide con un debate más amplio sobre el lugar de la Defensa dentro de las prioridades del Estado brasileño. Según los datos de SIPRI, Brasil registró en 2025 un aumento significativo de su gasto militar, aunque el porcentaje del PIB destinado al sector continúa siendo relativamente bajo en comparación con el promedio mundial. La base de datos del instituto señala que sus estimaciones para 2025 fueron actualizadas en abril de 2026 y constituyen actualmente la serie internacional de referencia para las comparaciones de gasto militar.

En este contexto, el asesor especial del presidente Luiz Inácio Lula da Silva, Celso Amorim, defendió en enero que Brasil elevara progresivamente el gasto en Defensa hasta aproximadamente 2% del PIB, siempre que los recursos adicionales se dirigieran a inversión, mantenimiento y operación de capacidades militares. En agosto, Amorim planteó un horizonte de 2,5% del PIB, aunque esta cifra corresponde a su posición política y no constituye una meta presupuestaria formal del Gobierno brasileño.
El gobierno brasileño busca autonomía en su proyección de liderazgo global y regional
La propuesta se inscribe en una concepción de autonomía estratégica que no apunta a una carrera armamentística nuclear. Amorim sostuvo que Brasil no debería desarrollar armas nucleares y que, frente a un escenario internacional más competitivo, debería priorizar capacidades como defensa antiaérea, ciberdefensa, drones y proyectos tecnológicos estratégicos, entre ellos el submarino de propulsión nuclear.

Entonces, el desafío para el gigante sudamericano será compatibilizar esa agenda de autonomía con las restricciones fiscales y con las necesidades de modernización de las tres Fuerzas Armadas. La concentración de recursos en el Programa Nuclear de la Marina muestra que Brasil está priorizando proyectos de largo plazo capaces de generar capacidades tecnológicas propias, pero también evidencia que sostener programas de esta complejidad requiere continuidad presupuestaria durante décadas.
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