La disputa en el Mar de China Meridional expone una tensa competencia estratégica entre Filipinas y China, donde la resistencia soberana del buque militar BRP Sierra Madre y la construcción de un nuevo aeródromo militar sobre islas artificiales en el arrecife Antelope Reef confirman la determinación de ambas potencias por consolidar una presencia permanente en las aguas en conflicto. Este choque de estrategias evidencia el drástico contraste entre defender la soberanía con vestigios históricos y la creación de nueva infraestructura de combate sobre el océano.

En el corazón de la resistencia filipina se encuentra el banco de arena Ayungin Shoal (conocido internacionalmente como Second Thomas Shoal), donde la Armada de Filipinas encalló de manera deliberada el buque de desembarco BRP Sierra Madre en 1999 para establecer un puesto militar de avanzada. Pekín ha exigido de forma recurrente su retirada, argumentando la existencia de supuestos compromisos históricos por parte de Manila para removerlo. No obstante, el contraalmirante retirado Roy Vincent Trinidad, portavoz militar de las Fuerzas Armadas de Filipinas (AFP) para el Mar de Filipinas Occidental, desmintió categóricamente estas afirmaciones al asegurar que no existe ningún acuerdo vinculante al respecto, acusando a Pekín de intentar “reescribir la historia”.
Filipinas defiende que su presencia allí es un despliegue soberano legítimo avalado por el fallo arbitral de 2016, el cual reconoció que Ayungin Shoal es una de marea baja dentro de su zona económica exclusiva y que los reclamos históricos chinos bajo la línea de los nueve puntos carecen de sustento legal bajo la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar.

La firmeza de Filipinas se nutre de la desconfianza histórica ante el proceder de Pekín, ejemplificado en el arrecife Mischief Reef (Panganiban Reef). Ocupado por China en 1995 bajo el pretexto de edificar refugios temporales para pescadores sin propósitos militares, Mischief Reef ha sido transformado con los años en una colosal instalación militar dotada de una pista aérea, radares e infraestructura naval de apoyo. De acuerdo con Trinidad, esta base representa un “monumento permanente y concreto” a la estrategia engañosa que China despliega para alterar el equilibrio geopolítico en la región.

Esta misma estrategia parece estarse replicando ahora en el archipiélago de las islas Paracel. Imágenes satelitales de agosto de 2026 revelan que, tras ocho meses de trabajos ininterrumpidos de dragado y relleno de tierra, China ha finalizado una masa terrestre artificial de 1.458 acres en Antelope Reef. En la porción noroeste del arrecife ya han comenzado las excavaciones para la construcción de una pista de aterrizaje proyectada de 10.000 pies de largo y 180 pies de ancho, dimensiones idénticas a los aeródromos militares chinos en Fiery Cross, Subi, Mischief Reef y Woody Island. Además, se han detectado los cimientos de una estructura de 200 por 200 pies que coincide con el tamaño de los hangares de gran escala de sus otras bases, junto con dos plantas de concreto temporales y la progresiva conversión del extremo oriental en un centro administrativo formal con edificios pavimentados y áreas verdes.
Para contrarrestar el avance de las capacidades de proyección aérea y naval de Pekín, Manila está profundizando su red de seguridad con potencias de la región. El Ministerio de Defensa de Filipinas destacó la reciente entrada en vigor del Acuerdo de Adquisición y Servicios Recíprocos (ACSA) con Japón. Este tratado estratégico, que complementa el Acuerdo de Acceso Recíproco (RAA), establece una estructura logística robusta para el intercambio de suministros y servicios de defensa entre las AFP y las Fuerzas de Autodefensa de Japón, consolidando una alianza orientada a garantizar un Indo-Pacífico libre y abierto frente al expansionismo militar chino.
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