Las Fuerzas Armadas de Taiwán convierten barrios, escuelas y fábricas en escenarios de entrenamiento para una eventual invasión de China. Durante el ejercicio Han Kuang 42, desarrollado entre el 5 y el 14 de agosto, soldados, reservistas y fuerzas policiales realizaron simulacros de combate en calles, puentes y zonas residenciales de Taipei y otras ciudades, mientras escuelas, fábricas, hospitales y otras instalaciones civiles fueron incorporadas a distintos escenarios de preparación ante un eventual conflicto con el gigante asiático.

Una de las escenas más representativas ocurrió en el distrito de Wanhua, en Taipei, donde efectivos de la policía militar levantaron barricadas y fortificaciones para simular la defensa de un puente frente al avance de fuerzas enemigas. Vehículos blindados Clouded Leopard se desplazaron entre edificios y comercios, mientras los soldados utilizaron munición de fogueo y granadas de humo para recrear enfrentamientos urbanos. El escenario suponía que una fuerza china había conseguido desembarcar y avanzaba hacia el centro político y administrativo de la capital.
El objetivo es ver qué pasaría si China llega a las principales zonas urbanas
El entrenamiento busca comprobar qué ocurriría si una invasión o una operación militar china lograra atravesar las primeras líneas defensivas y alcanzara las principales áreas urbanas. Es decir, el objetivo es acercar las maniobras a las condiciones de una guerra real y comprobar cómo respondería la isla si el territorio urbano se convirtiera en campo de batalla.
En ese escenario, la infraestructura civil tendría un papel central ya que las calles podrían convertirse en corredores de movimiento militar, los puentes en puntos de bloqueo, las estaciones en centros de evacuación y los edificios públicos en instalaciones temporales de mando, atención médica o logística.

La propia planificación oficial del Han Kuang 42 confirma ese cambio de enfoque. El Ministerio de Defensa taiwanés señaló que los ejercicios estuvieron orientados a desarrollar capacidades de “denegación multidominio” y “defensa resiliente”, con prácticas que incluyeron movilización de tropas y recursos civiles, producción y recuperación de capacidades, defensa frente a un bloqueo, movimiento de fuerzas entre distintas regiones, apoyo logístico y construcción de capacidades médicas para el campo de batalla.
Fábricas y tecnología fueron algunos de los nuevos elementos que incluyó la estrategia de Taiwán
En este esquema, las fábricas también adquieren una importancia estratégica. Taiwán ensayó la dispersión de capacidades de producción y reparación para evitar que una campaña militar pudiera paralizar su industria de defensa mediante ataques concentrados contra unas pocas instalaciones. La lógica responde a una de las principales preocupaciones de Taipéi, de que un conflicto no se limite a una invasión anfibia, sino que incluya ataques contra infraestructura crítica, bloqueo, sabotaje, interrupciones logísticas y operaciones destinadas a paralizar al Gobierno.
La preparación tampoco quedó limitada a las Fuerzas Armadas. Por primera vez, los ejercicios de resiliencia urbana fueron integrados de manera más estrecha con los ejercicios Han Kuang, incorporando evacuaciones civiles, evacuaciones médicas, coordinación del transporte, operaciones sanitarias subterráneas y distribución de suministros mediante drones. El Gobierno taiwanés también realizó simulaciones de defensa antiaérea en diferentes regiones, con alarmas, evacuación de población y acceso a refugios.
Uno de los experimentos más llamativos se produjo con las comunicaciones. Durante 30 minutos, las autoridades redujeron deliberadamente la velocidad de internet móvil en Taipei y otras zonas, hasta unos 256 Kbps. La intención fue recrear un escenario de degradación de las redes durante una crisis. Las llamadas y los mensajes de texto continuaron disponibles, pero el acceso normal a internet se volvió extremadamente limitado. Para el Gobierno taiwanés, la prueba buscó mostrar que una situación de guerra podría afectar no solamente a las fuerzas militares, sino también a una de las herramientas centrales de la vida cotidiana moderna: las comunicaciones digitales.
Un entorno cada vez más hostil con China, obliga a Taiwán a pensar en múltiples escenarios de defensa
El cambio también supone una transformación respecto de los ejercicios militares tradicionales. El Ministerio de Defensa taiwanés viene incorporando maniobras menos previsibles y escenarios que obligan a los comandantes a reaccionar ante situaciones inesperadas. En 2025, Han Kuang ya había sido extendido a diez días y nueve noches de operaciones continuas y había incorporado escenarios de guerra en las calles, junto con una mayor participación de reservistas. Ese proceso se profundizó en 2026 con una integración más estrecha entre las capacidades militares y civiles.

La dimensión civil también expone las dificultades de preparar una sociedad para una guerra sin paralizarla. Durante los ejercicios se produjeron situaciones tan cotidianas como vehículos militares compartiendo las calles con automóviles civiles o ciudadanos intentando continuar con sus actividades mientras se desarrollaban las maniobras. El propio Ministerio de Defensa reconoció en ejercicios anteriores que la utilización intensiva de las calles aumentaba el riesgo de accidentes y obligaba a revisar los mecanismos de gestión de riesgos.
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