Corea del Norte realizó dos lanzamientos de misiles balísticos en menos de una semana pero, rompiendo con uno de sus patrones habituales, decidió no informar oficialmente ninguno de ellos ni publicar imágenes de las pruebas en sus medios estatales. Los lanzamientos fueron detectados el 6 y el 12 de agosto desde la zona de Wonsan, mientras Corea del Sur y Japón siguieron sus trayectorias. El último proyectil recorrió aproximadamente 700 kilómetros, pero Pyongyang continúa sin revelar qué sistema probó, una ausencia de información que llevó a especialistas a evaluar si se trata de versiones mejoradas de armas existentes y si detrás de los ensayos podría aparecer la creciente cooperación militar con Rusia.
El primer episodio ocurrió el 6 de agosto, cuando el Estado Mayor Conjunto de Corea del Sur detectó el lanzamiento de un misil balístico de corto alcance desde Wonsan hacia el mar situado al este de la península. Fue el primer lanzamiento balístico norcoreano en más de 40 días y, como informó entonces Escenario Mundial, se produjo en vísperas de las maniobras militares Ulchi Freedom Shield entre Estados Unidos y Corea del Sur. Sin embargo, a diferencia de otras pruebas, la agencia estatal KCNA no difundió posteriormente imágenes, características técnicas ni declaraciones de Kim Jong-un sobre el ensayo.
La situación se repitió seis días más tarde. El 12 de agosto, Corea del Sur detectó otro misil lanzado desde Wonsan alrededor de las 6 de la mañana. Las autoridades surcoreanas y japonesas calcularon que voló aproximadamente 700 kilómetros, pero Seúl evitó clasificar inmediatamente el modelo y señaló que continuaría analizando sus características. El lanzamiento constituyó, según las estimaciones surcoreanas, la undécima prueba sospechada de un misil balístico realizada por Corea del Norte durante 2026. Pyongyang tampoco informó públicamente sobre ella.
Dos pruebas de misiles y ninguna exhibición pública de Corea del Norte
El silencio llama la atención porque la comunicación forma tradicionalmente parte del propio programa de pruebas norcoreano. Cuando Kim Jong-un supervisa un nuevo misil, una modificación de armamento o una prueba considerada exitosa, KCNA suele publicar al día siguiente fotografías, datos seleccionados sobre la prueba y mensajes destinados tanto a la población norcoreana como a Estados Unidos, Corea del Sur y Japón.
El contraste con junio es evidente. La última prueba de armas reconocida ampliamente por los medios estatales antes de los episodios de agosto incluyó un sistema de lanzamiento múltiple de cohetes de 240 mm mejorado, misiles balísticos tácticos y un obús autopropulsado de 155 mm. En aquella oportunidad Pyongyang difundió imágenes y detalles de los ensayos. Ahora lanzó dos veces desde una de sus principales áreas de pruebas y optó por no exhibir ninguno de los sistemas.
Una de las posibilidades es que las pruebas simplemente no hayan producido resultados que Pyongyang considere útiles para su propaganda. Hong Min, investigador del Korea Institute for National Unification, señaló después del primer lanzamiento que el ensayo del 6 de agosto podría no haber alcanzado completamente su objetivo. En cambio, el segundo proyectil recorrió unos 700 kilómetros y su trayectoria abrió otras hipótesis sobre el sistema utilizado.
Especialistas consultados por Reuters consideran también que Corea del Norte podría estar perfeccionando armas que ya posee, en lugar de presentar un sistema completamente nuevo. En ese escenario, revelar fotografías y características técnicas tendría un valor propagandístico menor y, al mismo tiempo, expondría información sobre modificaciones que Pyongyang podría preferir mantener reservadas.
La cooperación con Rusia abre otra explicación para el silencio
La segunda hipótesis conecta directamente los ensayos con Rusia. Shin Jong-woo, del Korea Defense and Security Forum, planteó que las pruebas podrían corresponder a misiles balísticos de corto alcance mejorados con asistencia técnica rusa y eventualmente preparados para su despliegue o exportación. Kim Yong-hyun, profesor de la Universidad Dongguk, agregó que Pyongyang podría tener incentivos para no publicitar pruebas vinculadas con futuras transferencias militares. Ambas posibilidades corresponden a evaluaciones de especialistas y no han sido confirmadas por los gobiernos ruso o norcoreano.
El interrogante aparece precisamente cuando el intercambio militar entre ambos países alcanza una nueva profundidad. Escenario Mundial analizó en julio cómo la experiencia obtenida por los misiles norcoreanos utilizados en Ucrania estaría retroalimentando su desarrollo. Evaluaciones occidentales sostienen que el empleo de sistemas de la familia KN-23/Hwasong-11 permitió a Corea del Norte obtener información real sobre precisión, navegación, confiabilidad y capacidad para enfrentar defensas antimisiles.
La conexión con el frente ucraniano volvió a hacerse visible esta misma semana. Rusia utilizó nuevamente misiles balísticos norcoreanos KN-23 durante ataques contra Ucrania, combinándolos con Iskander-M, misiles Zircon y más de un centenar de drones. Kiev sostiene además que una unidad misilística norcoreana se está desplegando en Rusia y podría operar hasta 120 misiles balísticos y seis lanzadores, aunque esos datos proceden de la inteligencia militar ucraniana.
Pyongyang calla sobre sus misiles mientras aumenta sus amenazas contra Japón
El otro elemento llamativo es que Corea del Norte no redujo su actividad propagandística en general. Mientras guarda silencio sobre los dos lanzamientos, KCNA publicó más de una docena de mensajes desde comienzos de julio criticando la expansión militar japonesa, la adquisición de misiles Tomahawk estadounidenses, el aumento del presupuesto de defensa de Tokio y la cooperación militar entre Japón, Corea del Sur y Estados Unidos.
Escenario Mundial informó esta semana que Corea del Norte calificó al nuevo Libro Blanco de Defensa japonés como una hoja de ruta para construir una “máquina de guerra”. Pyongyang también acusa a Washington, Seúl y Tokio de estar configurando una alianza militar con una creciente dimensión nuclear.
El silencio sobre las pruebas, por lo tanto, difícilmente pueda atribuirse simplemente a un abandono de la propaganda militar. Corea del Norte continúa lanzando misiles y elevando sus advertencias contra sus adversarios, pero por primera vez en esta secuencia reciente está separando ambas cosas. Si detrás de esa decisión existen resultados insatisfactorios, mejoras que Pyongyang pretende ocultar o sistemas conectados con la cooperación militar con Rusia todavía no puede determinarse. Precisamente esa ausencia de información convierte a los dos lanzamientos de agosto en algo poco habitual para un régimen que durante años hizo de cada nueva arma una parte central de su demostración pública de poder.
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