El argentino Rafael Grossi quedó tercero en la primera votación informal del Consejo de Seguridad para elegir al próximo secretario general de Naciones Unidas, detrás de la costarricense Rebeca Grynspan y la guyanesa Carolyn Rodrigues-Birkett. El actual director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) obtuvo siete votos de respaldo, dos votos de desaliento y seis abstenciones o posiciones neutrales, en una carrera que tendrá una nueva ronda el próximo 21 de agosto y que más adelante entrará en su etapa decisiva: aquella en la que Estados Unidos, China, Rusia, Reino Unido y Francia podrán hacer valer directamente su poder de veto.

El primer “straw poll” mostró a Grynspan al frente con diez votos de “encourage”, seguida por Rodrigues-Birkett con nueve y Grossi con siete. Sin embargo, ninguno de esos resultados permite todavía conocer la verdadera posición de las grandes potencias. En las primeras rondas todos los integrantes del Consejo utilizan la misma papeleta, por lo que resulta imposible saber si alguno de los votos negativos contra un candidato provino de uno de los cinco miembros permanentes. Grossi recibió dos votos de “discourage”, pero por ahora no existe información pública que permita determinar su origen.
Ese detalle transforma la carrera por la Secretaría General en algo mucho más complejo que una competencia por sumar apoyos. En las fases posteriores, Estados Unidos, China, Rusia, Reino Unido y Francia utilizan papeletas diferenciadas, lo que permite identificar si un candidato enfrenta la oposición de alguna potencia con capacidad de bloquearlo. Para ser recomendado a la Asamblea General, el ganador deberá reunir al menos nueve votos dentro del Consejo de Seguridad y, fundamentalmente, evitar el veto de cualquiera de los cinco miembros permanentes.
Argentina había presentado formalmente la candidatura de Grossi a finales de 2025 y desde entonces convirtió su postulación en una de sus principales apuestas diplomáticas multilaterales. Como informó previamente Escenario Mundial, Buenos Aires busca aprovechar tanto la trayectoria del diplomático dentro del sistema de Naciones Unidas como su exposición frente a algunas de las crisis internacionales más sensibles de los últimos años. La ONU mantiene oficialmente registrada su candidatura argentina desde noviembre de 2025.
Su principal carta de presentación es precisamente el cargo que ocupa actualmente. Grossi dirige desde 2019 el organismo encargado de supervisar buena parte de la arquitectura nuclear internacional y tuvo que mantener canales abiertos con gobiernos enfrentados entre sí, desde Rusia y Ucrania hasta Estados Unidos e Irán. Durante su campaña, Grossi volvió a quedar en el centro de la crisis nuclear iraní al advertir sobre las capacidades acumuladas por Teherán, una exposición que le permitió presentarse como un funcionario acostumbrado a negociar directamente en escenarios donde los intereses de las principales potencias chocan.

Pero esa misma trayectoria convierte ahora su candidatura en un ejercicio de equilibrio diplomático. Un eventual secretario general debe resultar aceptable simultáneamente para Washington y Beijing, pero también para Moscú, Londres y París, cuyos intereses divergen en cuestiones que van desde Ucrania e Irán hasta Medio Oriente, la reforma de Naciones Unidas y la relación entre las potencias occidentales y el denominado Sur Global. Grossi deberá, por lo tanto, transformar su experiencia tratando con esos actores en una combinación de apoyos suficiente para que ninguno decida bloquear su llegada al cargo.
La diplomacia argentina ya comenzó a trabajar sobre ese tablero más amplio. En junio, Argentina pidió formalmente a Marruecos respaldo para la candidatura de Grossi, parte de una campaña que busca sumar apoyos más allá de América Latina antes de las rondas decisivas del Consejo de Seguridad. Al mismo tiempo, la competencia regional sigue abierta: además de Grynspan y Rodrigues-Birkett, participan la expresidenta chilena Michelle Bachelet, la ecuatoriana María Fernanda Espinosa, el senegalés Macky Sall y el ugandés Olara Otunnu.
El próximo punto de referencia llegará el 21 de agosto, cuando el Consejo de Seguridad prevé realizar su segundo sondeo informal. Por ahora no está previsto que esa ronda utilice las papeletas diferenciadas de los cinco miembros permanentes, señal de que todavía no existe un consenso suficiente alrededor de un candidato. Las votaciones podrían extenderse hasta septiembre u octubre. Para Grossi, el tercer lugar obtenido en la primera ronda lo mantiene dentro del grupo con mayores niveles de respaldo, pero la verdadera prueba llegará cuando la carrera deje de medirse solamente en cantidad de votos y empiece a revelar qué candidato resulta aceptable para las cinco potencias capaces de decidir quién puede —y quién no— conducir Naciones Unidas.
Te puede interesar: Argentina impulsa a Rafael Grossi, que busca liderar Naciones Unidas con una agenda de reformas












